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La insostenibilidad ambiental del modelo urbanístico

Lunes.23 de enero de 2006 4694 visitas Sin comentarios
Miguel Angel Esteve Selma (*), #TITRE

La Región de Murcia vive un momento crucial. Los datos son claros: según el Observatorio de la Sostenibilidad en España somos el territorio nacional donde más han crecido las superficies urbanizadas en el periodo 1990-2000, con un 53%. En la actualidad este proceso de artificialización y crecimiento urbano prosigue con más fuerza con unas ochocientas mil viviendas comprometidas en los planeamientos o convenios urbanísticos. Esto supone un nuevo crecimiento esperable de más de un 150% en el número de edificaciones y viviendas, en un horizonte de diez o quince años. Las directrices de ordenación del litoral vigentes dejan 85.000 hectáreas aptas para urbanizar, que a una edificabilidad de 0.14 m2/m2 (considerada por algunos como excesivamente baja), pueden suponer más de 1.100.000 nuevas viviendas. Por supuesto el consumo de cemento se ha triplicado en los últimos quince años. Las previsiones de crecimiento en la población oscilan entre la duplicación (añadir 1.000.000 más de habitantes) y la triplicación (añadir dos millones). Son tasas de crecimiento de tal magnitud que hacen imposible cualquier opción de adaptación armónica. Con estos datos, ¿qué podemos decir sobre la sostenibilidad de nuestro desarrollo? Esta es una pregunta que mis alumnos me hacen a menudo, ya que soy el profesor de Política Ambiental y Desarrollo Sostenible en la titulación de Ciencias Ambientales de la Universidad de Murcia.

La sostenibilidad del crecimiento tiene varios componentes que deben cumplirse simultáneamente: el ambiental, el social, el económico y el institucional. Centrémonos en el primero. La clave ambiental señala que hay que aumentar la actividad económica disminuyendo el uso y la explotación de los recursos naturales. En el caso murciano la respuesta es inequívoca: el crecimiento económico por el cual se apuesta, al basarse en el sobreconsumo del territorio, un recurso que es limitado, supondrá un grave impacto en una parte sustancial de los recursos naturales y la biodiversidad murciana. Veamos algunos ejemplos:

I) El consumo de agua, algo obvio. Este consumo es dependiente del tipo de urbanizaciones por las que se opte y corresponde al modelo difuso de baja densidad con campos de golf, el máximo de este gasto por vivienda. Es el límite al crecimiento más evidente para la ciudadanía, sobre todo si no se quiere recurrir a los costes de oportunidad con respecto al sector agrícola, es decir desarrollar urbanizaciones a costa de disminuir la agricultura.

II) El paisaje. La banalización del paisaje es problema grave y no sólo por la masificación urbana y la arquitectura trivial. No nos engañemos, los campos de golf, por ejemplo, son para el paisaje lo que para la alimentación es el azúcar, estamos preadaptados a que nos guste, pero el abuso es sinónimo de enfermedad grave y una muestra de cierta incultura.

III) La biodiversidad. La profusión de espacios urbanizados lleva consigo tres procesos degradativos: una pérdida de la biodiversidad al urbanizar terrenos ricos en la misma (espacios protegidos desclasificados por el gobierno regional: mas de 15.000 hectáreas, algo insólito en toda Europa) o terrenos importantes en su ciclo vital (zonas de alimentación o cría situadas en las periferias de los espacios). Otro proceso degradativo es el aislamiento de los espacios protegidos, producido por las autovías y, especialmente, las urbanizaciones que bordean el perímetro de los principales espacios naturales como Carrascoy o Sierra Espuña. Y un tercer proceso vendrá del aumento de riesgos ambientales, principalmente incendios forestales por una mayor irrupción humana y más tendidos eléctricos. También habrá una degradación de base por impactos de difusión (vertidos, ruidos y contaminación lumínica, etc.). El Mar Menor será el primer espacio que se saturará y degradará globalmente, una laguna litoral que constituye uno de los bienes ecológicos más importantes que tenemos los murcianos y que nos empeñamos estúpidamente en malgastar.

IV) El cambio climático. El transporte y el consumo doméstico suponen más del 50% de la producción de gases invernadero. La hiperactividad económica y el modelo de urbanización masiva y dispersa llevan asociados unas exigencias en gasto energético en transporte y producción de insumos que dificultará gravemente el cumplimiento de nuestra parte alícuota en los compromisos de Kyoto. Los murcianos seremos más corresponsables del cambio climático global. Nuestra huella ecológica se disparará.

Europa tiene su carta de Ordenación del Territorio, en la que se habla de democracia, globalidad, funcionalidad y prospectiva, todo de lo que adolece nuestro modelo. Por mucho que busquemos en esa carta no encontraremos que lo relevante sea quién está detrás de los proyectos urbanísticos, como ocurre aquí. Los poderes públicos murcianos han transformado la Carta Europea de la Ordenación del Territorio en una Ordenación del Territorio a la Carta, con convenios urbanísticos con nombres y apellidos. La plutocracia murciana, la confusión entre el poder político y el económico, está servida, como ya se ha denunciado desde muchas esferas y en otras materias. Precisamos de una mayor racionalidad ambiental para lo que hemos de reducir la oferta de urbanizables en un orden de magnitud (crecer sí pero menos y mas sosteniblemente), abandonar la estrategia de debilitamiento de la conservación de la naturaleza auspiciada por la administración regional, mejorar la financiación munic!
ipal desde los presupuestos del Estado, aprobar una nueva legislación básica sobre el suelo, cambiar el tratamiento fiscal de las segundas residencias y de los terrenos protegidos y realizar una apuesta decidida por la persecución penal de todos los actores de la corrupción urbanística. La Murcia en la que hemos crecido nos la están matando con ladrillos chapados en algo de oro y mucha purpurina; con ella todos moriremos un poco, como le ocurrirá a nuestra calidad de vida. Yo, como tantos otros, no me resigno: los paisajes murcianos no son un solar. Murcia no se vende.

(*)Miguel Ángel Esteve es profesor de Ecología de la Universidad de Murcia.

(Artículo aparecido en el diario "La Verdad" de Murcia)