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El incumplimiento de la ley por apariencia de cumplimiento: nueva figura jurídica de España para el mundo entero

Viernes.25 de marzo de 2011 1433 visitas - 1 comentario(s)
Cuando uno cree que ya está todo visto, llegan los jueces y los políticos españoles y nos demuestran que no, que todavía queda un poco más por ver. #TITRE

Pedro Antonio Honrubia Hurtado | Para Kaos en la Red

"La actitud de ETA es importante, ya que a veces los silencios hablan más que las palabras. No estamos hablando de un nuevo escenario, sino de algo que está sujeto a ETA y Batasuna, de una Batasuna que sigue la lucha política paralela a ETA. Sortu no ha roto amarras con ETA y está cumpliendo aparentemente la legalidad, pero el hábito no hace al monje". (Antonio Narváez, fiscal jefe de Sala del Supremo).

Berlanga era un genio. Nadie en su sano juicio puede decir lo contrario. Y lo era, no tanto por la calidad de su cine, que también, sino, sobre todo, por saber retratar como nadie el surrealismo en el que vive inserto el estado español desde hace ya demasiado tiempo, tanto que casi podría decir uno que, este sí, es uno de esos rasgos identitarios que vertebran la unidad de España, al menos desde las grandes alturas. El surrealismo político y judicial, y la selección de fútbol. Los dos grandes nexos que unifican y cohesionan esa España grande y libre, de unidad de mercado en lo universal.

Además, tiene mérito, no crean que es fácil vivir permanentemente en una situación así, y no dejar nunca de superarse. De verdad, prueben a hacerlo en su vida cotidiana, prueben a vivir insertos en el surrealismo, y ya me dirán si no es meritorio lo que este estado nuestro consigue hacer repetidamente: superarse a sí mismo en el record Guinness de surrealismo político y judicial.

Cuando uno cree que ya está todo visto, llegan los jueces y los políticos españoles y nos demuestran que no, que todavía queda un poco más por ver. No es de extrañar que Berlanga tuviera esa divina inspiración, en realidad, lo de Berlanga, visto así, no tiene demasiado mérito, el mérito es casi exclusivo de esa España eterna en la que había nacido y crecido, y en la que habitó la mayor parte de su vida. Es como si uno, dotado con un don especial para la escritura, escribe sobre los Ángeles viviendo en el paraiso.

Algún gracioso dirá, incluso, qué a saber si no es Berlanga quien maneja, allá donde esté, los hilos de esta España constitucional nuestra, como dirigía sus magnas películas, con una pincelada aquí, y una pincelada allí, siempre tendiendo al absurdo y la graceja cañí, sin dejar por ello de ponerse serio cuando había que hacerlo. Ya me imagino esa mente de ese juez español, en plena disertación:

"Ummm sí, joder, parece que sí, legalmente esto es intachable. Bueno, menos esta coma en los estatutos que está mal colocada, a ver si por aquí los podemos pillar, argumentando que eso de usar capucha para redactar los estatutos lleva a estos errores gramaticales. Ummm no, seguro que podrían defenderse, pensemos otra cosa. A ver, ¡ya está!, digamos que no vale con decir que rechazan la violencia, tienen que condenar. ¡Ah no hostias!, si nosotros mismos les dijimos que eso era suficiente para cumplir la ley, esto mejor se lo dejamos a los políticos y los medios, nosotros tenemos que ser más consintentes. ¡Joder! La verdad que los estatutos son intachables, ¡malditos cabrones, no hay por donde cogerlos!. En fin, ya está, qué remedio, tendremos que tirar por lo fácil. Como el chiste del padre aquel que le pega una hostia al niño, y este le responde ¡qué haces papá!, si no he hecho nada, ¡pues pa cuándo lo hagas hijo, pa cuando lo hagas!, jajajajaa, esta es buena.

Así que nada, ya está, decidido, todo es legal, pero solo en apariencia, cumplen la ley, pero solo aparentemente, es decir, penalmente no podríamos acusarlos de nada, pero como aquí mando yo, y mi palabra es la ley, que se jodan, que la mujer del Cesar no solo tiene que serlo, sino también parecerlo. Así que a joderse, son ilegales porque, aunque cumplen la ley, a mí me parece que es solo apariencia. Listo, ¡A ver si ahora hay alguien en el mundo-mundial capaz de rebatirme semejante argumento!. Jajaja que grande soy, que listo soy, soy español-español-español, yo soy español-español-español. ¡Manuela, ponme un vino y tráeme el pijama y las zapatillas, que esto ya está solucionao!".

¿Qué no? En realidad, seguro que podríamos saltarnos todo lo primero e irnos directamente al final. Yo soy español-español-español (y juez del Supremo), eso lo resume todo. Hasta ahora un servidor pensaba que las leyes están para cumplirlas, que las leyes, se cumplen y estás en la legalidad, o no se cumplen, y, entonces, estás en la ilegalidad. Hasta ahora, claro. Acabamos de descubrir que en España no es así. En España, después de la fregona y el futbolín, han vuelto a hacer su particular descubrimiento universal: el incumplimiento de la ley por apariencia de cumplimiento. Tela.

Incumplimiento de la ley por apariencia de cumplimiento, juro que no es ninguna frase sacada de alguna película inconclusa de los hermanos Marx. Ya sabe, desde ayer, usted, subdito del reino de España, no es que sea un ciudadano que cumple la ley, es que es un ciudadano que la cumple, y, además, la cumple sin aparentar que la cumple. ¿Qué como se hace eso? Pues no sé, vaya usted y le pregunte al Tribuna Supremo, allí le darán oportuna respuesta, aunque me temo que ni ellos mismos la conocen, es lo que tiene el surrealismo. El caso es ese, que ahora tenemos dos clases de personas que cumplen la ley en este estado: los que la cumplen porque sí, y los que la cumplen en apariencia. Y cuando hablamos de que la cumplen en apariencia, no hablamos de esos casos tan extendidos, por ejemplo, entre algunos políticos (e incluso algunos jueces), que por un lado dicen ser ciudadanos legales, pero por el otro son pederastas, corruptos o cualquier delito del estilo, sino de un caso mucho más específico: el que la cumple, la cumple, pero a un juez español-español-español le sale de los cojones decir, y sin ninún tipo de prueba consistente que lo demuestre, que solo es en apariencia. Esto ahora es delito.

Vamos, como diría el amigo Orwell, un delito de pensamiento, o, hablando en plata, un juicio de intenciones convertido en doctrina jurídica sobre la que dictar sentencias. Imagine si dicha doctrina jurídica española de nuevo cuño la llevamos al terreno del derecho penal. A usted lo detienen acusado de haber robado un banco. Usted no lo ha robado, o, al menos, no hay ninguna prueba que demuestre que lo ha robado. De hecho, las grabaciones del día del robo demuestran que usted no es la persona que entra en el banco a punta de pistola. Pero resulta que usted es, por poner un caso, anticapitalista, y en algún sitio dejó dicho o escrito que robar un banco es un acto de justicia, no un robo. Que los que roban son los bancos, y el que roba a un ladrón tiene cien años de perdón. Así que usted, no ha robado el banco, pero está claro que está cumpliendo con la ley que dice que robar bancos es delito "solo en apariencia". El señor juez así lo dictamina, su pasado lo delata, y nada, usted está fuera de la ley, es un delincuente, y, en consecuencia, a la cárcel. ¿Su delito? Es obvio: el incumplimiento de la ley por apariencia de cumplimiento. Esto es, según un juez español-español-español si no roba el banco es solo por guardar las apariencias, no porque en verdad esté usted de acuerdo con respetar la ley, y mucho menos con respetar el espíritu de la ley que dice que robar bancos es delito. ¡Así que a la cárcel!. ¿Suena a broma no? Pues para el estado español, eso es ahora doctrina jurídica. Tela.

En fin, para qué extenderme. Creo que se me ha entendido. Cuando uno vive en un estado que hace de la parajudicialidad su modus operandi, cualquier otra explicación sobra. Abierto ese camino, cualquier cosa es válida. No hay nada más surrealista que llamar "democrático" o "estado de derecho" a un sistema judicial que vive inmerso en la parajudicialidad y en la aplicación de las leyes ad hoc. Y fíjense, todos los días tenemos que escuchar la misma cantinela. Así que ya nada nos sorprende.

Ver también: El Tribunal Supremo de España demuestra para lo que está: ilegalización de Sortu sin razones jurídicas

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  • Me parece excelente el sentido y el tono del artículo. Mitad sesudo, mitad coloquial.
    Pero, tiene un agujerito. Describe como algo novedoso, lo que en realidad es algo cotidiano. En España, y quizá en el mundo, los jueces SIEMPRE han utilizado argumentalmente las apariencias, la presunción de culpabilidad. ¿Ha desaparecido una mula y pasaba por allí un gitano? A la trena, porque todo el mundo SABE que los gitanos son amigos de lo ajeno. Han violado a una niña en Central Park y alguien vio un negro por la zona. A la trena, porque todo el mundo SABE que los negros son rijosos e inmorales. En este caso el háito si hace al monje.

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