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Günther Anders: "La única salida es la violencia"

Domingo.25 de septiembre de 2005 8446 visitas - 5 comentario(s)
Correo Tortuga - Bleda #TITRE

Günther Anders, "el filósofo de la barbarie"

El fin del pacifismo

¿Violencia, sí o no? (Una discusión necesaria) se
titula un pequeño compendio del filosofo alemán
Günther Anders que ha convocado a una polémica
filosofico-cultural inesperada en una intelectualidad
centro-europea resignada que recuerda el 68 como algo
que no podrá volver, que no quiere mirar hacia atrás a
la violencia desesperada de los años 70 de la
Baader-Meinhof, que se ha cansado de hacer toda clase
de acciones pacifistas contra el Estado Atómico y
contra la sociedad antiecológica del consumo y el
despilfarro. ¿Y por qué esa polémica ahora? Porque
Günther Anders, el pensador pacifista por excelencia,
el moralista, ha escrito a los 85 años, con sus dedos
que apenas puede mover por la artritis: "La única
salida es la violencia".

Nacido en 1902, fue soldado en la Primera Guerra
Mundial a los 16 años; alumno de Husserl y Heidegger,
ya en 1928 es uno de los más audaces denunciadores del
hitlerismo como producto del capitalismo alemán, y en
1933 debe marchar al exilio con su mujer, la filósofa
Hannah Arendt (la autora de La banalidad del mal,
Poder y violencia, Eichman en Jerusalén). En Estados
Unidos trabajará como obrero en fábricas y allí
experimentará el significado de la dependencia del
hombre a la técnica. En 1950 regresa a Alemania donde
seis años después publicará su obra fundamental: Lo
anticuado del ser humano. Visita Auschwitz y dirá: "Si
se me pregunta en qué día me avergoncé absolutamente,
responderé: en esta tarde de verano cuando en
Auschwitz estuve ante los montones de anteojos, de
zapatos, de dentaduras postizas, de manojos de
cabellos humanos, de maletas sin dueño. Porque allí
tendrían que haber estado también mis anteojos, mis
dientes, mis zapatos, mi maleta. Y me sentí -ya que no
había sido un preso en Auschwitz porque me había
salvado por casualidad- sí, me sentí un desertor".

En el idioma alemán hay una palabra común para poder y
violencia: Gewalt. Y Günther Anders estudia sin pausa
cómo la técnica va ganando cada vez más poder
(violencia) sobre el ser humano. Después de Auschwitz,
Anders visitará Hiroshima. Para él, después de
Auschwitz, el paso esperado de la ecuación
poder-violencia. Escribe al piloto del avión que
arrojó la bomba atómica, Claude Eatherly, internado en
un hospital de veteranos, un paria pero también una
víctima. La correspondencia entre el filósofo alemán,
el pacifista, y el aviador norteamericano fue
publicada. Un documento del miedo, de la
irracionalidad, de la desesperación. A raíz de ese
breve tomo, Günther Anders es calificado de "persona
no grata" en los Estados Unidos. Se lo califica de
"comunista".

El poder-violencia de Auschwitz y Hiroshima no se
detendrá allí para el filósofo Anders. La tercera
etapa estará dada por el sistema de la sociedad de
consumo que no sólo envenena el medio ambiente, los
ríos, el mar, los bosques sino que divide al mundo en
países en la opulencia y países en la miseria. Una
sociedad de consumo que aplica la energía atómica para
más autos, más armas, más cemento, más turismo, más
idiotización con productos superfluos, pero al mismo
tiempo más poder, mientras más violencia, más hambre,
más subdesarrollo, más dependencia en los países no
industriales. Y el mundo del "socialismo real" ante el
temor de quedarse en definitivo atraso tecnológico - y
además por su idolatría por la técnica- entregó
también su alma al diablo del Estado atómico. Para
Anders, las estaciones hacia el fin de la humanidad
comenzadas con Auschwitz (la destrucción sistemática y
anónima del ser humano), con Hiroshima (cuando el ser
humano se apercibió de que sólo bastaba apretar un
botón) se completa con Chernobyl (nombre
representativo para Harrisburg, y todas las demás
catástrofes ecológicas habidas en la última década)
donde el hombre pierde el dominio sobre el
poder-violencia y se auto-mata en un holocausto de
irracionalidad, obstinada estupidez y avaricia.

Manfred Bissinger, biógrafo e interprete de Günther
Anders señala: "Los temas de Anders giran
constantemente en torno al problema de cómo la técnica
gana cada vez más poder-violencia sobre el ser humano.
Nos lo explica en sus tres tesis fundamentales, que
son: que el hombre no está a la altura de la
perfección de sus productos; que produce más de lo que
puede imaginarse y responsabilizarse, y que cree que
todo lo que es capaz de producir puede hacerlo y no
sólo eso, debe hacerlo".

En los años sesenta y setenta Günther Anders junto con
Heinrich Böll, el obispo Scharf, el teólogo
Gollwitzer, el filósofo Ernst Bloch y otros
encabezaron el gran movimiento pacifista alemán contra
el estacionamiento de los cohetes atómicos
norteamericanos en territorio germano. Ellos
estuvieron también en las grandes acciones pacíficas
contra las centrales atómicas. Veinte años de labor no
sólo teórica sino acompañando esa teoría con la acción
pacífica. En 1983 Günther Anders recibió el premio
Theodor Adorno, el más alto galardón de la filosofía
alemana. Fue en Francfort, en la iglesia de San Pablo,
símbolo de la Revolución de 1848. Le tocó en suerte al
burgomaestre de esa ciudad, un demócrata cristiano,
Walter Wallmann, precisamente enemigo a muerte de las
ideas del filósofo, entregarle ese premio. El político
dijo: "Honramos aquí al filosofo Günther Anders porque
él nos contradice, nos advierte constantemente, nos
sacude". Anders le respondió: "Soy sólo un conservador
ontológico, en principio, que trata de que el mundo se
conserve para poder modificarlo".

Hoy, a los 85 años escribe un nuevo libro, sobre el
tema de siempre: el monopolio del poder (violencia),
la no-violencia (no-poder) y las formas de combatir la
violencia (poder).Su libro lleva el título exacto,
igual que su estilo despojado de todo ritual o adorno:
Estado de sitio o legítima defensa. En ese título está
todo el gran debate: poder del Estado contra el
derecho natural del individuo a defenderse. Violencia
del Estado contra violencia individual. "Estado de
emergencia en defensa de las instituciones" y frente a
eso: "derecho del individuo a revelarse". Democracia
de mayorías y democracia de base.

Ante una pregunta, Anders solicita ser sólo "un
filósofo de la barbarie". La barbarie del mundo
actual: Auschwitz, Hiroshima, Chernobyl. Su frase:
Hiroshima está en todos lados", de los años cincuenta
se ha convertido en "Chernobyl está en todos lados".
¿Cómo impedir la muerte del planeta? Para él -que
ensayó todas las armas de la resistencia no violenta-
queda una sola arma: la violencia. Anders reniega de
su maestro Ernst Bloch y de su Principito Esperanza.
No queda tiempo para la esperanza. Esperanza es un
pretexto para la no acción, es una forma de cobardía.

Es incomprensible -para él- la incomprensión de los
políticos. "La incomprensión misma de los hombres
inteligentes y esclarecidos. El mundo no está
amenazado por seres que quieren matar sino por
aquellos que a pesar de conocer los riesgos sólo
piensan técnica, económica y comercialmente. Ante eso,
todas las legislaciones del mundo -hasta el derecho
canónico- no sólo permiten el empleo de la violencia
en defensa propia sino que hasta lo recomiendan. Hemos
visto que con entregar rosas y nomeolvides a las
policías -que no podían recibirlas porque tenían el
garrote en la mano- ni con listas de firmas ni
solicitadas, ni con interminables marchas, ni con
canciones, ni con teatros, no alcanzamos nada. No sólo
es anodino sino hasta estúpido, por ejemplo, hacer
huelgas de hambre para lograr la paz atómica. Con las
huelgas de hambre se logra precisamente sólo eso:
tener hambre. A Reagan y a su "lobby" atómico no le
interesa si nosotros comemos un sándwich de jamón más
o menos. No son acciones serias, sólo son
"happenings". No son acciones, son apariencias. Una
cosa es aparentar y otra es ser. Los que hicimos esas
acciones creímos haber traspasado la frontera de la
mera teoría, pero éramos sólo actores, en el sentido
teatral. Hacíamos teatro por miedo a actuar
verdaderamente. Teatro y no-violencia son parientes
muy cercanos".

Palabras muy duras. ¿Desesperación u honestidad
consigo mismo? Al hacer esas declaraciones el filósofo
alemán sabía el riesgo. No sólo legal -por incitación
a la violencia- sino social e intelectual, por las
autodefensas del orden constituido. Pero Anders
profundiza el tema en su estilo directo, de diálogo
socrático: "La violencia no sólo está permitida sino
también legitimada moralmente en tanto es usada por el
poder reconocido. El poder se basa permanentemente en
la posibilidad del ejercicio de la violencia. Para
cada alemán fue sobreentendido marchar a la guerra
para coparticipar de la violencia, para ser
co-violento. Quien participó de esa violencia no hizo
otra cosa que "cumplir con su deber’. Con la orden del
poder no sólo está permitido ser violento sino mucho
más: hay que ser violento. A nosotros los que
actualmente sólo nos proponemos como meta impedir toda
violencia se nos reprocha que perseguimos el caos con
nuestra desobediencia civil, sí, a nosotros que
queremos llegar al estado ideales de la no-violencia,
a lo que Kant llamaba ’la paz eterna’. Una cosa
debemos tener en claro: nuestra meta jamás tiene que
ser la violencia. Pero que la violencia -cuando sólo
con su ayuda se puede imponer la no-violencia- llegue
a ser nuestro método, eso nadie nos lo puede negar".

Y después agregará las palabras inesperadas, que tanta
discusión han originado. Anders dijo: "De todas
maneras considero ineludible que nosotros a todos
aquellos que tienen el poder y nos (un nos millones de
veces) amenazan, los asustemos. No nos queda otro
camino que contestar a sus amenazas con amenazas y
hacer inefectivos a todos aquellos políticos que con
toda irresponsabilidad y por intereses egoístas llevan
al mundo a la muerte. Ojalá que la amenaza en sí pueda
ya de por sí asustarlos".

Günther Anders no confía más en los medios pacíficos,
no cree más en la democracia de partidos: "Después de
la gran victoria de los medios masivos de comunicación
no existe más la democracia. Lo sustancial de la
democracia es poder tener una opinión propia y al
mismo tiempo poder expresarla. Por ejemplo yo viví
catorce años en Estados Unidos y nunca pude expresar
mi opinión. Desde que existen los medios masivos y
desde que la población del mundo se halla como
exorcizada frente al televisor, se la alimenta, a
cucharadas, con opinión. La expresión "tener opinión
propia" ya no tiene sentido de realidad. Los
alimentados forzosamente no poseen ya ninguna chance
de opinión propia. No, ya ni siquiera consumen
opiniones ajenas. Se los engorda con sistema. Y los
gansos engordados a sistema no ’consumen’. La
televisión es un engorde con sistema. Si democracia es
aquello en lo cual se puede expresar la propia
opinión, entonces la democracia se ha convertido en
imposible a través de los medios masivos de
comunicación, porque cuando no se tiene algo propio
tampoco se lo puede expresar".

"El ser humano -continúa Anders- ya no puede llegar a
la mayoría de edad. Más bien es un ser-siervo porque
sólo oye y oye lo que le llega por radio y televisión
y aquí la relación permanece unilateral porque no
puede responder. Esa servidumbre es característica
para la falta de libertad que se ha construido a
través de su propia técnica y que se revierte sobre
él. Con los medios masivos se ha creado la figura del
’eremita masivo’. Porque si bien se halla solo frente
a su radio o televisor, recibe el mismo ’pienso’ (en
doble sentido) que los demás. No percibe que lo que él
consume en la soledad es el alimento de millones."

Por último, renegando de su admirado maestro Ernst
Bloch, dice Anders: "Esperanza es un sinónimo de
cobardía. ¿Qué es en sí esperanza? ¿Es la fe en que
todo puede mejorar?¿O es la voluntad de llegar a algo
mejor? Aún nadie ha realizado un análisis de la
esperanza. Ni Bloch, siquiera. No, a la esperanza hay
que impedirla. Todo aquel que espera, deja la
obligación en otra instancia. Esperanza es nada más
que la renuncia a la propia acción".

En un reportaje posterior, publicado en el diario de
los alternativos y verdes antiautoritarios alemanes,
Günther Anders responderá aún con más claridad a la
pregunta: "¿Es suficiente la protesta no violenta?"
Dirá: "No hay un método alternativo, no hay otro que
la amenaza -si queremos la sobrevivencia de nuestra
generación y queremos asegurar la existencia de las
generaciones posteriores- contra todos aquellos que
insisten en continuar con hacer peligrar la vida
humana con la producción atómica (es lo mismo si con
la guerra o con el denominado ’uso pacífico’) y siguen
rechazando todas las ofertas de detenerla; no hay otra
alternativa, decía, que comunicarles a esos hombres
con toda claridad que tanto uno como el otro deben
considerarse piezas de caza. No hay que vacilar en
eliminar a aquellos eres que por escasa fantasía o por
estupidez emocional no se detienen ante la mutilación
de la vida y la muerte de la humanidad".

¿Sabía el despierto filósofo que con ello, con ese
extremo, se podía iniciar una revisión de métodos?
¿Qué el movimiento antiatómico, antiarmamentista,
anticonsumista y ecologista comenzaría a buscar otros
medios, que debía dejar de tocar la guitarra, de
repartir flores y de firmar petitorios?

Y no se equivocaba: empezó la polémica. Empezaron las
respuestas. Algunas indignadas, otras comprensivas.
Marcadas por la rabia de la impotencia, sorprendidas
por el desafío del viejo sabio, o indignadas por su
provocación. Pero incapaces de mostrar alternativas
que no se hayan probado ya.

(La socialdemocracia alemana había terminado
drásticamente con los sueños de los años sesenta:
cuando fue gobierno se fabricaron más armas que nunca,
se llevó a la perfección su integración al
industrialismo consumista. De Brandt a Schmidt, y éste
con sus disyuntivas de hierro: energía atómica para
quedar en carrera de competencia, o desastre económico
por pérdida de mercados; venta de armas o desocupación
(venta de submarinos a la dictadura de los generales
argentinos o desocupación en los astilleros de Emden).
Por supuesto siempre el "mal menor" (en paso
irreversible hacia el mal mayor). La elección: energía
atómica y venta de armas. ¿Qué había hecho el
socialismo francés cuando gobierno?: tanto o más
explosiones atómicas en el atolón de Mururoa (eso sí,
lejos de París) y más producción de armas que nunca.
El socialismo español de Felipe González y su
modernidad: prepara todo para lograr la conexión
definitiva al mercado común europeo, a la sociedad de
consumo; las leyes sociales no deben impedir la
capacidad de competencia: España ya disputa mercados
de armas. En la oposición fueron la esperanza, las
grandes palabras. En el gobierno, los mejores alumnos
de conservadores y liberales.)

La reacción del teólogo y socialdemócrata Heinrich
Albertz (ex burgomaestre de Berlín que renunció a su
cargo cuando su policía mató al estudiante Benno
Ohnesorge) contra Günther Anders fue de una ira
incontenible: "Quien públicamente incita a la
violencia, debe estar preparado para marchar él mismo
hacia el fuego. Eso Günther Anders -a quien tomo muy
en serio- no lo va a poder hacer. Pero cargará con la
responsabilidad de que cada terrorista en el futuro va
a justificar su acción en su filosofía".

El escritor Hark Bohnm escribió así a Anders: "El
éxito de su llamado a la violencia podría reducirse a
esta ecuación: después de Kennedy vino Johnson,
después de Johnson vino Nixon".

El politólogo Jürgen Dahl comparte el pesimismo de
Anders pero no su desesperado llamado a la violencia.
¿Podemos -se pregunta- esperar algo en un sentido
terrenal y sensato? ¿Qué podemos esperar frente a una
amenaza atómica producida por reactores y cohetes, una
ineludible catástrofe climática, una muerte de las
especies de todo el planeta, una onda global de
envenenamiento que cada vez sigue proclamando que todo
será cada vez mejor si se le permite ser cada vez más
omnipotente? La sagrada ira nos acomete cuando vemos
qué poco podemos esperar porque la industria y la
política y el comercio y el egoísmo se intrincan cada
vez más profundamente en dependencias y en la presión
de las circunstancias que a su vez van produciendo
cada vez más estragos. La gran empresa Mundo, tal cual
está organizada actualmente, aguanta y tolera pequeños
cambios en los miembros pero ninguna gran modificación
en la cabeza. Sí, es cierto, que los equipos de
reparación trabajan constantemente, pero refuerzan
sólo los mecanismos de protección y no dicen que cada
mecanismo de protección sólo anuncia lo que después
ocurre. ¿Qué es lo válido entonces: diagramar una
nueva forma de organización para la gran empresa Mundo
y llevarla a cabo? Pero todo lo que puede obrar en esa
dirección nuestra actividad -medido en el todo- tiene
apenas un efecto ridículo, tan espectacular como le
pueda aparecer a los participantes directos. Tener
confianza en la actual adición de pequeñas mejoras es
mentirse a sí mismo en tanto prosigue la diaria
destrucción". (Los demócratas cristianos y liberales
siguen marchando optimistas con sus Mercedes o sus BMW
por entre bosques secos y montañas de basura siempre
creyendo que el remedio de todos los males es la
economía de libre mercado; los socialdemócratas creen
que la gran solución está en el reciclaje de los
residuos; la prédica de los verdes tiene lugar en el
desierto si se tiene en cuenta que la jungla de los
medios de comunicación los hace aparecer como miembros
de una secta fuera de toda realidad.)

"El intento de salvar al mundo por medio del reciclaje
de residuos -continúa Dahl- tiene en el mejor de los
casos un valor didáctico pero es justo la coartada que
necesitan los que producen basura, para seguir
produciéndola. Los argumentos más racionales no son
escuchados; las proposiciones más convincentes son
archivadas, los pedidos más vehementes son rechazados
y entonces, cuando por fin se desborda la rabia de la
desesperación aparece la policía y ya sólo con su
presencia da a conocer que las formas de vida que el
’poder elegido por el pueblo’ ha ordenado como
correctas al parecer sólo pueden ser defendidas e
impuestas no con argumentos sino con ayuda de palos,
camiones hidrantes y pistolas lanzagases". (Es el
mismo Poder que condena a dos meses de prisión a un
joven que tiró una piedra en una manifestación contra
Reagan, pero deja libre de toda condena a los
ejecutivos de una empresa química que con sus ácidos
residuales lanzados al Rhin ocasionó un desastre
ecológico con millones de peces muertos y otros daños
incalculables para la naturaleza y la población).

Confiesa, por último, Jürgen Dahl que él no puede dar
recetas, pero que la violencia que aconseja Anders
sólo traería el fortalecimiento de la violencia del
Estado. La única resistencia del individuo es seguir
denunciando este estado de cosas y tratar de
esclarecer y formar una opinión pública; es lo que él
llama "su pequeña esperanza". "Pero -finaliza- debo
reconocer que hasta yo he perdido ya esa pequeña
esperanza. Tal vez alguien la haya encontrado; que la
conserve y la comparta con nuevos que lleguen. Y como
no sabemos a ciencia cierta lo que va a suceder, a
pesar de que ya no tenemos ninguna esperanza, debemos
seguir haciendo algo. Por respeto a nosotros mismos".

El físico atómico profesor Robert Jung -uno de los más
decididos combatientes contra el "Estado atómico"- da
la razón a Anders e interpreta su paso a la violencia
como la necesidad de una creciente energía en el
movimiento pacifista y antiatómico. Propone como
primer paso la exigencia de un "desarme interno" de la
Alemania Federal. Es decir, que las fuerzas de
represión y del "orden" vayan desarmándose poco a
poco, al mismo tiempo que se eliminan paso a paso
todas aquellas técnicas industriales que amenazan la
vida y la libertad. "El movimiento ecologista y de la
paz -escribe- no tiene armas actualmente. Pero si la
’otra parte’ no atiende sus reclamos sino que al
contrario, como al parecer proyecta en el futuro va a
actuar con más fuerza represiva, será ella la culpable
de un aumento de la violencia que puede llegar hasta
la guerra civil."

Contra la "pequeña esperanza" de Jürgen Dahl, los
argumentos de Günther Anders son esta ironía
histórica: "En 1986, ’Año de la Paz’ de las Naciones
Unidas, fueron gastados en armamentismo 900 mil
millones de dólares. Eso significa que por minuto se
gastan 1,7 millones para armas y equipos militares y
represivos. En las fábricas de armas trabajan en todo
el mundo 100 millones de personas".

La diputada del Partido Verde, Petra Kelly -una de sus
cabezas pensantes- aceptó todos los conceptos del
filósofo Anders pero no estuvo de acuerdo con su
llamado a las acciones violentas. Ella defendió la no
violencia y la desobediencia civil como únicos métodos
reales y posibles. "No violencia no es cobardía
- sostuvo- y repito las palabras de Mahatma Ghandi:
’No-violencia es todo lo contrario de cobardía. Puedo
imaginarme un hombre armado hasta los dientes que en
el corazón es un cobarde. En la posesión de armas está
escondiendo el elemento del miedo, hasta el de
cobardía. En cambio la no-violencia es imposible
cuando no es intrépida’. Nos hace falta mucha fantasía
social -agregó Petra Kelly- nos hacen falta métodos de
acción no violentos que aún no hemos probado y nos
faltan todavía una serie de seres humanos a los cuales
tenemos que convencer."

En El fin del pacifismo, Günther Anders responde al
argumento de Petra Kelly sobre la no violencia de
Ghandi. "¿Fue la no-violencia de Ghandi sólo un
’happening’? Mucho me temo que sí -se responde- desde
el punto de vista de la historia del mundo. ¿O acaso
podemos considerar de otra manera la fotografía del
desnudo Ghandi tejiendo a mano, difundida millones de
veces, sino como un ’happening’ comparable al de los
pobres tejedores de Silesia que destruyeron los
telares? Ghandi no pudo detener la industrialización
ni siquiera tocar la miseria de castas de la India.
No, lo que él sostenía era ’tal vez podemos de alguna
manera ejercer resistencia a pesar de que no
obtendremos el poder y con él el poderío necesario
para ’obrar’. Es decir que lo importante no era para
él la no-violencia como tal (como único principio
permitido, o como único método moral, o meta moral)
sino la eventualidad muy débil de a pesar de no tener
armas poder igual ejercer resistencia. Lo fundamental,
pues, en él no es la aceptación del ’sin’ (sin armas)
sino del ’a pesar’ (a pesar de no tener armas)".

El historiador y ensayista Erich Kuby es uno de los
pocos que apoyó a Günther Anders y hasta va más allá
que él: "Cuando era niño, la guerra era vista aún como
la única acción de asesinato en masa legítima y
aprobada por la ley. Hoy no es necesaria una guerra
para lograr una acción de asesinato en masa en una
escala mucho mayor. Pero los dueños del poder no hacen
nada contra el peligro total; al contrario, hacen todo
lo posible para agrandarlo cada vez más. Siguen
construyendo nuevas plantas atómicas y no desvían los
miles de millones de dólares, que se gastan para
subvencionar la industria atómica, en el desarrollo de
soluciones alternativas. Además, continúan siendo
solidarios con una potencia mundial incontrolable que
se sigue preparando para la guerra atómica. Los
asesinos potenciales no están entre nosotros sino
sobre nosotros y sólo por la razón de que millones de
corderos los votan, divididos en social-cristianos,
liberales y socialdemócratas. Como emplean principios
democráticos como material propagandístico de juego,
no tienen nada en contra de que de vez en cuando
algunos griten: ’¡esto no nos gusta nada!". Al
contrario, eso es bueno y además no molesta para nada
a los de arriba. Pero el primer embozado que arroje
una piedra, es calificado de criminal y va al
calabozo. Cuando ocurra en Alemania el primer
Chernobyl -y sólo Chernobyl- serán algunos cientos de
miles de estos llamados ’criminales’ que se lanzarán a
la calle. El ejército comenzaría a actuar. Pero por lo
menos esta discusión se actualizaría, saldría del
medio intelectual, y se haría más popular. Claro, de
cualquier manera, de acuerdo a las circunstancias
actuales, todo aquel que guiado por su conciencia
realice actos de violencia individuales, no podrá
cambiar nada. Pero que en el futuro no se ponga su
nombre a calles, como ejemplo, de eso no estoy tan
seguro. Desgraciadamente estoy muy viejo para hacer
apuestas, pero lo haría y por la cantidad más alta,
que en el año 2050 habrá un lugar dedicado a Ulrike
Meinhof para recordarnos sus propuestas". (Ulrike
Meinhof fue la guerrillera del grupo Baader Meinhof
que participó de actos terroristas contra la ayuda de
Alemania Federal a los Estados Unidos en la guerra de
Vietnam y contra el capitalismo en general).

El físico Klaus Vack rechaza "el método de Anders de
la violencia para llegar a la meta de la no violencia"
y señala que el único método que puede llevar a ese
fin es la "escalación no-violenta de la desobediencia
civil", pero no dice cómo difundir esa desobediencia
civil ante los pueblos sin contar con los medios de
comunicación. Para llegar a la desobediencia civil en
una sociedad acostumbrada a no renunciar a nada se
necesita partir de una gran catástrofe, como una
guerra perdida o un peligro de vida o muerte.

Discípulos de Anders basaron su respuesta al maestro
en el lema: "Tanto la violencia de abajo como la
no-violencia como meta necesitan de la racionalidad".
Karl Jaspers había dicho ya en la década de los
cincuenta, todavía con la experiencia del nazismo en
sus espaldas: "¡Qué fatalidad cuando el ser humano de
buena fe renuncia a la violencia porque cree en la
no-violencia! ¡Lo único que logra es ser superado en
forma más radical por la violencia!"

En un largo análisis titulado La verdad en el error de
Günther Anders, el profesor Klaus Meyer-Abich señala
que "si bien la advertencia desesperada del filósofo,
su llamado a la violencia, no es ninguna salida para
la humanidad, sí agudiza nuestra conciencia. Su error
contiene la verdad como la piedra la escultura que el
escultor va a hacer de ella". "¿Acaso Anders ha
magnificado el peligro?" se pregunta. "Nada de eso.
Nadie puede estar seguro en un mundo donde la vida
está diariamente amenazada por las armas atómicas, las
catástrofes de los reactores, los accidentes químicos
y más que todo por el ’funcionamiento normal’ de la
economía permitida por el Estado. (Mientras en
Alemania Federal se secan los bosques por los gases de
los vehículos, este año se han batido todos los
récords de producción de automóviles). La democracia
parlamentaria se ha mostrado ineficaz en resolver el
problema. La mitad más uno de sus representantes
siempre tienen detrás de sí un poderoso lobby. Con
ella no es posible lograr un ’derecho al país, al
terruño’ que vaya por encima del derecho a la
propiedad privada". (En el pasado año murieron en el
río Elba inferior doscientas toneladas de peces -es
decir varios cientos de miles de peces- por acción de
la central atómica de ese lugar que produce energía
para la producción de artículos de consumo en su
mayoría superfluos. La ley defiende la propiedad de mi
auto por no al pez de todos. En las democracias
industriales el voto popular elige al auto. Los
parlamentos eligen al auto, al egoísmo.)

¿Debemos resignarnos a la impotencia? Klaus
Meyer-Abich ve el único camino en "desendurecer al
sistema", "desendurecer a la sociedad industria". Con
violencia sólo se logra más endurecimiento del
sistema. Sólo queda -para él- el camino de la "acción
extrapartidaria", la acción "extraparlamentaria". No
dejar todo el mando en los "representantes" sino
intentar más democracia. Creer más en la voz del
vecino que en la de los "notables". El cambio tiene
que iniciarse en los barrios y no en los parlamentos.

Es decir, Meyer-Abich vuelve al Anders de los años
sesenta. La discusión termina allí, donde había
comenzado. En el mismo lugar donde la habían
interrumpido el siglo pasado positivistas, liberales,
conservadores, anarquistas y marxistas. Claro, esta
vez con menos lugar, mucho más cerca del precipicio,
con un mundo infinitamente más chico.

El viejo filósofo no quiere volver a ensayar lo que ha
fracasado. Sabe que no va a lograr tomar ni la
Bastilla ni el Palacio de Invierno. Pero ha logrado
revivir en toda su dignidad el derecho a la rebelión,
a la sagrada violencia de los oprimidos. Tan denigrada
en los últimos años, víctima de una aplastante
propaganda del establishment. Ha llegado el momento de
desertar del rebaño sonriente y plantear a los lobos
un diálogo diferente.

¿Y qué papel juega en todo esto el Tercer Mundo? Es un
rebaño flaco y afligido que corre para poder comer las
sobras que le deja el rebaño gordo al cual nunca
alcanzará. Pese a los espejismos que pintan a veces
sanguinarios lobos uniformados y otras veces amables
perros de librea. Hasta ahora comen las sobras los que
llegan primero; los retrasados -y son cada vez más-
comen cada vez menos. Hasta que estos últimos se den
vuelta y comiencen a recorrer su propio camino.

El viejo filósofo Günther Anders se ha despedido del
sueño de llegar al socialismo antiautoritario y
ecológico a través del camino de la razón. A los 85
años ya no saldrá a poner bombas. Pero por lo menos le
ha dado un puntapié al conformismo.

Osvaldo Bayer
Berlín, agosto 1987

(Transcrito por Tota para La Haine del libro "Rebeldía
y Esperanza".)

Nota: los comentarios podrán ser eliminados según nuestros criterios de moderación.
  • > Günther Anders: "La única salida es la violencia"

    25 de septiembre de 2005 14:21, por Crates ooommm

    Un texto extraordinario, pero, si esperanza es cobardia, ¿pesimismo es impaciencia -o su sucedaneo infantil: incontinencia, rabietas, pataletas-?

    Responde este comentario

  • > Günther Anders: "La única salida es la violencia"

    26 de septiembre de 2005 13:56, por Milius

    ¿Qué cosas ha conseguido la violencia antagonista, organizada o no? Puestos a evaluar resultados, me parecen tan pobres los de la violencia como los de la no-violencia, aunque en los segundos está la diferencia fundamental, obvia, de un menor número de cadáveres.

    Responde este comentario

    • > Günther Anders: "La única salida es la violencia"

      26 de septiembre de 2005 21:32, por El tercer Crates

      No creo que sea sólo cuestión de contabilizar resultados. Los violentos pueden reprochar que si tienen los resultados que han tenido, es porque se les deja prosaicamente solos en el momento del combate -no sólo por los noviolentos; desbandadas de las ’radicales’ milicias no militarizadas durante la guerra contra Franco en España...-.

      Hay que tener cuidado también a la hora de pensar que todos andamos igual de pobres en resultados, porque siempre andamos en peligro de deslizarnos hasta ’mal de muchos...’.

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      • > Günther Anders: "La única salida es la violencia"

        26 de septiembre de 2005 22:37, por Milius persa

        De acuerdo. Pero yo incidiría -y ahí me voy a cuestiones quizá básicas y no al fondo del debate propuesto- en quién sería objeto de esa violencia...(siempre en el caso absolutamente hipotético de que se armaran una especie de milicias populares que combatieran contra el sistema opresor). Me espeluzna la capacidad de la violencia de relativizar a sus víctimas, y recuerdo ahora el caso de la revolución iraní (ya empezamos con la pedantería): en un principio los que derrocaron al sha eran un conglomerado muy variado de opositores, desde grupúsculos de la izquierda radical, pasando por un partido comunista medio controlado por la URSS, grupos guerrilleros de izquierdas de inspiración islámica y, por supuesto, los frentes islamistas puros y duros. Cuando se obtiene el poder empiezan las purgas, y ahí la espiral de la violencia deviene en un colador cada vez más fino, y a estos se les masacra por un quítame allá esas pajas y a estos otros porque miran bizqueando, siempre hay una justificación.Cuando se cogen los hierros...

        Otra observación así a lo loco...¿Quién cogería aquí las armas? ¿Los precarios hiperexplotados que andurreamos por el primer mundo?¿Realmente sería serio asesinar al presidente de la SEAT porque su fábrica contamina?Rizando el rizo¿Os imagináis purgas del tipo tu seat inca contamina más que nuestro seat león? En principio entendería más las revueltas violentas en ambientes de miseria absoluta o casi absoluta...y esas ya se producen.Plantear, como creo que plantea el texto propuesto, una revuelta violenta -contra las personas- en la Europa de los veinticinco me parece irreal. Probablemente entendería mejor una revuelta contra las cosas, en plan ludita... Y posiblemente "dolería" más.

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        • > Günther Anders: "La única salida es la violencia"

          27 de septiembre de 2005 20:57, por Crates Musaddaq

          1. El argumento de Anders no tiene que ver con la violencia defensiva –la respuesta a la violencia directa o a casos concretos- sino con la ofensiva –la destrucción de la violencia estructural-; la cuestión es decidir si podemos prescindir de la violencia al formular un programa contra las causas de la violencia planetaria. La habitual apelación a gente que lo pasa muy mal –"alli sí está justificado, porque es defensiva"- no tiene en cuenta que si "allí" están como están es a causa de lo que pasa aquí, que todos estamos en el mismo mundo; la cuestión (en términos de Anders) es: ¿hay algo que no sea violencia que podamos hacer aquí para que "allí" no estén como están? ¿Acaso no están allí como están porque aquí hemos dejado de hacer, es decir, hemos dejado de atacar las causas de lo que pasa ’allí’? ¿No estamos llevando a cabo la necesaria ofensiva porque hemos renunciado a la violencia?

          Como buen filosofo alemán que no atiende a Nietzsche, Anders no parte de los intereses particulares, sino de la responsabilidad global -¿abstracta?-. Es decir, se dirige a quién está dispuesto a asumirla (por encima de sus circunstancias concretas) y añade que asumir esta responsabilidad entraña hoy optar por la violencia.

          2. Ya que se proponen ejemplos de Persia, aquí esta cita, que al menos a mi me parece que tiene tantas capas como un grabado de Escher: “ Muchos europeos no distinguen entre los árabes y los iraníes. Desconocen nuestra cultura que tiene 400 años y siguen pensando que Irán ha sido siempre un territorio de fundamentalismo religioso donde las mujeres no cuentan. La asistenta de mi madre echó a su marido de casa, yo misma he abofeteado a algunos hombres en la calle sin que ello causara escándalo. Incluso durante los periodos más duros de la revolución islámica las mujeres iraníes llevaban armas de fuego en sus hombros”. En fin, la cita es de Marjane Satrapi, la de Persépolis, y está tomada de: http://www.masdeviajes.com/libro.cf...

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