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Hasta que el cuerpo aguante

Sábado.24 de octubre de 2015 421 visitas Sin comentarios
2ª entrega del libro de Pablo San José: "El opio del pueblo: Crítica al modelo de ocio y fiesta en nuestra sociedad". #TITRE

Hasta que el cuerpo aguante
seguiré viviendo tal como soy

Mago de Oz

Era un jueves por la tarde. Teníamos la reunión mensual de la cooperativa. La reunión se había cambiado de hora, con las consiguientes molestias, a petición de uno de los integrantes más jovenes. Sin embargo, éste telefoneó breves instantes antes de que diera comienzo, y disculpó su asistencia. Al término de la asamblea, caminando de vuelta a casa junto a otros dos miembros jóvenes del grupo, éstos me animaron a acompañarles a un local de ocio nocturno en el que se estaba realizando una Jam Session, que, según dice la Wikipedia, es "un encuentro informal de improvisación musical". Había bastante gente en el bar, y entre ella estaba, ¡oh sorpresa!, quien se había disculpado por no poder acudir a nuestra reunión. Por cierto que estaba perfectamente vestido y arreglado, y evidentemente dispuesto para una noche de fiesta. Fue en este momento, y por este detalle de mínima significación, cuando me vino una especie de inspiración, y se me ocurrió que estaría bien pararse a pensar en la relación entre modelo de fiesta, modelo de persona y modelo de sociedad. Sobre todo aplicándolo a los individuos y grupos que se supone que queremos transformar el mundo en que vivimos. Especialmente para este tipo de gente, entre la que me incluyo, redacto este escrito.

Era un domingo por la mañana. A las once. Asamblea y convivencia mensual de los distintos subgrupos del colectivo político asambleario. Compartimos la comida, y por la tarde una tertulia con gentes que están en otros proyectos. Mejor vamos a poner que hablo de varios domingos (o sábados), y así enlazo más hechos: Quienes en lugar de estar a las once, llegan a las once y media. Además llegan sin prisas, con ganas de saludarse y con escaso chip de tomar iniciativas y de sumergirse en el ritmo de una reunión. Quien se levantó tarde y aparece a las doce, a la una... Quien no aparece porque se le ha olvidado, porque se ha despertado demasiado tarde, porque se ha despertado con dolor de cabeza (chicos, al final no pude ir a la asamblea, pero es que anoche se me hizo muy tarde y esta mañana cuando me he despertado no era persona...). Quien sí está a su hora, empujado por la responsabilidad, y el qué dirán en algún caso, pero con unas ojeras evidentes, la voz pastosa y las neuronas a medio gas, siendo generosos. Quien salió de casa con la hora pegada al culo y no le dio tiempo a traerse comida, por lo que le toca ausentarse de la convivencia para ir a comprarla en algún bar. Al término de la asamblea: fecha y horario de la próxima. ¿Qué os parece si en vez de a las once quedamos a las diez, y así aprovechamos bien la mañana y podemos hablar sin prisas de todos los temas? No, es demasiado temprano para un domingo...

¿Qué tienen en común todos estos hechos, obviamente negativos para el colectivo y su asamblea? La fiesta de la noche anterior.

Una asamblea entre semana de un grupo político cualquiera. Faltan uno o dos de los integrantes más jóvenes. Es que tienen exámenes. Están a uno, dos, tres días o una semana de la prueba y todo tiempo es poco para estudiar. Sin embargo el pasado fin de semana (y al otro, y al otro) se les vio en los lugares habituales de la fiesta nocturna. Ni son todos los que están, ni están todos los que son, porque también se dan jovenes sumamente estudiosos y preocupados por su porvenir, que ni de fiesta salen cuando hay exámenes. También los hay comprometidos con su organización política o social, que no disminuyen su participación por causa de los estudios. Pero lo mayoritario es lo que digo; que la reunión se abandone mientras que la fiesta no.

Todos estos hechos apuntan a la conclusión de que el salir de fiesta cada fin de semana no solo es de gran importancia para la juventud, sino que se convierte en una prioridad capaz de desplazar un buen número de cosas importantes. No son ni uno ni dos los jóvenes llenos de energía e ilusión que terminan abandonando diversas causas para subsumirse en un tipo de vida individualista presidida por el ocio. Tras un par de décadas de activismo político y social, tristemente lo he podido constatar con mis propios ojos en no pocas ocasiones.

Y no es que yo esté en contra de la fiesta y la diversión. No hay incompatibilidad, me parece, entre el compromiso, la implicación y la responsabilidad por una parte, y el divertirse en compañía por la otra. El problema está en determinar cual es el lugar, el momento y el peso específico que ha de tener cada una de esas circunstancias. Otro problema será dilucidar si el tipo y modelo de fiesta que nos propone el actual Sistema es enriquecedor o empobrecedor, para nosotros mismos y para la propia sociedad.


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