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Entrevista a Sacita Israilova y a Elena Vilenskaya sobre la situación de la mujer en Rusia y Chechenia

Jueves.10 de abril de 2008 1113 visitas - 3 comentario(s)
Entrevista publicada en septiembre de 2007 en “Diferència i Repetició” #TITRE

Diferència i repetició

Nos gustaría que os presentárais y que nos contárais cuál es la situación de las mujeres en vuestros respectivos países.

Sacita: Me llamo Sacita Israilova y soy la directora de la Biblioteca Central de Grozni, capital de Chechenia. La situación en Chechenia es bastante difícil, el desempleo es del 87%; la mayoría de las mujeres viven bajo el umbral de la pobreza y lo hacen gracias a la pensión que reciben sus madres o sus familiares. Muchas mujeres se ven obligadas a vender artículos en el mercado y con esto viven. La mayoría de jóvenes que se casan no tienen dónde vivir, porque las casas están destruidas y las viviendas que se construyen son muy caras. Tradicionalmente, la mujer chechena guardaba el hogar, se encargaba de hacer todos los quehaceres en la casa y después de la guerra, el papel de la mujer en la familia ha cambiado. Durante la guerra, la mujer fue la primera que se enfrentaba a la violencia, porque ¿sabéis de las limpiezas? no sólo étnicas, sino que se llevaban a todos los hombres y a los muchachos mayores de 13 años y durante las limpiezas las mujeres eran las que salían de las casas a negociar y a proteger a sus hombres.

Actualmente se habla mucho del papel de la mujer en la sociedad chechena, se aprecia mucho su papel y ahora cuatro mujeres están presentes en el Parlamento checheno y se está planteando la posibilidad de plantar un monumento a la mujer en la plaza central de Grozni. Ahora hay muchas mujeres viudas porque sus esposos fueron asesinados o perecieron en la guerra, también hay muchas cuyos maridos fueron llevados de las casas y no saben dónde están, siguen buscándoles y esperan justicia. Sólo durante la segunda guerra chechena desaparecieron unas 6.000 personas, aunque no es una estadística oficial. Abandonaron el país más de 100.000 familias y muchas de ellas viven en Rusia y en el extranjero.

Elena: En cuanto a Rusia, estas dos guerras tienen un impacto fatal en nuestra sociedad porque más de un millón de hombres han luchado en ellas. Como todavía tenemos el servicio militar obligatorio, muchos jóvenes de dieciocho años fueron enviados a la guerra y muchos murieron. Todavía no hay estadística oficial, porque los militares y el gobierno la esconden y porque tampoco la han calculado, ya que los testimonios son horrorosos: a muchos muertos no los enterraron y se los comieron los perros en las calles o los enterraron con los tanques, hubo muchos desaparecidos y los que volvieron tienen el síndrome de la guerra y muchos ahora sirven en la policía, además, la policía fue utilizada como ejército en Chechenia y ahora siguen trabajando como tales en las calles guardando el orden.

Estas guerras también afectan a la sociedad ya que, en Rusia, los derechos humanos se han deteriorado. Ahora yo represento a una ONG de derechos humanos que se llama “Casa de la Paz y de la No Violencia”, pero estuve trabajando unos tres años en la asociación de madres de soldados de San Petersburgo y cuando fuimos al Cáucaso, un oficial nos dijo que ellos utilizaron Chechenia como campo de prueba para toda Rusia y están utilizando los mismos métodos, también hacen limpiezas, son muy famosas las llevadas a cabo en Vasquiria, en las Repúblicas Rusas cuando aterrorizaron en dos días una ciudad pequeña y se llevaron a más de 200 hombres de las casas y los pusieron en un sótano que estaba bajo, y esto es lo más cínico, de la corte municipal. Los torturaron con total impunidad. En cuanto a la situación económica que nos quieren presentar, ésta es muy buena, pero sólo en ciudades como San Petersburgo, Moscú y algunas más, donde la gente puede encontrar empleo. La mayoría de las ciudades son pequeñas con las infraestructuras destruidas desde los tiempos de la transición, además de contar con una economía poco estable con precios muy altos del petróleo, que es toda una desgracia para nuestro país, porque la Comunidad Europea no ejerce ningún tipo de presión sobre nuestro presidente, bueno no es el mío, el presidente de Rusia, que es un criminal que debe ser juzgado como Milosevic. Y a Yeltsin ahora lo juzgará Dios.

No puedo decir que haya un movimiento antimilitarista fuerte, la guerra tuvo mucho impacto en la conciencia de la sociedad, una sociedad que siempre ha sido muy militarizada y que, sin embargo, ahora se militariza aún más y esto se refleja en el vestido, en el lenguaje, en la publicidad y en todas las esferas de nuestra vida. Hay pocos grupos de activistas que se pronuncian en contra de la guerra en Chechenia y es muy peligroso hablar públicamente de ella, de hecho, los medios de comunicación no son libres, el tema de Chechenia es tabú y si se habla de ello es sin ninguna crítica. El Presidente de Chechenia es una marioneta puesta por el Kremlin pero a pesar de todo, va reconstruyendo la ciudad, cosa muy positiva porque hemos ido dos veces a Chechenia como cooperantes y la primera vez fue un shock, estaba totalmente destruida. Ahora, por lo menos se están construyendo casas, porque es muy depresivo ver las ruinas cada año. En cuanto al papel de la mujer, también ha cambiado durante estos años de transición, porque debido a la militarización de la sociedad, los hombres son más vulnerables, no tienen tanta fuerza para sobrevivir como las mujeres. Las primeras organizaciones que surgieron fueron las de madres de soldados en diversos puntos de Rusia y en los primeros años de la Perestroika ellas encontraron trabajo, ingenieras e intelectuales también salían a vender a los mercados.

De hecho, durante la invasión de Afganistán ya existían estos movimientos de familiares y madres de soldados...

¿Durante la guerra en Afganistán? No existía. Yo sé de un grupo de mujeres creyentes clandestino durante el período soviético que no dejaban a sus hijos ir al ejército, yo conozco a una de esas mujeres que fue expulsada del país con su hijo por KGB y ahora viven en París, pero no había un movimiento abierto.

Sacita, ¿cómo has llegado a ser directora de la Biblioteca Central de Grozni?

Cuando acabé la escuela, con dieciséis años, vine a trabajar a la biblioteca; luego seguí estudiando en la Escuela Superior y compatibilizaba mis estudios con el trabajo en la biblioteca. Toda mi vida está ligada a ella. El primer golpe que recibí fue moral porque no quedó ninguna de las 525 bibliotecas que habían existido en la República y la biblioteca en que yo trabajaba sufrió un incendio durante el bombardeo, quedando completamente destruida. Bueno, voy a hablar sobre dos guerras. Una vez acabada la campaña militar, las destruían porque durante sus maniobras, las bibliotecas solían ser los cuarteles generales de los militares o de la guerrilla. Tengo que explicar que la biblioteca central tenía treinta filiales en la ciudad. Durante ambas guerras fueron quemados o deteriorados 2.600.000 libros y dos bibliotecarias murieron, una de ellas lo hizo durante el bombardeo cuando fue a ver si la biblioteca estaba incendiada. Cuando se acababan los bombardeos, la vida se “normalizaba” y era más o menos seguro salir, por ejemplo, yo permanecí 56 días en un sótano con mi madre y con 14 vecinos y luego salí para ir a trabajar a la biblioteca. Seis bibliotecas estaban semidestruidas, sólo con una pared o sin el tejado y sin un sólo libro y en ellas fue donde empecé a trabajar. Con unas cuantas bibliotecarias, por nuestra cuenta, empezamos a reconstruirlas y todavía no hemos terminado, porque el Gobierno no presta ninguna atención a cultura, tiene otras prioridades.

Como durante estas dos guerras era muy peligroso quedarse en la ciudad, no quería correr el riesgo e invitar a otras mujeres a trabajar con ella o a quedarse, porque algunas bibliotecarias se fueron a otros lugares fuera de Chechenia y yo no quería tener la responsabilidad de otras vidas; por eso, una vez finalizadas ambas guerras, trabajaba sola durante cinco o seis meses. Había muy poca gente en la ciudad y mi trabajo fue el único sentido de mi vida: iba por las casas destruidas, incendiadas y abandonadas por los vecinos y recogía los libros. La poca gente que se quedó en la ciudad, al acabar los bombardeos, fueron a la biblioteca porque para ellos era el símbolo de la paz. De hecho, la única palabra que escribí sobre una puerta estropeada fue “Biblioteca”, porque unía a la gente y significaba mucho, fue el símbolo de que se establecía la paz en la ciudad.

Mucha gente me decía que estaba loca, mi madre me rogaba que no fuera al trabajo y me decía: “Nunca te voy a perdonar si te matan”, porque según la tradición chechena los muertos deben estar en el cielo y mi madre pensaba que nunca me encontraría en él, pero yo insistía y cada día andaba 4,5 km de ida y 4,5 km de vuelta, pasando cada vez siete controles, hasta que se formó el Gobierno provisional, que se trasladó a la capital y empezaron a llegar los desplazados.

Mientras trabajaba sola en la biblioteca, los libros me perseguían como si de objetos vivos se tratara y yo los limpiaba, porque algunos tenían los agujeros de las balas y como no tenía estanterías, los ponía en el suelo y estaba convencida de que algún día la gente los necesitaría. De este modo recogí los primeros 3.000 ejemplares.

Un día llegó un hombre ruso que siempre había vivido en Grozni, llamado Serguei y le dije que ahora éramos dos locos en la biblioteca y que íbamos a trabajar juntos, así que dos locos nos pusimos a hacer estanterías pero como no teníamos clavos ni martillos y yo durante el día estaba en la ciudad buscando libros, Serguei buscaba maderas e hicimos las estanterías con lo que pudimos, además, tuvimos que poner plástico en las ventanas porque tampoco había vidrios. Os contaré una historia: una vez encontré en un edificio destruido, junto con Serguei, las obras de un filósofo ruso muy importante del siglo XIX, Salavioff, que está muy de moda ahora y estos libros tenían unos huecos enormes producidos por las balas. Decidimos llevárnoslos a la biblioteca. Estos días llegaron a Grozni unos periodistas alemanes y les mostramos la biblioteca porque verdaderamente fue un símbolo de la paz. Uno de ellos miraba sin poder creer lo que estaba viendo y me preguntó, estando yo tapada porque no teníamos calefacción y hacía frío, ¿pero, chica, qué estás haciendo aquí? y yo le contesté que “una biblioteca”. Entonces me replicó que fuera con mi madre, que estaba loca y cuando vio los tomos de la Historia de Rusia de Salavioff me dijo: ¿La historia de Rusia es lo que hace Rusia con su historia? En fin, podría contar muchas historias así. Hoy día ya tenemos más o menos restauradas las bibliotecas y todo lo hemos hecho con nuestras propias manos, cada día tenemos más de 200 lectores y mi sueño se ha cumplido, porque he visto mucho dolor y muchas cosas horribles y es la única alegría que he tenido.

Elena: Yo también puedo evidenciar eso porque cuando fuimos a Grozni por primera vez, hace dos años, y llegamos a su bilioteca, fuimos testimonio de que se trata de un centro de la vida cultural y espiritual de Chechenia. Nos sorprendimos de la cantidad de jóvenes que estaban leyendo porque nunca he visto en Rusia tanta cantidad de gente deseando leer. Y lo que más nos sorprendió es que la biblioteca es más que eso, es un centro de cultura donde se exponen fotografías, las pinturas de los niños, se organizan presentaciones de libros.

Sacita, ¿por qué era tan importante para ti salvar los libros?

Lo primero es que me encanta leer. Además no creo tanto en encuentros como éstos, pues podemos organizar muchas conferencias, encuentros... pero no nos servirán de nada si no tenemos esta cultura en nuestras almas y todo lo bueno que tengo en mi alma es debido a la literatura, la cultura. Me encanta la literatura rusa y adoro la poesía de García Lorca. Si los rusos hubiesen conocido bien la cultura de los chechenos nunca hubiesen intervenido en Chechenia y los americanos no tenían el derecho de bombardear Sarajevo porque su cultura sólo tiene 300 años. Tenemos que conocer mejor la cultura unos de otros y sólo esto nos previene de las guerras.

Elena: Estoy completamente de acuerdo porque en la cultura de otro pueblo, y también del checheno, hay cosas que nos parecen extrañas, pero eso no te da el derecho de reírte de ellas o no aceptarlas porque cada tradición tiene motivos históricos. Por ejemplo, en la cultura de los pueblos del Cáucaso o en otros países, las mujeres siempre caminan detrás de los hombres. Hoy nos parece a los llamados civilizados que esa cultura es atrasada, pero esto tiene su base en la historia, por ejemplo Chechenia es montañosa y el hombre debía ser el primero en enfrontar el peligro para proteger a la mujer. Cuando conoces mejor la cultura del otro pueblo, entiendes más.

Elena, has comentado que trabajas para una ONG, ¿lo haces en territorio ruso o checheno? ¿Con qué dificultades os encontráis para llevar a cabo vuestro trabajo?

Las cinco fundadoras de nuestra organización tuvimos, en primer lugar, el trabajo con las madres de soldados de San Petersburgo. Ya llevamos cinco años en esta ONG y nuestro trabajo tiene dos líneas principales, una, que publicitamos más, que consiste en trabajar con alumnos de secundaria y sus maestras enseñándoles que también aplicamos la violencia, y hay que decirlo así: todos aplicamos la violencia, así que el primer paso es ser conscientes de ello y después aprender métodos no violentos para aplicarlos en nuestra vida. No queremos ser la profesoras sino que junto con otros, nos enseñamos como transformar nuestra agresividad en no violencia. Pero en la Rusia actual es muy difícil penetrar en las escuelas porque son instituciones muy cerradas, resulta más fácil acercarse a un cuartel militar que a una escuela porque el Gobierno quiere controlar la formación de los jóvenes para manipular la conciencia. Es muy importante para ellos.

La escuela está muy militarizada y todas las relaciones que se dan dentro de ella (alumnos-profesores, profesores-profesores...) están inscritas en el sistema patriarcal, por eso la fuerza y la violencia es el método principal para solucionar los conflictos. En nuestra organización realizamos la formación con métodos muy interactivos. Otra de las direcciones de nuestro trabajo, que actualmente hemos discutido sobre si lo publicitamos o no (y hemos llegado a la conclusión que para llegar a nuestro objetivo, es mejor no hacer publicidad, aunque tampoco vamos a escondernos), es para Rusia y para Chechenia. Y es que algunas de nosotras nos sentimos culpables por estas dos guerras, encabezadas por dos presidentes rusos en nuestro nombre. Yo me siento culpable y sé que no debería, pero de momento no puedo deshacerme de esta culpa. La imagen del enemigo se crea cuando no sabes la verdad y cuando no ves a tu “enemigo”, por eso todas las fuerzas interesadas en este conflicto, no sólo el Gobierno, hacen todo lo posible por cortar todos los canales de información y los contactos personales. Es por ello que decidimos empezar la reconciliación entre nosotras, comenzando por las mujeres.

De hecho, resultó que en uno de nuestros cursos que damos en Chechenia, asistieron dos hombres chechenos, uno de los cuales es muy joven y miembro de un partido democrático, al igual que Sacita. Lo llevamos a Grozni porque lo deseaba y la sección juvenil de este partido había decidido que viniera con nosotras, porque es muy peligroso para los hombres. Esta situación de vulnerabilidad se repite en otros lugares, por ejemplo en ex-Yugoslavia se llevaban a los hombres de 10 a 70 años y como tenemos una muy buena relación, desde hace unos diez años, con Pax Christi de Bélgica, que es un movimiento de derechos humanos muy activo a favor de la paz, el proyecto fue financiado por el Ministerio de Asuntos Exteriores de Bélgica y también hubo un proyecto muy importante financiado por el gobierno catalán, y trabajamos junto con Dones per Dones. Así que gracias a estos proyectos hemos tenido la oportunidad de viajar a Chechenia y de invitar a las mujeres chechenas de San Petersburgo y otras ciudades rusas a participar en un curso hecho por una mujer belga que tiene gran experiencia en otros países del mundo. El curso era de ocho horas diarias durante cinco días y el principal logro fue que las mujeres rusas y chechenas empezamos a hablar abiertamente sobre nuestros prejuicios y contándonos la verdad de nuestras emociones, buscando las causas de nuestros prejuicios y sus soluciones.

También Sacita organizó uno de los cursos para las bibliotecarias que trabajan en Grozni y para los estudiantes y profesores de la Universidad. Además, realizamos un concurso bajo el título “La guerra en mi vida” porque nos parecía muy importante dar espacio a los niños chechenos para expresar sus sentimientos y sus dolores, durante la guerra y actualmente. Después invitamos a los laureados del concurso a Petersburgo, y darles la oportunidad, a rusos y chechenos, de conocerse uno a otro y para poder hablar de sus sentimientos. Os digo que teníamos mucho miedo, no sabíamos cómo empezar a hablar de un tema tan doloroso y con tantos prejuicios en ambas partes... los invitamos a escribir sus historias. Tuvimos a una muchacha cuyo padre había luchado en Chechenia como oficial profesional y a un muchacho de 14 años cuyos padres habían muerto en Chechenia, y cuando este muchacho empezó a leer su redacción, todos empezamos a llorar, hombres, mujeres, niños... y creo que fue muy importante que lloráramos juntos.

Hicimos un libro con las redacciones y una fotografía de los laureados y con dibujos de los niños chechenos. Este año hemos anunciado el segundo concurso, aunque de momento no tenemos financiación, porque como Chechenia es tabú en Rusia y la UE no ejerce presión, no sé si por el petróleo, el gas u otros motivos políticos, muchas fundaciones no dan el dinero en cuanto ven la palabra Chechenia.

Visto el autoritarismo de la era Putin, ¿qué puede suponer para una mujer rusa llevar a cabo este tipo de actividades con mujeres chechenas?

Sé de una organización, no de mujeres sino de hombres también, de solidaridad chechena-rusa, que han aniquilado por ser activos. Buscaron el pretexto, los juzgaron y los condenaron a dos años convencionales y los amenazan con ingresarlos en prisión por el hecho de estar activos. Por eso no hacemos publicidad, porque para nosotras lo más importante ahora es empezar con unos hechos pequeños. Como dice una mujer de una fundación de Petersburgo que nos patrocina, “nos encantan los hechos pequeños, pero lindos” y yo creo mucho en los logros pequeños, porque actualmente no encontramos ninguna repercusión en la sociedad rusa, pero por ejemplo estos muchachos llegaron acompañados de adultos y se trata de doce personas que van a contar su experiencia en cada una de sus comunidades, yendo paso a paso, y en este panorama de terrorismo estatal no veo ninguna otra posibilidad. Además, creo mucho en las relaciones de las personas que somos la base de la sociedad civil, no creo en la paz impuesta desde arriba.

¿Qué experiencias positivas habéis sacado de este Encuentro de Mujeres de Negro?

Sacita: He encontrado a muchas mujeres de todo el mundo muy activas en sus países y muy politizadas. Yo no solía ser tan activa políticamente, me dedicaba a mi biblioteca y quizás se necesite ser más activa políticamente y no tener el miedo de denunciar las cosas públicamente. Este encuentro me lo ha enseñado.

Elena: Es la segunda vez que participo en un Encuentro de MdN y es un espacio en el que puedes reflexionar, poner las preguntas sin dar respuestas rápidas. También me llevo la energía porque a veces pierdo la esperanza: son muchos años de hacer esfuerzos y pensar que a dónde llegamos, así que me llevo la energía y muchos contactos. De este encuentro en particular, destacar el taller de conflictos abandonados, que para mi es muy importante, porque me duele mucho que haya conflictos de moda y que las ONG seguían las mismas líneas que sus Gobiernos, al poner énfasis siempre en los mismos conflictos, olvidando otras guerras. Hace dos años, en Jerusalén, fui con otra amiga chechena, defensora de los derechos humanos, y no dijeron ni una palabra sobre Chechenia hasta el último momento, cuando demandé que le diesen la palabra. Esta vez han prestado más atención a la guerra en Chechenia y he tomado más contactos, pensando en hacer algo en común con las Mujeres de Negro de Serbia, porque ¡tenemos tantas cosas comunes! ambas salimos de dos países fascistas, con los mismos métodos de imponer miedo y enfrentarnos...

Sacita: Haré todo lo que esté en mi mano para tener Mujeres de Negro en Chechenia.

Elena: Ah! Hace dos años pensamos en organizarnos conjuntamente las mujeres rusas y chechenas, pero no sabíamos que no era necesario registrarse oficialmente. Ahora que lo sabemos, Sacita y yo vamos a discutirlo con las mujeres de nuestros respectivos lugares y vamos a organizarnos para tener voz internacional.

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