Administración Enlaces Contacto Sobre Tortuga

Folleu, folleu, que el món s’acaba

Sábado.13 de febrero de 2016 740 visitas - 2 comentario(s)
10ª entrega del libro de Pablo San José: "El opio del pueblo: Crítica al modelo de ocio y fiesta en nuestra sociedad". #TITRE

Folleu, folleu, que el món s’acaba (1)

Junto a las drogas, el otro leiv motiv del ocio nocturno capitalista es el sexo. Salir una noche de pubs o de discotecas es un auténtico escaparate para los sentidos. Es un contínuo recibir estímulos visuales, olfativos y táctiles relacionados con lo sexual. La producción hormonal se dispara. Las expectativas e imaginarios se desbocan. Una gran parte de la comunicación se vuelve una suerte de cortejo o parada nupcial, llena de códigos y de mensajes (gestos, miradas, roces, formas de bailar...) que se emiten en todas direcciones.

En esta puesta en escena participa la gran mayoría. Así, los integrantes de la fiesta se perfumarán, vestirán y adornarán según los parámetros exigidos por las modas respectivas que quedaron explicados arriba, pero casi siempre para gustar y despertar la atracción y el deseo sexual. Algunas personas llegan a padecer una auténtica obsesión enfermiza por el hecho de resultar atractivas. De ahí la proliferación de trastornos físico-alimentarios como la bulimia, la anorexia, la vigorexia... y el negocio de los gimnasios. En tal situación, suelen ser las mujeres las que cargan con la peor parte. No en vano estamos inmersos hasta los tuétanos en los valores del patriarcado. Y les pasa en todo. Para lo que aquí estamos considerando, les ocurre tanto en el vestir como en el follar, permítaseme el término. En el vestir, porque la cultura y la moda les animan a mostrar carne: escotes, muslos, espalda, ropas apretadas..., o a caminar de forma acrobática elevando antinaturalmente los talones. Eso se considera "sexy" (2). Aunque haga un frío glacial podrá verse a no pocas féminas por la calle bien ligeras de ropa, avanzando sobre llamativos tacones. No es que sean tontas o masoquistas; es que, de alguna forma, así se les ha educado y se les exige para que quede patente su interés por la cuestión sentimental-sexual. Este tipo de cosas, entre otras, constituyen las diferencias "de género", que son siempre culturales. Naturalmente hablamos de mecanismos insconscientes. Y lo mismo pasa con la relación carnal, la cual, para tantos hombres será, cuando suceda, una especie de aquí te pillo aquí te mato y si te he visto no me acuerdo. Una muesca más para la culata de mi revólver y un motivo para presumir con los amigos. Comportamiento que -otra vez el género- no suele ser ni el habitual ni el deseado por la mayoría de las mujeres. Las cuales, además, en la relación heterosexual, corren con la mayoría de riesgos de enfermedad venérea y con todos los de embarazo no deseado. Temas bien tabú, por otra parte, y de los que no se suele hablar, ya que podrían empañar el buen rollo a salvo de peligros que debe acompañar necesariamente a todo lo festivo. Si sucede el embarazo no deseado o la enfermedad venérea, tanto en ellas como en ellos, el tema se zanjará de forma tan dramática como oculta y privada. Del buen rollo de la noche y sus laissez faire, se pasa directamente a comerse los marrones en solitario, o casi. Son los efectos colaterales de un modelo admitido de fiesta promiscua que, como pasa con otras cuestiones, tampoco en ésta destaca por promover la actuación responsable. Nótese que en esta cuestión me estoy refiriendo todo el rato a patrones mayoritarios y no a totalidades. Porque esta es otra viña del señor en la que de todo hay, y los roles a menudo se intercambian.

En nuestra sociedad industrial-capitalista la dimensión sexual está efectada por un doble fenómeno directamente inducido desde el poder. Por una parte hay una inflación de la misma, una sobrevaloración, una omnipresencia del sexo. Por la otra, y de forma aparentemente paradójica, pero en realidad complementaria, se da una banalización, una reducción de la sexualidad a sus planos más superficiales. Lo explico en más detalle.

Aunque Freud está francamente denostado por la actual ciencia psicológica, el mundo empresarial capitalista no opina lo mismo. De acuerdo con el sabio en que la sexualidad es un elemento clave de la personalidad, aquélla es ampliamente utilizada como autopista de acceso al subconsciente del individuo. ¿Con qué fin? Principalmente el de inducirle a consumir. No creo que sea necesario detallar hasta qué punto la sexualidad es empleada por la gran empresa como mecanismo subliminal en la venta de sus productos. Basta encender un rato la televisión o fijarse en los anuncios publicitarios de cualquier revista para comprobarlo. Los empresarios de la noche bien conocen esto y así, además de asegurarse de que no falte una máquina suministradora de preservativos en la antesala del baño de cualquier pub, se las arreglan para tener en sus barras camareras y camareros jóvenes, bellos, sonrientes a ser posible, y convenientemente vestidos para proclamar sus encantos. Está absolutamente demostrado que eso atrae clientes. Ni que hablar de los y las llamadas "gogós", cuya función es de puro y duro reclamo corporal.

El estímulo sexual es bombardeado, como digo, de muchas formas. En la fiesta de fin de semana en mucho mayor grado. La intención quedó dicha: que la gente consuma y que en fin de semana, de la mano del uso de sustancias embriagantes, lo haga en mayor medida. Droga, consumo y sexo, en la fiesta del Sistema, forman una tríada insuperable.

Como el aspecto sexual acaba siendo tan importante, cada cual habrá de adecuarse a los estándares reclamados. Eso supone adquirir objetos, ropa sobre todo, e invertir tiempo y dinero.

Así, teniendo en cuenta la suma de todas estas cosas, es como podemos hablar de inflación de la sexualidad. Además de los trastornos que decíamos antes, un efecto colateral es, precisamente, que a muchas personas se les desajusta la dimensión sexual, la cual pasa a adquirir un papel central y desproporcionado en sus vidas. Rebasando las fronteras de la propia intimidad, se convierte en una cuestión de estado. Es decir, en la piedra de toque para medir su capacidad relacional, su presitigio personal, su éxito social. Mucha gente, tíos sobre todo pero no únicamente, padece una auténtica compulsión por el ligar-follar. Una adicción como cualquier otra. En este caso por el consumo interminable de cuerpos del sexo deseado, los cuales suelen ser de "usar y tirar". La instrumentalización y cosificación del cuerpo ajeno se da bajo diversas fórmulas. La más común es la descrita; la de los ardores pasionales reducidos a una única o a unas pocas veladas. Pero también se dan con gran frecuencia relaciones sexuales más dilatadas en el tiempo, pactadas por ambas partes o soportadas por una, o las dos, como mal menor, caracterizadas por su falta de entusiasmo y su carácter sustitutivo, o de último recurso, cuando opciones más apetecibles no resultan. Follamigos es elocuente término, recientemente acuñado, y de gran éxito, para describir situaciones de ese tipo. Hay auténticos especialistas que comparten cama con persona diferente prácticamente todos los fines de semana. No en balde, en el argot de la fiesta, lograr finalizar la noche disfrutando sexualmente de un cuerpo ajeno se denomina "triunfar". En esa clave de competitividad se enmarca el asunto. Si tal comportamiento sucede en el seno del ámbito "alternativo", en la práctica tendrá muy pocas diferencias, aunque, como suele ser habitual en todo lo que acontece en ese mundillo, será justificado con apelaciones a la libertad, la expresión, el encuentro, la espontaneidad, la comunicación etc. Sería interesante medir la cantidad de sufrimiento propio y ajeno que provocan estos patrones de conducta y comprobar en cada caso si salen las cuentas con respecto a la satisfacción y el placer obtenido. Por otra parte, también hay adictos fracasados o que simplemente son menos exitosos, que acaban, si son solventes, recurriendo a la prostitución como clientes esporádicos. Pronto, y según van cumpliendo años, permanentes. El sentimiento de soledad y de inseguridad del individuo, de los que ya hemos hablado, suelen tener no poco que ver con todos estos patrones, que tanto están haciendo por la profesión de los y las sexólogas.

Por la otra parte, tenemos que hablar de banalización de la sexualidad. Esta dimensión, volvamos a Freud, como decíamos, es de gran importancia en el conjunto de la personalidad. Pero, para convertirla en motivo y objeto de consumo, interesa su simplificación. Una vez más, también en este ámbito, el Sistema ha actuado de forma magistral en pro de sus intereses. Los elementos de tipo sexual en circulación, especialmente en el espacio festivo que estamos describiendo todo el rato, provocan un proceso de deconstrucción y de mutilación de la sexualidad como dimensión compleja.
Así, ésta es vaciada de sus datos menos concretos, más difíciles de rentabilizar económicamente (comunicación, encuentro, conocimiento propio y mutuo, acuerdo, crecimiento, unión, opción, amor...) (3). Tras la mengua, queda apenas el aspecto corporal-genital y si acaso algunos restos de emocionalidad romántica, que también son aprovechables económicamente. La industria cinematográfica, por ejemplo, tiene aquí una de sus principales canteras de beneficios.

Tal rebaja de la importancia concedida al conjunto de la sexualidad, provoca que ésta ya no sea una frontera íntima inviolable, y que no se valore como elemento fundamental en la construcción de la propia personalidad (especialmente la emocionalidad). Ello es constatable en múltiples aspectos. Por ejemplo, en el aumento de opiniones que exigen la "normalización" de la prostitución y su conversión en un trabajo como cualquier otro, garantizado como "derecho" por la autoridad estatal, es decir, el Sistema (previo pago de impuestos) (4). Queda así cerrado con broche de oro el círculo del control del individuo por parte del poder. Quienes defienden la estatalización o legalización de la prostitución, suelen argüir que no existe diferencia entre alquilar el propio cuerpo unas horas para la producción de un bien o servicio (el trabajo asalariado) y alquilarlo para el disfrute sexual de otra persona. Argumento baladí, puesto que las igualaciones han de pretenderse, en todo caso, en lo bueno y no en lo malo. Por supuesto todo es opinable, y no se habla aquí de cuestión que sea resoluble con fórmulas matemáticas. Pero, a mi parecer, sí existe diferencia entre una y otra cosa. Y aunque el trabajo asalariado no deje de ser en cierta forma y medida -en eso tienen razón- una forma de prostituirse, y también una forma de violencia, no es lo mismo prestar el esfuerzo y la habilidad, que someter el propio cuerpo, especialmente en su parte genital, a la intrusión no deseada de otro cuerpo. No es lo mismo, por extremar el ejemplo, hacer de canguro, que comerciar con el útero como vientre de alquiler. En todo hay grados, y en la puesta a disposición ajena del propio cuerpo y sus facultades, también los hay. Poca gente considerará en un mismo plano de igualdad recibir un bofetón que sufrir una violación. Más aún si hablamos de menores de edad, situación en la que todas las alarmas se disparan. No resulta lógico que esta distinción cultural entre corporeidad y genitalidad que la gran mayoría tiene clara para los últimos casos expuestos, no sea de aplicación al proxenetismo. Y si alguna lógica tiene, es la del propio interés del Sistema que venimos exponiendo.

Este estado de cosas tiene sus efectos colaterales. Quizá el más grave tenga que ver con la forma de acceso de la infancia y preadolescencia a la sexualidad. Y no me parece tan importante el que haya toneladas de materiales con contenidos sexuales explícitos a su alcance, como el que mamen e interioricen la ideología expuesta. Dice la psicología que en la pre y adolescencia es importante que el proceso de iniciación a la sexualidad sea natural. Con esto me refiero a varias cosas. Por ejemplo a que cumpla sus plazos: que sea una iniciación proporcionada al propio desarrollo corporal y a la socialización con personas de su edad. Que sea un proceso no influido, en la medida de lo posible, que hoy por hoy sí lo está, por instancias externas con intereses comerciales. Y al revés, que esté a salvo, en lo que se pueda, de los actuales condicionantes patriarcales y homófobos, así como de los tabúes moralistas y, en su defecto, que haya algún tipo de contrapeso externo. Pues bien, tal como están las cosas, a nadie debe extrañar que un, o una joven culmine su adolescencia con una dimensión sexual deficientemente construida, que reproduzca todos y cada uno de los conceptos consumistas y patriarcales que son inherentes al modelo de sexualidad que nos vende el sistema, y que incluso padezca alguna que otra alteración psicológica relacionada con la cuestión.

¿Hay alternativa -alguien me pregunta- a la deformación generalizada de la dimensión sexual que vengo describiendo? Claro que la hay: el amor. Pero para hablar de amor hay que ir más allá, tanto de los paradigmas que muestran las películas -que lo rebajan a emocionalidad sensiblera y poco más-, como del concepto aceptado de "enamoramiento", que está perfectamente diseñado y dirigido por el Sistema, y que en realidad viene a ser una especie de suma psicológica de deseo sexual y necesidad de sentirse en compañía. Egoísmo, al fin y al cabo.

El psicólogo marxista Erich Fromm decía estas mismas cosas, y además planteaba la idea de la presión social, sutil pero omnipresente, que empuja a cada cual a conquistar, a conseguir como pareja a la persona de mayor "nivel" a su alcance. El éxito y el fracaso social también tienen que ver lo suyo con esta cuestión, la cual a menudo pone en situación complicada a solterones y divorciados de ambos sexos. Opino que nadie debería dejar de leer su libro "El arte de amar", en el cual explica en qué medida la vida en una sociedad capitalista imposibilita para el amor verdadero. Y cómo éste, más allá de cualquier búsqueda de placer, acompañamiento, producto afectivo, o reconocimiento, es una opción por el otro, una búsqueda de la felicidad ajena, que consiste en actos de responsabilidad, compromiso, cuidado, respeto y aprendizaje. Y de libertad. "Si amas a alguien déjale libre. Si vuelve a tí es tuyo, y si no, nunca lo fue" K. Gibran. Hermosa y atinada frase, siempre que echemos a un lado el concepto de posesión que contiene. Estas opciones generosas, como premio, conducen a la propia felicidad. Una delicia el libro de Fromm, y una pequeña fuente de sabiduría.


Notas

1.- Dicho anónimo cuya traducción al castellano es "follad, follad, que el mundo se acaba". Como puede apreciarse, es una adaptación popular y malsonante del famoso "carpe diem" latino.

2.- Leo con estupor que el último grito de la moda en EEUU es amputarse el dedo meñique del pie para favorecer el caminar sin dolor sobre altos tacones y plataformas.

3.- Una función relacionada con la sexualidad que el sistema mantiene viva y en absoluto desprecia es la reproductiva. Al margen de amplias consideraciones políticas que se pueden hacer sobre el tema, señalar aquí el nada desdeñable negocio que se instrumenta en torno al embarazo, el parto y la primera infancia.

4.- En este caso se vuelve a invocar de forma harto interesada el valor libertad, entendida ésta en su versión liberal-burguesa, la del individuo y sus inviolables derechos. Como si la facultad de autoalienarse, automutilarse y autodestruirse fuese algo a defender políticamente. Los apologetas de la libertad de las personas para malvender su sexualidad a quien pague por ella, a menudo se muestran contrarios, por ejemplo, a que otras mujeres vistan determinadas prendas culturales. En ésta última situación, pasando por encima de la propia visión de las concernidas, entienden que se da una mengua de la libertad de esas personas. La incongruencia es evidente.


Ir al Índice

Nota: los comentarios podrán ser eliminados según nuestros criterios de moderación.
  • Folleu, folleu, que el món s’acaba

    22 de febrero de 2016 10:54

    Sobre esto habría que escribir no una página,sino miles de páginas.La importancia que tiene saber y cambiar el concepto de amor en esta sociedad.Un amor sin tonterías,que por cierto,tiene muy poco recorrido,pues las parejas(a lo único que se llama amor)se separan con una facilidad pasmosa.Para esto,la lectura del filósofo Byun chul han es más que interesante.Sobre este tema,viene a decir que los seres humanos de hoy no saben amar porque no transcienden la propia personalidad y encerrados en el propio egotismo y amor a sí mismo no son capaces de amar y dar al otro.Amar,pues,es dar al otro y no recibir.Y al amor hoy se va a recibir algo,como a un ministerio y no a aportar.Por otra parte,habla de la enfermedad de la depresión(en relación con el amor,por supuesto)donde esta enfermedad sería el estadio final de el amor por sí mismo,que al no ser capaz de amarse mas que a la propia persona,entra en un colapso de egoismo(no lo nombra así el autor,pero dice algo parecido)y por tanto,la depresión vendría a ser la enfermedad del narcisista.

    Responde este comentario

    • Folleu, folleu, que el món s’acaba

      18 de febrero 15:33, por Alvaro

      El amor rómantico es un ¿invento? ¿descubrimiento? de nuestros días. Obviamente existe un amor de origen biológico sobre el que se elaboran diferentes teorías: compatibilidad procreativa, compatibilidad de anticuerpos, etc. Pero la unión en pareja tiene más un origen de contrato pragmático que de amor romántico. Ese amor romántico disparado y disparatado por hollywood y antes por novelas románticas y programas de radio tiene también un tufillo a opio del pueblo.
      Por supuesto con esto no estoy defendiendo el aqui te pillo y aqui te follo compulsivo actual en algunos ambitos. Sólo opino y puntualizo.
      Salud.

      repondre message