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Entrevista a Esteban Velázquez: Espiritualidad y lucha social

Martes.26 de febrero de 2008 4482 visitas - 2 comentario(s)
Lúcido testimonio de un incansable luchador por la Justicia #TITRE

www.athanor.es

Vibra en cada ocasión su verbo en el Foro Espiritual de Estella. Este sacerdote jesuita es mucho más que un oficiador de ceremonias sacras, mucho más que un peón al servicio de cualquier institución. Es, por encima de todo, un hombre de conciencia. Curtido en lo espiritual y en lo social por la guerra de El Salvador, se ha convertido en el principal ideólogo e impulsor de un foro que ha intentado aproximar dos compromisos que se han mantenido tradicionalmente a distancia: el compromiso social y el
compromiso espiritual. Dicho foro ha llevado por título ‘Espiritualidades- éticas y Lucha por la Justicia Global’ y se ha celebrado en Ceuta este pasado septiembre. Compartimos contigo las reflexiones de este pionero.

Desarrollo personal y Sociedad

- El innovador foro de Ceuta ha unido lo social con lo espiritual... ¿Qué resistencias ha habido que vencer para acercar estos dos ámbitos?

- Cierta desconfianza mutua. En muchos movimientossociales alternativos oír hablar de espiritualidades,
o de nueva conciencia, o de cualquier ámbito de
lo interno, suena a trabajo en todo caso respetable,
pero no interesante para ellos. Incluso tienen ciertos
temores de que les alienen, de que sea retrógrado o
de que les distraiga de lo que les interesa. Creo que
es un error, porque al menos desde mi experiencia, y
la experiencia de los que llevamos años en la lucha
social y no somos sospechosos de evasión del conflicto,
creemos que el descuido del trabajo personal
en la lucha social lo que produce es un empobrecimiento
de la lucha y a veces un abandono de la
misma: surgen los cansancios prematuros, aumentan
los sectarismos sociales, los protagonismos, los celos.

Hay una falta de perspectiva. Incluso la misma
visión del cambio social se empequeñece, se convierte
en menos holística. Porque ¿qué es lo social?
Lo social es todo lo que nos relaciona. Y también el
mundo interior forma parte de la relación. Entonces
indudablemente es un prejuicio que hay que vencer.
Pero eso no se vence con teorías.

- ¿Cómo se vence?

- Te oirán cuando te vean en la lucha. Lo que no vamos
a lograr es eliminar esas reservas lanzando ideas desde
una atalaya. Cuando somos compañeros de lucha,
cuando estamos en las mismas manifestaciones, ellos
ven que se pueden fiar de ti. Cuando ven que eres un
hombre o una mujer para quien realmente la lucha social
es parte de tu tejido y de tu estructura personal oirán
con atención lo que les digas de espiritualidades. Y viceversa:
cuando el mundo de las espiritualidades vea que
tú eres una persona que valoras el silencio, el trabajo
personal, las dimensiones olvidadas de nuestro yo profundo,
quizá oirán con atención lo que tú les digas de la
dimensión social. Creo que si se logra un espacio de síntesis
no puntual sino permanente, la chispa que puede
surgir de enriquecimiento entre las espiritualidades y la
lucha puede provocar una transformación importante de
este mundo. Si estoy en eso es porque estoy convencido
de que nada puede hacer avanzar más el cambio social
que una auténtica revolución espiritual. Y esto lo dicen
también políticos como Havel, el antiguo presidente de
Checoslovaquia. Cuando dejaba su cargo dijo: “El cambio
pendiente es sobre todo un cambio en el orden del
espíritu; sin el cual ningún cambio, ni de leyes, ni de
parlamentos, ni de estructura política determinada va a
tener vigencia y realidad.” Pero también es a la inversa:
si el cambio espiritual se conexiona con esta gente que
desde el mundo político está abierta al enriquecimiento
espiritual, puede surgir una síntesis imparable. Creo que
debemos aprender de la Historia que los cambios sociales
sin ese trasfondo se vuelven en contra de sí mismos;
y las espiritualidades sin ese trasfondo se convierten en
un instrumento del poder, para ser manipulado; incluso
su silencio puede ser manipulado.

- En lo social incluyes lo ecológico ¿o es ya demasiado
trabajo?

- Lo incluyo totalmente. Incluso habría que descubrir
una palabra nueva para ‘lo social’, para que no se piense
sólo en lo económico y lo socioestructural-económico.

Lo social incluye todo lo que afecta al bienestar
de la sociedad. Y el bienestar de la sociedad lo constituye
el contorno de la naturaleza con la que se convive,
el contorno económico, el contorno de derechos
humanos y de libertades... Todo lo que afecte. En este
sentido hay el término bíblico que utilizan todas las
tradiciones monoteístas: shalom, paz, entendida como
el bienestar integral del pueblo.

Una vez en la guerra de
El Salvador tuve que dar cursos
sobre la paz en La Biblia
y entonces me encantó profundizar
en lo que entendía
el Antiguo Testamento por
shalom: era ese bienestar
total de relación con todo lo
que afecta al bienestar de la
comunidad humana, y entre
otras cosas la relación con la
naturaleza.

- ¿Qué ha implicado el
Foro de Ceuta, como innovación?

- Hemos estado en el mismo
Foro gente del lenguaje
y de la praxis del Foro Social
Mundial de Portoalegre
y gente del lenguaje y de la
praxis de los foros interreligiosos. Yo creo que es la primera
vez que esto se hace. No sé si todo el mundo es
consciente de la novedad que esto implica. Y la gran
ilusión que tengo es que vamos hacia un encuentro internacional:
un foro temático del Foro Social Mundial
sobre espiritualidades. Lo mismo que ha habido foros
temáticos sobre la inmigración, sobre el agua, sobre el
Mediterráneo, que haya uno sobre espiritualidades y
éticas para otro mundo mejor posible. En Ceuta hemos
hablado sobre los pasos que se podrían dar para ese
encuentro internacional.

- ¿Cómo pueden, en la práctica o en el diálogo,
fecundarse mutuamente la visión social con la espiritual?

- Consideramos clave la metodología para lograr que
esto se logre. Esta metodología, a la que nos hemos
aproximado en Ceuta, implica tener varias partes. Todo
el que entra en este diálogo, primero: tiene que oír las
palabras sagradas de los excluidos y de las víctimas.
Primero no hablan los teóricos, sino las víctimas del
sistema. Porque nos uniremos en la medida en que
tengamos el corazón muy cerca de la situación concreta
de las víctimas y los excluidos. Tan importante
como oír a Chomsky o a Boff es escuchar estas otras
voces, como la de Rufina Maya, a quien le mataron
en El Salvador a cinco hijos... Estas voces hablan de
la justicia.

“Segundo, hay que hacer un buen análisis de la realidad.
Nos uniremos también en la medida en la que seamos
serios en los análisis. Al menos en el cristianismo, y pienso
que en otros movimientos también, hay un exceso de
buena voluntad y una carencia de análisis. El cristianismo
histórico ha canalizado sus energías donde su análisis,
bastante erróneo, le dictaba. (Cuando en el mundo el problema
era el movimiento obrero estaban en los hospitales
y en las cárceles tratando con otros problemas.)

“Tercero, la reflexión: ¿qué aportan las espiritualidades
a la ética?, oyendo a gente de diferentes mundos: el
social, el espiritual y el ético.

“Cuarto, oír el silencio. No es frecuente que los luchadores
sociales hagan espacio de silencio en sus
jornadas. En este Foro se dieron varios momentos de
silencio; el más emotivo fue el silencio que tuvo lugar
ante la valla de contención de los inmigrantes. Teníamos
programado un amplio espacio de silencio, pero
la verdad es que se nos echó el tiempo encima, por el
exceso de actividades (culpa nuestra), y esta vez no
pudo ser.

“La fiesta nos une también. Al Foro vino entre otros
Javier Ruibal, cantautor muy conocido en España.

“Y el diálogo es fundamental. Pero diálogo sin prisa;
no dos minutos después de las mesas redondas, sino
grupos que debaten sin prisas todo lo que han oído.
Hubo grupos de diálogo en el Foro; esperemos que en
una futura ocasión puedan ser más.

- ¿Para ti lo espiritual está indisociablemente unido
a lo social, o en un momento dado puede ser
disociable?

- Devuelvo la pregunta: ¿pueden el cuerpo y el espíritu
disociarse? Es similar. Teilhard de Chardin, famoso
antropólogo jesuita de principios del siglo XX, científico
que fue muy marginado y a quien mandaron
a China, por sus libros y teorías (fue un hombre que
intuyó el futuro), hablaba de que no existe el espíritu
y la materia sino el espíritu-materia. Y la realidad es
una, ¿no? Teilhard da claves para responder a eso; es
decir, la realidad está tan unificada que la persona
nunca puede existir, si quiere ser persona, fuera del
conjunto de las relaciones que la hacen persona. En
la medida en que no quiera dejar de ser persona es
obligado que trabaje todas sus posibilidades de dimensión.
Lo social no es sino la forma de encontrar
la persona colectiva que todos somos. Entonces no
encuentro que se pueda disociar. Nos disocia no la
realidad, sino las estructuras y los pensamientos disociadores.

Yo aplicaría a esto una frase de La Biblia
que Jesús aplicó a otro contexto, el del matrimonio:
“lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”.
Lo que está unido no lo separemos. Yo no puedo ser
feliz al margen de la justicia internacional. El hombre
o la mujer lúcidos saben que su felicidad está ligada
al futuro de la humanidad; y saben que el futuro
de la humanidad está ligado también a la capacidad
de personalizar nuestras relaciones. Entonces al menos
en una visión primera, salvo que me den nuevos
elementos, creo que son indisociables. Tampoco esto
significa que siempre tiene que haber una densidad
de relación: puede haber más y menos; momentos en
que se trabaja una cosa o se trabaja otra... Pero siempre
con una perspectiva de relación.


- Tú has encontrado un sentido místico en el servicio
social. ¿Cuál es el punto interno que permite encontrar
en la miseria, en la desolación, la mística?

- Yo hablo mucho de esto; la mística de los sencillos.
Lo aprendo de los pobres; los que son místicos sin
saber que son místicos. Esta gente que yo cito en las
conferencias: Lupita, Merceditas... Hay una frase del
Evangelio, que a mí me ilumina mucho y que cambiando
los términos sería aplicable a esto: “dichosos
los limpios de corazón porque ellos verán a Dios.” Yo
diría no a Dios, sino que tendrán la experiencia mística.
Es cuestión de apertura, de limpieza de mente,
de tener unos ojos limpios para mirar la realidad y no
tapártelos cuando ves el sufrimiento humano. Entonces
el contacto con el sufrimiento humano es una fuente
mística permanente. Te purifica. Un compañero mío,
Adolfo Chércoles, que es especialista en ejercicios espirituales,
dice que “los pobres nos bajan del taburete”.

Siempre estamos montados en un taburete, tratando de
tener la piedra filosofal de las cosas. Entonces el trato
con los sencillos te baja del taburete y te hace descubrir
la mística de la cotidianidad de los sencillos. Esto
no es nada forzado cuando tienes el roce permanente
con ellos. Para mí no es un esfuerzo mental. A mí me
invita a la contemplación y al silencio la charla con un
abuelo de un pueblo de El Salvador (estoy pensando
ahora en Isidorito, un hombre sabio, que te sentabas, y
te ponías a oír, y de ahí te ibas a orar; no era un corte).
No se trata de mitificar al pobre, porque todos somos
seres humanos, pero el lugar donde nos situamos, y ese
contacto muy real, pienso que avanza la experiencia
de la mística. Por otro lado, también te da cierta mística
de la indignación sana; es decir, cuando estás en
este contacto total te sale una rebeldía interior contra
la injusticia y en contra de cualquier olvido de la injusticia.

La indignación es otra experiencia mística.

- Pero ¿cómo la conviertes en sana, en lugar de ir
tirando piedras contra los injustos?

- Esto es una simplificación del luchador. Para mí
hay una ridiculización por parte de los movimientos
de espiritualidad. Del mismo modo que ellos simplifican
las tradiciones espirituales. Indignación no
significa violencia, ni sentimientos de animadversión
por el otro, ni agresividad; simplemente indignación.
Cristo se indignó muchas veces. Pero eso no
significa que fuera violento ni en su pensamiento.
De los pobres aprendes, entre otras cosas, algo importante:
paciencia histórica. Los cambios no son
rápidos: el padre del pobre es pobre, su abuelo fue
pobre y él probablemente va a morir pobre. Entonces
si se decide a luchar no es con una perspectiva
de cambio inmediato. Si trabajas tu interior, y si no
tienes ilusiones de un cambio brusco, puedes trabajar
con no-violencia activa. Yo soy un apasionado
de la no-violencia. Mi indignación, para sorpresa de
muchos que decían que era ingenuidad, me llevaba
a una continua invitación al diálogo con los militares
más duros de El Salvador. Recuerdo al coronel Ochoa,
que en una movilización social que hicimos nos frenó
con armas en la frontera con Chalatenango. Para desconcierto
de él, que estaba agresivo, le invité a rezar
un Padre Nuestro juntos. De todas maneras estoy de
acuerdo en que hay el peligro de que los luchadores
crean que la no-violencia no es eficaz. Yo estoy convencido
de la eficacia de la no-violencia a la larga.
Soy muy gandhiano en ese punto, y creo que el método
condiciona el fin: con la no-violencia estás poniendo
un germen de más profundidad y continuidad
del cambio. Pero tienes que trabajar tu interior.

Ahí sí que la espiritualidad tiene
una gran tarea: la de promover
una energía noviolenta
en la lucha social.

- Desde la espiritualidad,
que pretende tener una visión
amplia de las cosas, a
menudo se atribuye la pobreza
a un factor kármico.
Esto acaso puede llegar a
no motivar a la acción social
desde los sectores espirituales.
¿Cuál es tu punto
de vista?

- Yo diría que el dinamismo
del amor no contempla la pasividad.
Si tú dices a una madre
cuyo hijo está sufriendo
que su hijo está pasando el
karma del sufrimiento y que
no hay que hacer nada, la
madre en su lógica no lo entiende, porque su lógica
es la del amor. Lo único que entiende es que si yo
puedo paliar el sufrimiento de quien ama no pararé
hasta paliarlo. Yo diría a los que piensan así que no
están en la lógica del amor. La lógica del amor es
tremendamente activa; incluso no en función de una
utopía, de un proyecto social. Vale la pena sólo con
que logre reducir el sufrimiento de quien amo. Y si
amo a la humanidad, tendré que luchar para eliminar
el sufrimiento colectivo. Para mí es muy sencillo. Kant
dice que el escepticismo es muy bueno para pensar
pero muy malo para vivir. El que ama no es escéptico.

El que ama, aunque no esté seguro del todo de la eficacia
de su acción, da todo lo que puede de su energía
espiritual por paliar el sufrimiento humano. Cito
también al ex ministro de los sandinistas, Fernando
Cardenal, sacerdote jesuita, que decía: “los tiempos
son tan malos que deberemos dejar el pesimismo para
tiempos mejores”. Yo diría: el amor es tanto que debemos
dejar la pasividad para tiempos de desamor. Por
lo tanto, este karma que lleva a la pasividad no es mi
karma, ni creo en ese karma. Como no creo en la alienación
del Reino de los Cielos, del que se ha hablado
desde el cristianismo muchas veces para justificar el
conformismo y frenar la rebeldía de los oprimidos de
este mundo.

- El mismo sufrimiento es un motor para despertar
amor, en el gran juego de la divinidad con la existencia,
¿no?

- ¡Correcto! Todo es cuestión de si el amor es sincero
y si hay limpieza de corazón. Un corazón limpio
que ama creo que nunca será
pasivo, aunque también a la vez
será tanta su lucha que necesitará
muchos momentos de reflujo
y de paz interior para volver a la
lucha. Pero será un permanente
ir y venir. Yo digo también que el
profeta y el místico siempre tienen
que estar unidos: el hombre
y la mujer de acción y de interiorización
siempre tienen que estar
a caballo entre la plaza, que es
el lugar del profeta, y el desierto,
que es el lugar del místico (aunque
los dos son lugares para el
místico y para el profeta).

Entrevista por Francesc Prims.

Contacto con la Iniciativa ‘Cambio
Personal, Justicia Global’:
personayjusticia@gmail.com
tel. 663 291 722


¿QUIÉN ES
ESTEBAN VELÁZQUEZ?

“Tras mis estudios en Canarias y mi formación
como jesuita participé en Misión Obrera, un movimiento
jesuita en relación con el mundo obrero
que me llevó a trabajar, como emigrante, a Alemania
y a Francia. Estuve en la cárcel en Granada al
final de mi época de estudios (por circunstancias
de tipo social y político; era el último año del régimen
de Franco); un mes solamente, pero fue algo
que marcó bastante mi trayectoria. Ya ordenado
sacerdote mi trabajo ha tenido cuatro épocas: Canarias
la primera, en que seguí de cura obrero. En
la segunda gran fase estuve en América; siete años
en El Salvador. Los tres primeros estuve trabajando
con los refugiados de la guerra, como responsable
de una misión de paz; después creamos un Comité
por el Diálogo y la Paz, para fomentar el diálogo
entre la guerrilla y el Gobierno. La filosofía de diálogo
que impulsó este Comité fue lo que al final
solucionó la guerra, pero entonces dicho Comité
estaba prohibido y era mal visto por la autoridad
gubernamental y por los Estados Unidos, que estaba
detrás. Fruto de esto tuve que dejar El Salvador
en contra de mi voluntad. Permanecí un tiempo en
Almería, donde tuve ocasión de reflexionar. Decidí
presentar objeción de conciencia y me fui sin autorización
a la zona de guerra mientras la Iglesia no
tuviera a alguien enviado ahí oficialmente. Estuve
cuatro años atendiendo a la población civil y a la
misma guerrilla desde una perspectiva religiosa y
humanitaria. Y sobre todo trabajé por los derechos
humanos. Fue el inicio del juicio de El Mozote, que
pusimos ahí en marcha. Acabada la guerra, aunque
parecía que se iba a arreglar mi situación tampoco
fue así. Hubo expulsión gubernamental, episcopal
y jesuítica (aunque la eclesial nunca la llaman ‘expulsión’,
sino ‘cambio de destino’). Los cuatro años
con la guerrilla fueron intensísimos en muchos aspectos.
Pasada esa época volví a España y estuve
trece años, hasta este enero pasado, en Las Palmas,
realizando diferentes trabajos; todos ellos han tenido
que ver con la educación para la solidaridad
internacional o con la interculturalidad (a través
del Patio de las Culturas que creamos), o con lo interreligioso
(a través de Encuentro de Caminantes,
el colectivo que creamos), o con la inmigración, a
través de La Red Acoge, Las Palmas Acoge. A la vez
he estado trabajando como pastor cristiano. Desde
enero me encuentro en Sevilla, donde después de
dos años el Provincial de los Jesuitas de Andalucía
y Canarias me ha destinado para poner en marcha
un movimiento que hemos llamado Iniciativa
‘Cambio Personal, Justicia Global’, cuyo primer
encuentro ha sido en Ceuta este septiembre. Éste
es el currículum exterior. Luego están los procesos
internos; pero éste ya es otro apartado...”

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