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El último hombre de Europa

Miércoles.29 de agosto de 2018 144 visitas Sin comentarios
Correo Tortuga - José Antonio, del Colectivo NENA. #TITRE

Hola, amigos y amigas seguidores de nuestro blog. Tras algunos meses de silencio debido varios viajes que hemos realizado, de nuevo volvemos a nuestros encuentros de reflexión. El primer tema que nos ha salido, versa en torno a la novela, que cada día nos perece más profética de Orwell, 1984. He aquí nuestra humilde reflexión, por si es de vuestro interés.

REFLEXIÓN EN TORNO AL ÚLTIMO HOMBRE DE EUROPA.

La crítica a los gobiernos totalitarios que nos presenta Orwell en su gran obra, la encontramos cada día de más de actualidad. Hemos relacionado algunos referentes de la obra, por referentes actuales, y como conclusión vemos que nos encontramos precisamente a las puertas del “Último hombre de Europa”. Los principios y valores que se presentan en la obra de Orwell, a través de la Teoría y práctica del colectivismo oligárquico, que en la obra se atribuye a Goldstein, los identificamos con esos valores con los que se identificaba a la vieja Europa, “libertad de expresión” “respeto a los derechos humanos”, “prosperidad, desarrollo, respeto al medio ambiente” “espacio de acogimiento, de solidaridad, de garantía y de derechos”, “espacio de justicia y libertad”, etc. Esa sociedad de progreso que narra Goldstein, en la que “todos trabajaran pocas horas y tuvieran bastante que comer, vivieran en casas cómodas e higiénicas, con cuarto de baño, calefacción y refrigeración, y poseyera cada uno un auto o quizás un aeroplano»

Comenzamos por EL GRAN HERMANO:

· En el centro de la obra de Orwell está ese gobierno totalitario en el que aparece la figura omnipresente del dictador, un ser mítico que aparece de fondo en las telepantallas, alguien que nadie nunca ha visto en persona, cuya existencia se llega a poner incluso en duda llegado el caso, es el Gran Hermano.

En nuestros días, encontramos la figura de ese omnipresente dictador, en el Sistema Capitalista. En la obra de Orwell esa mítica imagen del Gran Hermano, aparece en el fondo de las telepantallas, es la imagen de quién todo lo ve, de quién todo lo vigila, de alguien omnipresente. En nuestros días, ese papel lo ejerce el Capitalismo, que se encuentra omnipresente en todos nuestros actos, que nos inunda, nos invade, nos vigila, nos controla, se encuentra dentro de nosotros mismos, forma parte de nosotros, de nuestras organizaciones políticas y sociales, nadie lo cuestiona, (es curioso que hoy en día, no exista ningún partido político que cuestione el capitalismo como sistema, incluso los llamados anti-capitalistas, se encuentran plenamente integrados/as en el sistema capitalista), es algo que está ahí, que se apodera de nuestra intimidad, que lo sabe todo de nosotros. Es nuestro actual GRAN HERMANO.

Desde que salimos a la calle, somos protagonistas de una extraña película rodada con pequeños trozos de nuestro día a día: el momento de bajar al parking a por el coche o la irrupción en el metro a primera hora, la llegada al trabajo, la cola que se forma en el banco a media mañana. Las miles de cámaras que nos miran también ofrecen imágenes de entradas y salidas de los restaurantes, graban cuando accedemos al gimnasio y dan fe de nuestro paso por hospitales, gasolineras, joyerías, taxis, puertos, aeropuertos, carreteras, grandes superficies, polígonos industriales, fábricas, urbanizaciones, discotecas, farmacias, campos de fútbol, casinos, comisarías e iglesias, entre otros lugares.

Nadie sabe cuántas cámaras de video vigilancia hay en España, podríamos estar hablando de unos cinco millones o de una cifra de este orden, ya que hay muchísimas sin registrar. Nada más que en Madrid hay alrededor de 8.000 dispositivos electrónicos en los autobuses y una cifra todavía superior en el metro. En Barcelona, según fuentes de Transports Metropolitans de Barcelona, en el metro hay 7.022 cámaras. De ellas, 4.416 están en las estaciones, 2.288 en los trenes, 285 en talleres y apartaderos y 33 en otras dependencias. En Badalona (Barcelona), el instituto Enric Borràs dispone desde el 2012 de un sistema de reconocimiento facial que manda a los padres un SMS o un correo electrónico cuando sus hijos hacen novillos. Según Oriol Martí, director técnico de Xip Solucions, la empresa responsable del software, "el programa lee en 3D el cuadrado formado desde las cejas hasta debajo del labio". Así, en un minuto, el dispositivo puede reconocer hasta 50 alumnos. "Los estudiantes entran a clase a las 8.30, por ejemplo, y a las 8.45 –prosigue Martí– los padres reciben un SMS o un correo electrónico donde se les informa de que su hijo ha faltado a clase. Pese a ello, España no es el país que más video controla a sus ciudadanos. No podemos olvidar que el Estatuto de los Trabajadores faculta al empresario para adoptar las medidas de vigilancia que estime más oportunas para verificar el cumplimiento por el empleado de sus obligaciones laborales y con la irrupción de Internet, el Gran Hermano, que nos vigila día y noche, lo llevamos en nuestro bolsillo, llega directamente y le abrimos voluntariamente la puerta nuestro hogar, vamos hacia un mundo repleto de sensores (con las nuevas tecnologías de 5G), donde los objetos domésticos y el mobiliario urbano facilitarán muchísima información. Paradójicamente el éxito del programa televisivo Gran Hermano, ha sido la vanguardia para la venta voluntaria de nuestra intimidad. Ésta, la intimidad, es la última mercancía de la que se ha apropiado nuestro “Gran Hermano”: El Capitalismo. Ahora aparentemente no es el Gran Hermano totalitario y omnipresente de Orwell, sino que el Capitalismo ha conseguido que todos nosotros nos convirtamos voluntariamente en “pequeños hermanos” y demos toda clase de facilidades para que nos miren, nos vigilen y comercien con nosotros, ejerciendo con nuestra actitud, hacia los otros, esa represión que ejercía el Gran Hermano de Orwell, y que ahora la ejercemos voluntaria e inconscientemente cada uno de nosotros, liberando paradójicamente al verdadero Gran Hermano, (el Capitalismo), de su responsabilidad.

LIBERTAD DE PENSAMIENTO. POLICIA DEL PENSAMIENTO

· EL PODER, es otro elemento central de la obra de Orwell: “el Partido quiere tener el poder por amor al poder mismo […] No la riqueza, ni el lujo, ni la longevidad, ni la felicidad; sólo el poder, el poder puro», ya que «el poder no es un medio, sino un fin en sí mismo».

El Capitalismo (nuestro Gran Hermano), adora El Poder. Este deseo de poder nunca está saciado, siempre necesita más y cuanto más poder acumula, más necesidades de poder tiene. En el Capitalismo, el PODER se ejerce a través de la mal llamada “democracia”. La función de la mal llamada “democracia”, no es la de que el pueblo ejerza su poder en aras al bienestar de la población, sino la de mantener al Capitalismo. Para que esto sea posible, lo mismo que en la obra de Orwell, es necesario imbecilizar a esa inmensa mayoría de la población. Si en la obra de Orwell, esto se consigue prohibiéndoles el acceso al conocimiento, a la educación, porque como dice Goldstein «a la larga, una sociedad jerárquica sólo sería posible basándose en la pobreza y en la ignorancia». En nuestros días, con la mal llamada “democracia” se consigue el mismo efecto de imbecilizar a la población, PARCELANDO EL CONOCIMIENTO, MUTILANDO LA EDUCACIÓN Y SATURANDO SU MENTE CON LA COMUNICACIÓN. En la obra de Orwell, son los “proles”, esa inmensa mayoría a la que el Estado pretende anular e idiotizar. El Capitalismo se vale de la democracia representativa, para anular e idiotizar a esa inmensa mayoría que conforman el conjunto de los trabajadores. En la enajenación está la clave del triunfo. El mismo Winston, sin saber hasta qué punto se equivoca, expresaba su esperanza en la prole con una frase que se repite en varias ocasiones: «¡Si había alguna esperanza, radicaba en los proles!».

El economista David Anisi, en su libro Creadores de escasez, definía así el poder (extensible al poder económico y al poder político):

El poder es el ejercicio de apropiación del tiempo de los demás, y se mide como la relación entre el tiempo obtenido de los demás y el tiempo necesario para conseguir esa movilización.​

En relación con las clases de poder:

El poder jerárquico se sustenta en la autoridad y en última instancia en la fuerza, (es el poder que narra Orwell en su obra), el poder valorativo se sustenta en el respeto y en última instancia en la convicción, y el poder de mercado se sustenta en la capacidad de compra y en última instancia en el dinero (poder en el que se sustenta el Capitalismo). En este tiempo, nuestro Gran Hermano (el Capitalismo), opera principalmente, desde el poder del mercado. Para el Capitalismo el mercado lo es todo. Está por encima de la naturaleza, del planeta y por supuesto de las personas. Si en la obra de Orwell, el poder que ejercía el Gran Hermano era jerárquico y se ejercía a través de la fuerza y la represión, en nuestros días el capitalismo lo ejerce desde el mercado y a través del mercado, el Gran Hermano, nos vigila, nos controla, y dirige nuestros comportamientos, nos dice cuáles son nuestros gustos, y nuestras aficiones, establece nuestros entretenimientos, nuestro ocio y diversión, nuestra alimentación y nuestras relaciones personales. Para el control de los “proles”, ya no es necesario el ejercicio del “poder jerárquico”, ya no es necesaria la represión, ahora el Gran hermano nos controla a través de nuestro voluntario consumo.
La sociedad jerárquica, en la obra de Orwell, necesaria para el ejercicio del Poder Jerárquico, se mantiene con el ejercicio de la dictadura hacia los “Proles”. En el mercado, el ejercicio del poder se “democratiza”, ahora ya no hay “abierta represión”, ahora existe la “voluntaria colaboración”, y son los “Proles” quienes eligen a los representantes de los que controlan el “Poder del Mercado”, y como dice Goldstein, para que esto sea posible, es necesario “imbecilizar” a la inmensa mayoría de los “Proles”. Tanto para el ejercicio del Poder Jerárquico, como para el ejercicio del Poder del Mercado, será necesario la imbecilización de los “Proles”. Dice Goldstein, que esto se consigue al prohibirles el acceso al conocimiento, a la educación, porque «a la larga, una sociedad jerárquica sólo sería posible basándose en la pobreza y en la ignorancia». Esa mayoría a la que el Estado pretende idiotizar a toda costa para anularlos son los “proles”. Para el ejercicio del Poder del Mercado, ya no es necesario el secuestro del conocimiento, pues el conocimiento también está al servicio del Mercado, y lo mismo que en la obra de Orwell, “el duro trabajo físico, el cuidado del hogar y de los hijos, las mezquinas peleas entre vecinos, el cine, el fútbol, la cerveza y sobre todo, el juego, llenaban su horizonte mental y no era difícil mantenerlos a raya». El Poder del Mercado, también canaliza el malestar, la posibilidad de un incipiente sentimiento de rebeldía en dos frentes: las minucias de la vida corriente, al margen de los grandes males universales, (a través de los innumerables canales y programas basura de TV, a través de las redes sociales, las ONGs, etc), o a través del enemigo común, independientemente del nombre que tuviera, se llame Eurasia o Asia Oriental, ahora son (las armas de destrucción masiva, el terrorismo internacional, el miedo al otro, miedo a la falta de recurso, miedo a un futuro incierto, el nacionalismo, etc),. En la enajenación está la clave del triunfo, tanto del Poder Jerárquico como del Poder del Mercado.

EL MINISTERIO DE LA VERDAD

· Es el instrumento que aparece en la obra de Orwell, para la manipulación de la verdad. Este complejo sistema de propaganda consigue la alienación del pasado con el presente. No se tiene conciencia de que hubiera existido una época anterior a la revolución, un momento que sobrevive sólo en recuerdos vagos e imprecisos, entre los que es difícil tener certezas de verdad o falsedad. Esa ambigüedad puesta en pie por el Partido se aprovecha para difundir una visión del pasado pre-revolucionario como un periodo oscuro, indefinido, donde todo resulta incierto y confuso.

· El Ministerio de la Verdad, entiende la manipulación no como la necesidad de falsificar el pasado, sino como una forma de hacer concordar lo ocurrido con lo que el Partido dice que ha ocurrido. Todos aquellos documentos que contradicen de alguna manera al Partido son destruidos en el llamado «agujero de la memoria».

En nuestro tiempo la información se manipula con numerosos estudios, investigaciones, informes, etc, todos al servicio del Poder del Mercado, donde se presenta el pasado, el presente y el futuro, según las necesidades del Mercado en su ejercicio de alcanzar más cotas de Poder. En los innumerables informes sobre el cambio climático, en las legiones de tertulianos al servicio del Mercado, así como en la cultura de la “pos-verdad”, podemos encontrar la mano de este Ministerio de la Verdad de nuestro tiempo.

El Ministerio de la Verdad del Capitalismo, en sus ansias de alcanzar más cotas de Poder, se vale de un amplio espectro de formas para la manipulación de la verdad, se mueve desde la sutil superficialidad hasta la falsedad. El capitalismo, tras habernos idiotizado, nos presenta al error como verdad, por lo que será muy difícil saber descubrir la apariencia de verdad en la que está envuelto el error; no hay nada absolutamente falso, aunque previamente hayamos sido idiotizados, que sea admitido por nuestro entendimiento, siempre reconoceremos una parte –más o menos grande -de verdad, y esta capacidad de reconocimiento de una parte de la verdad, es lo que constituye la apariencia de verdad que hace que nuestra inteligencia la conozca como absoluta.

El Ministerio de la Verdad del capitalismo, controla el 100 % de los grandes medios de comunicación y de información, conformando estos, algo parecido, a un departamento propio dentro del Ministerio de la Verdad. Lo mismo que sucedía en la obra de Orwell, los complejos y costosos sistemas de comunicación actuales, son instrumentos que formando parte del propio Capitalismo, dejan de cuestionarlo y lo normalizan para que forme parte de nuestra vida cotidiana, y lo mismo que en obra de Orwell se presenta “el pasado pre-revolucionario como un periodo oscuro, indefinido, donde todo resulta incierto y confuso”. El capitalismo, ya no es cuestionado por nadie, y el pasado donde las esperanzas en una sociedad más justa y equitativa para todos/as, se presenta como algo trasnochado, irrealizable, fuera de toda lógica y de igual manera confuso y oscuro, siendo la alineación con el tan grande, que se ha perdido la conciencia de una época anterior en la que el Capitalismo fue fuertemente cuestionado. Esta amnesia generalizada y normalizada a través de los medios del Ministerio de la Verdad del Capitalismo, pone en cuestión un pasado lleno de ilusión y esperanza de un mundo más justo y humano, siendo destruidas estas esperanzas en el “agujero del olvido y de lo desconocido”
Nos presentan la información sólo en su apariencia de verdad, y nos hacen pensar que esa apariencia es toda la verdad; es como si nos vendieran una manzana mostrándonos sólo su parte sana mientras que nos ocultan la zona que ya está podrida. Cuando algo deformado se nos presenta como correcto, cabe pensar que existe una falta de rectitud en quien actúa así, no obstante tenemos experiencia que en muchas ocasiones no hay tal falta de rectitud. La manipulación, por lo tanto, puede ser o no intencionada, en el primer caso, cuando la manipulación es intencionada, sucede como en la obra de Orwell, es una forma de hacer concordar la noticia, la información que se da con lo que el Capitalismo necesita que se sepa, en el segundo caso, cuando la manipulación no es intencionada, puede suceder que sea fruto de la ignorancia, o que responda a la “falsa ética informativa”, que consiste en dar la noticia tal como sucede sin verter opinión alguna sobre ella, dejando que sea el oyente quién saque sus conclusiones, que evidentemente estarán mediatizadas por la saturación informativa de la “manipulación intencionada”. Este segundo caso de manipulación “no intencionada”, es mucho más sutil y peligroso, ya que hace un lavado de cara del propio capitalismo, que se presenta como democrático y transparente”, olvidándose de las causas y de dónde se encuentra la raíz de los problemas, de los que se hace eco la noticia en cuestión.

En los últimos tiempos lo vemos muy claro, por ejemplo, con respecto a las noticias que se vierten en torno a los migrantes que llegan a las costas europeas. La “manipulación intencionada” de esta noticia está en aquellos artículos que relación las migraciones con nuestro bienestar, generando en la población preocupación por la llegada del migrante, presentando a este como una amenaza para nuestro bienestar. La “manipulación no intencionada”, sería aquella que presenta la noticia como el drama de la migración, la narra tal como sucede, y traslada el hecho migratorio a la conciencia de la ciudadanía, persiguiendo principalmente su compasión y su caridad católica, que no cristiana. Las dos formas de presentar la noticia son manipulativas, la primera, es peligrosa pero posiblemente menos que la segunda. La primera es más fácilmente detectable, y generalmente cualquier persona con un mínimo de conciencia y formación solidaria la detecta. La segunda es la más peligrosa, porque es más difícil de detectar, ya que presenta la noticia dentro de los parámetros que el “Ministerio de la Verdad o sea el Capitalismo”, nos ha inculcado como “solidaridad”. En ambas formas de presentar la noticia se omite, la raíz del problema, las causas que generan que millones de personas arriesguen la vida, paguen miles de euros para abandonar su lugar de nacimiento, y se aventuren a un futuro incierto en tierras desconocidas y en muchos casos inhóspitas. Se omite la raíz del problema precisamente porque en esa raíz se encuentra, directa o indirectamente implicado el Capitalismo, nuestro Gran Hermano al que no se le puede cuestionar y de hecho, nadie pone en cuestión.

La manipulación de la verdad es uno de los mayores adversarios con los que nos encontramos hoy día; no se trata de enfrentarnos contra un tirano como en otros tiempos Nerón, o Hitler, sino contra una multitud confusa cuya arma disuasiva no es la tortura sino el silencio.

“Estamos asediados por la radio, la pantalla, el periódico, los medios de información. Ahora bien, una información es incompleta, parcial, puesto que nunca lo dice todo. Y a menudo el silencio de la información cae sobre lo insoportable, es decir sobre lo esencial. La obra maestra del arte de informar es engañar no diciendo nunca más que la verdad”. (Jean Guitton)

No todo lo importante lo dicen los medios de comunicación, ni lo dicen respetando las formas y los modos que merece el contenido de la información; y por otra parte, no todo lo que nos presentan los medios de comunicación es importante, en ocasiones es al contrario: lo importante es precisamente aquello que omiten.
Jean Guitton, aconseja estar precavidos ante el ambiente que nos ha tocado vivir, es lo que podríamos llamar la (falsa) cultura del silencio sobre lo esencial. Algún pensador ha llegado a decir que “nunca hemos ido tan deprisa hacia ninguna parte”, y es que esta es la consecuencia de silenciar lo esencial para el hombre.
Todos buscamos hacer cosas, conocer más, trabajar, investigar; pero ¿qué es lo que realmente nos interesa más?, ¿encontraremos la verdad en hacer o trabajar mucho con objeto de tener más cosas, de consumir más?; si la respuesta fuera afirmativa, la prueba la encontraríamos en que gozaríamos de la paz y la felicidad interior que parece escasear tanto en nuestros días.

Cuando buscamos la verdad donde no está, nos disponemos a ser sujetos fáciles de engañar, de ser manipulados; es decir, vendemos la verdadera felicidad por un plato de lentejas, por algo superficial, por una bagatela, que pueda satisfacer nuestra vanidad o un capricho pasajero.

El error lo cometemos cuando caemos en el uso y consumo de esa moneda falsa, la manipulación de la verdad, mercadeada por tantos medios y en tantos lugares.
¡Cuántas veces nos dicen que es necesario comprar algo para ser feliz!, y, sin embargo, cuántos silencios sobre cómo ser para alcanzar esa felicidad deseada, y es que la manipulación consiste en el silencio de lo verdaderamente humano y en la ostentación de lo accidental, de lo artificioso.

Todos tenemos el deber de romper el silencio sobre lo esencial al hombre, de servir de altavoces de la verdad, sin prejuicios, sin interesados intermediarios.

LA GUERRA Y EL MILITARISMO

· A lo largo de los tiempos, la guerra siempre ha sido un instrumento para mantener a raya a los proles y a través de la historia se han llevado a cabo innumerables acciones de “Bandera Falsa”. Los ataques terroristas en algunas ocasiones son operaciones de bandera falsa, como la estrategia italiana de tensión , en la cual varias explosiones de bombas en los años 1970 se atribuyeron a organizaciones de extrema izquierda y anarquistas,​ y que fueron en realidad llevadas a cabo por organizaciones de extrema derecha en cooperación con los servicios secretos italianos para desacreditar a los movimientos sociales y justificar la represión hacia estos. En la obra de Orwell, las bombas lanzadas diariamente sobre Londres son arrojadas por el mismo Gobierno de Oceanía como mecanismo para mantener la sociedad jerarquizada generando pánico y odio hacia el enemigo, al mismo tiempo que se destruye cualquier signo de riqueza o desarrollo. Es por eso que Eurasia y Asia Central se van alternando como enemigos y aliados, sin importar quién desempeñe qué papel, aunque los ciudadanos consideren que el enemigo siempre ha sido el mismo, lo que da lugar a un espeluznante episodio en el que la manipulación de la información llega a su máximo apogeo. Dentro de esta guerra se encuentran los ciudadanos más bajos en la escala social, los que viven en los territorios fronterizos que pasan constantemente de manos de un país a otro y que no pertenecen a nadie. Reducidos poco menos que a condición de esclavos, se les equipara con cualquier materia prima como el carbón o el aceite, y se utilizan como mano de obra en la fabricación de armas.

El enemigo común que nos presenta el Gran Hermano de nuestros días (El Capitalismo), es ahora el “terrorismo islamista” y como si se tratara de una operación de “Bandera Falsa”, este terrorismo islamista se alimenta precisamente a través del Poder del Mercado. El Mercado lo creó, lo alimentó y lo amamantó, le facilita las armas, le compra el petróleo y las materias primas que controla y para justificarse a sí mismo, hace como si lo intentara combatir, mostrando al “pueblo idiotizado”, el espectáculo de su actuación.

La Guerra, se encuentra en el corazón mismo del Mercado, o sea en el corazón del Capitalismo. Nuestro Gran Hermano, necesita de la guerra, para elevar sus cotas de poder. A través de la fabricación, venta de armas y la guerra, el Mercado o sea el Capitalismo se introduce en los países y en los continentes y hoy en día, el Capitalismo y su brazo “armado” el Mercado, ya posee, tanto por la acción como por el pensamiento, el 100 % del planeta. El Gran Hermano, ya es respetado, admirado y considerado como nuestro único “protector” en la totalidad del planeta. Su brazo “protector” ya no es cuestionado. Pero contrariamente a lo que pensaba Winston, expresando su esperanza en la prole, diciendo que: «¡Si había alguna esperanza, radicaba en los proles!», hoy los “proles” ya no son esperanza de cambio, los “proles” forma parte del Mercado, son “los que (en la obra de Orwell), viven en los territorios fronterizos que pasan constantemente de manos de un país a otro y que no pertenecen a nadie. Reducidos poco menos que a condición de esclavos, se les equipara con cualquier materia prima como el carbón o el aceite, y se utilizan como mano de obra en la fabricación de armas y sobre todo, para el mantenimiento del Mercado. Por tanto si existen algunas esperanzas para el cambio, estas se encuentran dentro del propio Mercado y de sus ansias de “Acumulación de Poder”. Nuestro Gran Hermano, el Capitalismo, solo busca el “poder”. Su “poder” crece con el Mercado. El Mercado crece con el Consumo. Para que la “prole” pueda consumir se necesitan productos, baratos y de pronta caducidad. La “prole” para poder consumir necesita poder adquisitivo con el que comprar los productos basura que produce el Mercado. Cuando la “prole” no cuente con el poder adquisitivo para consumir los productos del Mercado, el Capitalismo establecerá la “Renta Básica Universal”, para que la “prole” pueda seguir consumiendo sus productos basura. Para que puedan ser fabricados estos productos basura, el Capitalismo y por tanto, el Mercado necesita de las materias primas que posibiliten su fabricación a costes reducidos. Para que esto sea posible, el mercado introduce “cizaña”, entre las poblaciones pobres pero ricas en materias primas, les da armas y provoca guerras por el control de las materias primas. Gracias a estos enfrentamientos, por un lado el Mercado consigue materias primas casi regaladas con las que poder fabricar sus productos basura, y por otro lado, cuenta con grandes bolsas de migrantes y de poblaciones empobrecidas, que son “los que no pertenecen a nadie” y que les fabrican sus productos basura. El Mercado o sea el Capitalismo, no duda en destruir lo que necesite destruir en aras a conseguir más Poder. El Mercado y el Capitalismo es de naturaleza “vampiresca”, para alimentarse, para aumentar su Poder, va destruyendo precisamente todo lo que le va proporcionando el Poder. Esquilma las materias primas, destruye a las poblaciones que viven de ellas, reduce a sus trabajadores a esclavos, (recordemos las declaraciones de aquel presidente de la COE, que hoy está en la cárcel, “desgraciadamente hay que trabajar más y ganar menos”), nos atontan de tantas formas que nos convencen, de que la solución al problema del deterioro medio ambiental se encuentra en el reciclado de los productos basura que fabrica el Mercado, mientras nos esmeramos en separar los residuos, nuestro consumo de sus productos aumenta y con ello las cotas de Poder de nuestro Gran Hermano, el Capitalismo.

Ver también en: https://colectivonena.blogspot.com/...

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