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El origen de las tortugas

Lunes.3 de enero de 2011 25809 visitas - 4 comentario(s)
Macroinstantes #TITRE

Las tortugas no se parecen a ningún otro animal. Se las clasifica entre los reptiles, pero lo cierto es que no se parecen a ningún otro reptil. Las tortugas son tortugas. Sin duda, la característica que a nadie pasa desapercibida es su caparazón. El caparazón de las tortugas está formado por dos partes, una dorsal o espaldar y otra ventral, llamada peto o plastrón. Aunque en los dibujos animados hemos visto con frecuencia cómo las tortugas salen de su caparazón como si fuera una armadura de quita y pon, la realidad es bien distinta, y tanto las costillas como la columna vertebral se encuentran fusionadas con el caparazón.

¿Cómo adquirieron las tortugas su caparazón? Hay dos teorías principales. Una sostiene que esta protección se desarrolló en los antepasados de las tortugas a partir de placas dérmicas osificadas que terminaron fusionándose con el esqueleto interno. Algunos fósiles de tortugas muy primitivas datados del Triásico, como Chinlechelys, parecen presentar este tipo de osificaciones dérmicas, lo que apoyaría esta hipótesis del origen dual del caparazón (esqueleto + placas dérmicas).

Sin embargo, en el año 2008 se encontró en el suroeste de China un fósil datado de hace 220 millones de años de lo que parece ser algún tipo de pre-tortuga. Los científicos lo bautizaron Odontochelys semitestacea, y presenta algunas características muy notables que lo convierten en firme candidato a fósil transicional hacia el linaje de las tortugas modernas. Para empezar posee dientes, de ahí el ’Odonto’ en el género, mientras que todas las tortugas actuales carecen de ellos. Pero sin duda lo más llamativo es que posee un plastrón, la mitad ventral del caparazón, pero ¡no tiene la parte de la espalda!.

Presenta, eso sí, las costillas ensanchadas, lo que parece apoyar la otra hipótesis, la de que el caparazón de las tortugas actuales se desarrolló completamente a partir del endoesqueleto. Hay que decir aquí, que el desarrollo embrionario de las tortugas actuales sigue este mismo patrón, recordando la ontogenia a la filogenia como defendía Haeckel, y apoyando la hipótesis del origen único del caparazón a partir del esqueleto oseo interno.

En cualquier caso, el hallazgo de este fósil deja claro que el linaje de las tortugas es antiquísimo, y que su armadura es una protección lo suficientemente efectiva como para haberles permitido llegar hasta nuestros días.

De hecho los adultos de Testudo graeca carecen prácticamente de depredadores, pese a ser animales extremadamente lentos y carecer de armas ofensivas (las tortugas Testudo raramente muerden) y basar toda su defensa en la protección pasiva que les ofrece su caparazón. Los juveniles en cambio poseen un caparazón más frágil que normalmente no soporta la presión de las mandíbulas de un perro o de un jabalí.

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