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Las tres carreras de Genovés II

Lunes.13 de marzo de 2017 52 visitas Sin comentarios
Semblanza del gran pilotari. #TITRE

Toni Calero | VALENCIA.

1 noviembre 2015

En la entrada principal de la Facultad de Medicina, una estudiante con un cuchillo de pega en la cabeza y manchas de sangre extendidas por una sábana que usa como vestido asalta a los jóvenes que encuentra a su paso. «¿Tienes plan para esta noche? Hay fiesta de Halloween, no vas a encontrar nada mejor», recita como una letanía. Apenas cincuenta metros separan esa escena de la que protagoniza Genovés II. Cojo por una grave lesión que le ha hecho pasar noches en vela a causa del dolor, y recostado sobre un pequeño muro aguarda al mediodía para empezar la clase de Biología Molecular. Dos mundos. Uno, el de la iniciación, con todo lo que eso conlleva, a la vida universitaria. Otro, el de un profesional de la pilota de 33 años que se confiesa alucinado por la «inteligencia» de sus compañeros de clase justo cuando afronta su tercera carrera. La más difícil. Un reto. Medicina.

El origen del desafío, el más inmediato, salta hasta el 15 de septiembre. Un martes cualquiera, en el trinquet de Onda, José Cabanes se resbaló mientras rotaba y el peroné se rompió por tres sitios. «El pie se quedó colgando», añade. De ahí hasta el 9 d’Octubre, Genovés II pasó un calvario. Gastaldi reparó el daño y en la puerta, Paco Cabanes vio en su hijo la convicción necesaria para no venirse abajo. «Me quedé de piedra», reconoce Genovés. «Recuerdo que salí de Gastaldi y dije: ahora me voy a clase. Voy a ser médico. Voy a intentar serlo. Es muy complicado que acabe porque la pilota es lo primero, pero sacaré algo positivo», rememora José.

En realidad, su apuesta de iniciar una licenciatura de seis años (acabaría con 39, más el MIR) llegó mucho antes. En el carácter habita el germen para derribar obstáculos. «Sóc molt cabut», repite incesantemente. Como su padre. Los médicos le prohibieron jugar a pilota. Una lesión en el codo a los 3 años. «Un hándicap tremendo» que ha arrastrado toda su vida. Pero los facultativos no sabían demasiado de la infancia de Genovés II. En el trinquet de su pueblo, de menos de 3.000 habitantes, José aprovechaba los breves descansos entre partidas para coger la escoba, barrer el polvo y ponerse a jugar. Treinta minutos a lo sumo. El tío Miguelet se lo permitía a cambio de que adecentara mínimamente el suelo. «Y eso que era alérgico al polvo», dice riendo. «La pilota te entra hasta la médula», sentencia. Y por ello se dejó los estudios a pocos meses de la Selectividad. El dinero, la juventud, «el trellat». Una sensación de que la vida era otra cosa. Ver a los pilotaris retirados persiguiendo un futuro que no aparecía transformó a Genovés II. Y a los 23 años, ya como figura, volvió a probar con los libros.

Un tiempo de baja le permitió superar la prueba de acceso y marcó sus preferencia. Primero, Fisioterapia, luego Medicina y, por último, Empresariales. Un error administrativo al no detectar que se trataba de un deportista de élite le envió directamente a Empresariales. Una lata. Nada. Genovés II no le cogió el gusto a la carrera y, después de tres años, la dejó. Pasaron seis hasta su próximo intento. «A los 29 dije: ’ahora, Fisioterapia’». Y le encantó. Fue curso por año, «las mejores notas de mi vida», destaca.

«A ellos les debo la vida»

Fue el camino más directo que encontró para ligar estudios y la pilota. El círculo se cerraba. La Fisioterapia le atrapó. Llevaba años haciéndolo, pero Genovés II no lo entendió así hasta escudriñarla por completo. «Juego a pilota gracias a mi preparador y a mi ’fisio’. Mi trabajo de final de grado lo hice sobre valoración de pilotaris y tuve muy buena calificación. Era el primer estudio que se hacía sobre pilota y mi profesor incluso me planteó que lo publicáramos», relata. La lesión le ha servido como banco de pruebas. «Estoy haciendo muchos experimentos en mí». Ha empezado la rehabilitación a los 12 días de romperse. Y la primera revisión le da la razón. Genovés II declinó la escayola para calzar una bota que le permite tratarse en casa.

Por las manos de José han pasado ya algunos pilotaris. Defiende la ayuda a la causa desde cualquier rincón. Él, de momento, escoge la Fisioterapia. «¿Cuántas profesiones hay alrededor del fútbol? Pues eso le hace falta a la pilota. Preparación, marketing, medicina... Tenemos que ser abiertos porque la pilota debe ser un espectáculo, que puedas ir con la pareja y los niños al trinquet y disfruten», sostiene. Su discurso es el de un veterano con mucho peso dentro de la pilota. «Es el momento», reitera. «Por lo que sea, la gente que ha entrado ahora en el gobierno tiene un poco más de comunicación, más sensibilidad... Es gente que yo he visto en el trinquet, no para hacerse la foto. Creen en ella. Ahora es el momento», reclama. Y lo imprescindible de hacer autocrítica. De eso también hay: «Hay un auténtico lío de puertas hacia dentro en la pilota. Desde fuera es difícil de entender, pero hace falta un cambio de sistema. Y todos son necesarios: Federación, empresa, jugadores, instituciones, todos los que puedan aportar algo a la pilota».

Minutos antes de arrancar la clase de Biología Molecular, José repasa el móvil. Su padre le acaba de dejar en Blasco Ibáñez para marcharse directamente a Pelayo, donde acudía a la presentación de la final del Individual. Toca estar atentos al sorteo. Pelayo. Genovés. Palabras mayores para la pilota. También para el hijo de Paco, un apelativo cargado de dureza y responsabilidad. Un orgullo, sí. Pero también una losa. «El día después de mi debut, estábamos viendo la televisión y en los sumarios dijeron: ’debuta el hijo del mito’. Y yo no quería ser el hijo del mito, soy pilotari porque me parece lo más grande del mundo. Con 20 años estaba jugando contra Álvaro y molestaba un poco porque empezaba a ganar títulos. Si lo miras desde fuera, es muy injusto. Me siento muy orgulloso de mi padre, pero es complicado», admite. María Luisa, mujer y madre de dos pilotaris históricos, se encargó cerrar heridas a un ritmo vertiginoso. «Es clave, el pilar de mi casa con diferencia», dice José.

María Luisa habla de su hijo con devoción. Continuamente. Un entusiasmo similar al de Genovés II refiriéndose a «la Catedral». No repasa partidas históricas. Para José, Pelayo sabe al ruido de las mascletàs cuando la final del Bancaixa se alargan. «Ese ambiente es... mágico. No me cabía en la cabeza que pudiera desaparecer. Cada vez que hablaba con mis compañeros sabíamos que iba a ser complicada la negociación, pero José Luis López estaba convencido de cogerlo. Y estamos convencidos de que a medio plazo el gobierno hará algo para hacerlo público. Pelayo tiene que ser un estandarte a todos los niveles», asegura.

Es la hora. Genovés II agarra con fuerza las muletas para subir los peldaños hasta la entrada de la facultad. «A veces pienso que me hablan en chino», admite sonriendo sobre la asignatura que más le está costando. «Estudiar Medicina era un reto y mientras disfrute, seguiré», asegura. Es un complemento a su carrera como pilotari: «No permitiré que una lesión o accidente me retire y aún no sé cuándo lo haré. No pongo fecha. Quiero volver y competir con los mejores. Y el día que la gente no me quiera ver, me iré».

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