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El gobierno se adapta al fracaso escolar antes de combatirlo

Lunes.5 de marzo de 2012 1342 visitas - 5 comentario(s)
Entradas de un catedrático de sociología sobre la reforma del bachillerato #TITRE

1) ¿Por qué lo llaman ampliar el Bachillerato si lo que hace es reducir la Enseñanza Secundaria Obligatoria?

Ampliar es ir a más, mientras que reducir es ir a menos ¿verdad? Pues bien, una búsqueda (en la tarde de hoy, 16/2/12) en Google Verbatim de “Wert ‘ampliar el bachillerato’” arroja 130.000 páginas, mientras que la de “Wert ‘reducir la ESO’” se queda en 1.310. El ministro y el PP han ganado la batalla de las palabras. Pero el hecho es que se amplía el bachillerato a costa de la ESO. Podía haber razones para ampliar el Bachillerato, como su relativa brevedad o las quejas de la Universidad sobre el nivel de los nuevos ingresos, pero, en realidad, lo que desde hace mucho tiempo inquieta al PP, a la derecha en general y a una parte muy considerable del profesorado de secundaria es la duración de la ESO. Más que ampliar el bachillerato a costa de la ESO, como dicen algunos, lo que se ha hecho es reducir la ESO en beneficio del Bachillerato. ¿Se ampliará también la Formación Profesional?

La búsqueda de “Wert ‘ampliar la Formación Profesional’” no ofrece ningún resultado, salvo un despiste de CCOO, mientras que la de “Wert ‘reformar la Formación Profesional’” encuentra 9.740. O sea que vamos a ampliar (y mucho) el Bachillerato pero reformar (un poco) la FP. Curioso, ¿no? Parte de la explicación podría estar, por supuesto, en que siempre se habla mas de la rama noble que de su humilde compañera, aunque yo creo que hay más que eso -pero habrá que esperar que se explique esa reforma. La mayoría de los debates sobre la contrarreforma propuesta han señalado que el primer año tanto del Bachillerato como de la FP sería parte de la enseñanza obligatoria y gratuita, mientras que los siguientes no, y han derivado así hacia el obsesivo tópico del papel relativo de la escuela estatal y la privada, pero en esa perspectiva se escapa algo importante.

Se escapa el hecho de que mientras que al Bachillerato irán en gran medida alumnos que hasta entonces no habrán repetido curso, a la Formación Profesional lo harán, también en gran medida, alumnos que si habrán repetido. Tendrán, pues, éstos 16 o más años al terminar la ESO reducida y podrán, por tanto, abandonar libremente el sistema. En todo caso, su primera repetición será menos gravosa para el sistema, al ocurrir dentro del periodo obligatorio, y la segunda puede que simplemente no tenga lugar porque ya podrán o habrán podido abandonar.

En este momento, casi cuatro de cada diez alumnos abandonan el sistema educativo con sólo o incluso sin la ESO y uno de ellos retorna a y logra avanzar un nivel antes de los 24 años. Si la contrarreforma no logra aumentar la tasa de retención ( la teoría es que, si pueden ir antes a la FP, muchos que no lo habían decidirán hacerlo), esos cuatro o esos tres simplemente se habrán ido con una educación común reducida.

2) El gobierno se adapta al fracaso escolar antes de combatirlo

La reducción de la ESO propuesta por el Ministro de Educación y Cultura se presenta como una vía para reducir el fracaso escolar, pero en realidad es una adaptación al mismo, una rendición en toda regla. Si suponemos que el descuelgue, voluntario o involuntario, de los alumnos es progresivo, es seguro que hacer las cuentas a los 15 años en vez de a los dieciséis hará disminuir la cifra de fracaso al final de la secundaria obligatoria -lo mismo que un adelanto de la edad de jubilación general haría disminuir la proporción de jubilaciones anticipadas. Pero reducir la ESO no es reducir el fracaso, es institucionalizarlo. Es renunciar al objetivo de que todos los adolescentes superen las enseñanzas comunes que se suponía debían superar a los dieciséis años.

Lo que el gobierno hace, en línea con la visión clasista y naturalista de la sociedad propia de la derecha, es afirmar que una parte sustancial de la población no tiene las condiciones para alcanzar ese objetivo, por lo que debe ofrecérsele algo más limitado. Pretender que podían hacerlo habría sido el error típico de la izquierda, sobrevalorando al pueblo llano. Pero antes de tirar la toalla se deberían haber abordado otras deficiencias y perversiones del sistema (academicismo de los programas, desvinculación de la realidad, centros desarticulados, direcciones débiles, profesores desmotivados, abuso de la repetición, etc.), a mi juicio más importantes en la generación del fracaso que ningún otro factor, incluidos los determinantes sociales ajenos a la escuela, las diferencias individuales y la ordenación del sistema.

En lugar de intentar hacer funcionar bien el sistema educativo ya existente, el gobierno ha decidido reordenarlo. En lo primero, por cierto, podría haber encontrado amplios apoyos para medidas que los ministros y consejeros de los gobiernos socialistas -nacional y autonómicos- nunca se atrevieron a abordar a fondo, en particular las relativas a ampliar la autonomía de los centros, reforzar a las direcciones, introducir incentivos diferenciales para los profesores, evaluar todos y cada uno de los ámbitos y niveles del sistema, etc., es decir, la política educativa en el nivel meso o micro. La reordenación ahora anunciada estaba ya cantada, pues el PP la venía reclamando ya con claridad al menos desde el documento que presentaron para explicar su negativa a un pacto de Estado en materia educativa, aunque el último ministro socialista pudiera creer haberla conjurado con el itinerario hacia el bachillerato en cuarto curso de la ESO.

Suponiendo que realmente la lleven a cabo, podría producir otros efectos que el obvio de reducir la ESO. Las últimas reordenaciones del sistema han producido siempre efectos inesperados. La LGE de 1970 quiso crear un sistema paralelo de formación profesional (de la FP1, de infausta memoria, pasando por la muy razonable pero muy minoritaria FP2, hasta la non nata FP3) y creó más que nada un basurero (la FP1, pues la FP2 se alimentaría ante todo del bachillerato) con elevadísimos niveles de fracaso y abandono (Wert, que promete solucionar el fracaso escolar y el desempleo juveniles con esa nueva FP a los 15, debería pedir a sus asesores un buen informe sobre lo que fue la FP a los 14). La LOGSE de 1990, que pretendía dignificar la formación profesional exigiendo el requisito de ser graduado en la ESO para los Ciclos de Grado Medio y en Bachillerato para los de Grado Superior, así como cerrando el paso directo de un grado a otro, consiguió dejar en la calle a tres de cada diez alumnos, los no graduados en la ESO, y frustrar las expectativas de progreso de los graduados del primer ciclo profesional. La reordenación actual puede fácilmente llevar a que muchos alumnos abandonen el sistema a los dieciséis sin haber salido de la ESO (fácil, con el nivel de repetición de curso español) o con un único curso de formación profesional sin ninguna utilidad en si mismo y una enseñanza común reducida. Ya veremos.

3) ¿Había otra manera de ampliar el bachillerato?

El dudoso nivel medio con que los estudiantes llegan a la Universidad, o el parco nivel con que lo hace una parte nada desdeñable de ellos, está lejos de ser una leyenda urbana. Aunque el problema universitario pueda consistir en alguna medida en que todo profesor es un año más viejo cada curso que pasa mientras que sus alumnos tienen siempre la misma edad, cualquiera que dé clases en la enseñanza superior habrá podido captar síntomas preocupantes. Yo, por ejemplo, sentí seria alarma el curso pasado -quizá porque pasé de Sociología a Educación, todo hay que decirlo- al encontrar algunos alumnos que no distinguen los porcentajes horizontales de los verticales en una pequeña tabla estadística, son incapaces de averiguar por su cuenta qué significa que un texto deba medir “X caracteres o matrices”, pueden tomar la cantidad de alumnos africanos en Madrid por la cantidad de alumnos en África o llegan e errar la ortografía de la mitad de los nombres propios en otras lenguas que han leído u oído.

No debería extrañarnos, sin embargo, en un sistema educativo con la diabólica (de diábolo, a diferencia de la típica estructura piramidal, pero también de diablo, por sus efectos perversos) distribución del nuestro, que, redondeando, deja en la calle en la primera ocasión a cuatro de cada diez alumnos (el porcentaje de abandono escolar prematuro, los que inicialmente no pasan de la obligatoria) a la vez que permite ingresar en su nivel más alto, el terciario, a otros cuatro (los que acceden a la universidad). Resulta difícil comprender que el mismo sistema pueda producir tanto fracaso y tanto éxito a la vez, tanto abandono prematuro y tanta permanencia hasta el final. Si hay que ponerle otro calificativo, digamos que es un sistema altamente polarizado, pero resulta que lo que nos dicen las pruebas PISA, y las administraciones bien que se han ocupado de subrayarlo, es que, por lo que concierne a su capacidad formativa, nuestro sistema educativo no es tal, que es notablemente equitativo e igualitario, o sea, que nuestros alumnos se agrupan más bien en torno al discreto término medio. Aunque ese cuarenta por ciento de acceso a la Universidad sea el objetivo de la Europa 2020 que mejor cumplimos, no cabe olvidar que se hace como parte del incumplimiento espectacular de otro más amplio, el de que el ochenta y cinco por ciento termine al menos un ciclo de secundaria superior. En definitiva, dejémonos de eufemismos y florituras: un sistema educativo mediocre que envía a cuatro de cada diez alumnos a la Universidad sólo puede hacerlo si el nivel de exigencia en ésta es bajo, al menos de entrada.

En ese contexto cobra sentido la propuesta de ampliar el bachillerato, pero ni necesaria ni probablemente en detrimento de la ESO. De hecho, sin tocar ni la ESO ni el Bachillerato se podría haber optado por otra vía con las mismas ventajas y alguna más: (re)introducir el curso preuniversitario, de orientación universitaria o como se le quiera llamar. Un curso adicional con la exclusiva función de servir de tránsito a la Universidad, con enseñanzas más especializadas en función de la orientación elegida, ni exigible ni útil para acceder a los Ciclos Formativos de Grado Superior. Quienes accediesen a la Universidad lo harían mejor filtrados por un último curso más exigente, diseñado para ello sin condicionamientos debidos a la opción de ir a la Formación Profesional, más preparados e incipientemente especializados. Quienes no tuvieran una clara orientación a la Universidad se verían llevados a optar, al cabo del bachillerato, entre un tercer año adicional de contenido aún más académico y un recorrido en conjunto un año más largo para llegar al título universitario, de un lado, o la posibilidad de obtener un título de formación profesional de grado superior en sólo dos años, lo que cabe suponer que haría relativamente más atractiva la segunda opción, o menos atractiva la primera, que en la estructura actual. Los graduados universitarios, con cuatro años de universidad más uno previo entre ésta y el bachillerato propiamente dicho, se parecerían más a los antiguos licenciados con cinco años de estudios superiores.

En definitiva, se podría haber reforzado la vía académica reduciendo el coste de oportunidad de acudir a la formación profesional y sin reducir la enseñanza común. Pero quizá sea que sólo se quería hacer esto último. O que se quería hacer lo primero a coste cero económico y a cualquier coste social.

4) La OCDE, contra la política educativa del gobierno actual

La organización intergubernamental acaba de hacer público un informe, Equity and Quality in Education: Supporting Disadvantaged Students and Schools, en el que llama a evitar las políticas que, en el nivel del sistema educativo (es decir, de su ordenación), conducen al fracaso de escuelas y alumnos. Comprende cinco recomendaciones que vale la pena mencionar, pues, una por una, son exactamente lo contrario de lo que el PP desde hace tiempo, y sobre todo el nuevo ministro desde las últimas elecciones, tienen en su agenda. Ahí van.

1. Eliminar la repetición de curso. Aunque esta cuestión no fue mencionada en la comparecencia de Wert, justamente el hecho de no mencionarla, en un país en el que cuatro de cada diez alumnos ya no están en la edad idónea, o en el curso idóneo, a los 15 años (han entrado tarde o, lo más probable, han repetido alguna vez curso), y a fortiori al terminar la ESO, es lo mismo que decir: “Me gusta”. Por lo demás, la leyenda urbana de que aquí se pasa curso con cuatro suspensos (o con tres, o con cinco, da igual), tan extendida entre lo más decimonónico del profesorado, la derecha política y la caverna mediática, equivale a decir: “No sólo nos parece bien que se repita, sino que se debería repetir más.”

2. Evitar los itinerarios prematuros y posponer la selección hasta la secundaria superior. En el momento en que el plan del gobierno consiste en reducir la secundaria inferior (la ESO) de cuatro años a tres, y sin duda reforzar los itinerarios en el último de éstos (que ya lo habían sido por el gobierno anterior, renunciando a otras medidas de mayor riesgo político frente al fracaso y en un vano intento de lograr el consenso con la derecha), la OCDE recomienda sin ambages renunciar a los itinerarios y, si los hubiera, eliminar al menos los de bajo nivel.

3. Gestionar la elección de centro evitando la segregación y las desigualdades crecientes. En otras palabras, la organización avala la elección de centro, pero con la condición de que no desemboque en una segregación social ni por capacidades ni amplíe desigualdades. Para evitarlo propone planes de elección limitada, una distribución más equilibrada de los alumnos con necesidades especiales y e incentivos para que las mejores escuelas acepten a éstos, así como mejorar la información para las familias en desventaja. En definitiva, elección pero controlada, de ninguna manera barra libre.

4. Hacer que las estrategias de financiación respondan a las necesidades de los alumnos y las escuelas. Tras este epígrafe algo enigmático lo que se halla es la propuesta de que se garantice el acceso a una educación y un cuidado de calidad en la primera infancia: cuidado y educación, no sólo lo primero, como dio a entender el ministro al afirmar, sin matices ni equívocos, que la educación de cero a tres años no era educación. Y una fórmula de financiación ponderada que parta de que los costes escolares de los estudiantes en desventaja pueden ser superiores, algo a recordar en un momento en que los recortes están dañando especialmente a los programas compensatorios.

5. Diseñar en la educación secundaria superior vías de igual valor para asegurar la titulación. Lo contrario, por tanto, de lo que parece querer el gobierno, que, más allá de las proclamas sobre “recuperar” (¿?) el prestigio de la formación profesional, que ningún gobierno ha dejado de lanzar a lo largo de toda la democracia, amplía el bachillerato pero anticipa la formación profesional; el gobierno de un partido que, en el ámbito regional, experimenta con el bachillerato de excelencia, es decir, con subdividir más la secundaria superior distinguiendo bachilleratos de desigual valor, i.e. de primera y de segunda, de excelencia y de aluvión.

Blanco y en botella, por consiguiente. Cada una de las cinco recomendaciones de la OCDE sobre la ordenación del sistema educativo apunta en dirección contraria a la elegida por el gobierno para su reforma educativa. Que suceda esto justamente con la organización económica del club de los países ricos, poco proclive al izquierdismo, sólo es una indicación del calado derechista y reaccionario de la agenda del partido popular en este ámbito.

Todos los enlaces, de http://enguita.info/

  • Rescatado de "El País".

    La escuela ha incumplido la promesa de lograr el éxito generalizado en la enseñanza obligatoria porque, tratando a todos de modo uniforme, produce al mismo tiempo sus genios y sus cretinos, éxito y fracaso, como no podía ser menos. Ante eso hay dos posibilidades: diversificar radicalmente para llevar a todos al mismo objetivo o destino por vías y/o a ritmos distintos, o declararlos desiguales en derechos y capacidades para consagrar las desigualdades sociales como diferencias personales. El PSOE fue incapaz de hacer lo primero porque nunca se atrevió con la rigidez del sistema y el corporativismo del profesorado, al que creía un electorado fiel (!). El PP va a optar por lo segundo porque cuadra con su idea de una sociedad desigual, con seres superiores e inferiores, y se lo pide buena parte del profesorado.

    Si sus proyectos prosperasen tendríamos a dos tercios de los alumnos en bachillerato a los quince años mientras, a su lado, el otro tercio recibiría su dosis de formación profesional anticipada o vegetaría a la espera de abandonar. Quién sabe si combinado con la otra ocurrencia en marcha: separar a un tercio de los alumnos de bachillerato en una versión de excelencia. En definitiva, la total reestratificación de las enseñanzas medias al gusto pseudo meritocrático de quienes quieren creer que son más ricos por ser más listos y esforzados.
    La propuesta ha suscitado otro demonio: ¿querrá el PP introducir por ahí la concertación de la secundaria post-obligatoria, dado que a priori el primer curso del bachillerato lo estaría pero los siguientes no?

    Probablemente, pues hace tiempo que sus gobiernos madrileño y valenciano despliegan una agresiva política de privatización, y Rajoy ha puesto el acento en la elección de centro en el programa electoral y en el debate de investidura. Es razonable que, si se asume el objetivo de un 85% de jóvenes con secundaria superior, se garantice de un modo u otro su gratuidad general, pero ni es obligado recurrir a los conciertos ni es ésa la cuestión. Aquí, derecha e izquierda están donde siempre han estado, y quienes tienen un problema hamletiano son sólo los que querrían librarse de ciertos alumnos pero conservar las plazas de funcionario que los acompañan.

    Fuente: http://enguita.info/trocear-la-secu...

  • Últimamente no cesamos de escuchar cómo términos propios del mundo de la empresa y los negocios se cuelan en el discurso sobre educación: “competencia”, “excelencia”, “premio al esfuerzo”, “evaluación de resultados”, “rentabilidad”, “ley de la oferta y la demanda”, etc.

    Desde la administración educativa parecen empeñados en diseñar planes en los que se trata a los estudiantes como productos, a los padres como clientes y a las escuelas como empresas. Se trata de convertir a la escuela en una institución “económicamente útil” bien a través de la privatización de sus espacios y servicios o desviando fondos públicos hacia instituciones privadas, bien formando a los futuros trabajadores e incluso seleccionándolos a través del establecimiento de auténticos “guetos educativos”.

    No vamos a profundizar aquí en el desvío de fondos de lo público a lo privado. Los datos de la Comunidad de Madrid, punta de lanza de la política educativa del actual gobierno, hablan por si solos. Que la ampliación de bachillerato a tres años tiene como finalidad la concertación generalizada del bachillerato, que la implementación del bachillerato de excelencia tiene como resultado la implantación de la zona única educativa, beneficiando así a las escuelas concertadas es conocido por todos. Vamos a centrarnos en esa otra forma de privatización que consiste en introducir la lógica del beneficio en el seno mismo de la escuela.

    Veamos cómo se logra este objetivo analizando las propuestas del nuevo ministro de Educación.

    Enlace: Escuela o empresa, ¿Galton en las aulas? / Cecilia Salazar Alonso

  • Enlace: Retorno al pasado - Vuelve el examen de ingreso

    Tras la primaria, sin embargo, resulta difícilmente comprensible y absolutamente inaceptable. Téngase en cuenta que no estamos hablando de una prueba de diagnóstico, que ya estaba llegando por otras vías, sino de una prueba selectiva. Las propuesta del Ministerio, aun con toda la confusión que la acompaña, se dirige con claridad a separar a los alumnos a esa edad:podemos apostar a que no tardarán en llegar los grupos de nivel, las diversificaciones a menos, los itinerarios de iniciación profesional (ahora que ya se anticipan a tercero, podrían completarse con preitinerarios -perdón: diversificaciones, adaptaciones…- en segundo y en primero., porque esa es la inercia del sistema y lo será más en tiempo de recortes. Pues, si se tratara de reforzar, ¿no sería más lógico detectar los problemas y poner los refuerzos desde los primeros cursos de la escuela primaria?

    ... Se entiende ahora mejor la filia alemana de Wert, el secreto de cuya admiración no era el sistema dual sino la segregación de los alumnos a los doce años de edad. El sistema dual no saldrá adelante, porque para eso hace falta otro empresariado, pero la segregación temprana sí, porque para eso se basta Wert. ¿Y quién será segregado? Adivínenlo: la mayoría de los gitanos, una buena porción y inmigrantes y una proporción sustancial de cualesquiera otros.

  • Enlace: Contra los recortes, pero no de cualquier manera

    No me parece bien asimilar “los recortes que la Educación y sus profesionales están sufriendo”. Me opongo a esos recortes en educación, tanto más en la forma y en la cuantía que se están dando, y lamento los que sufrimos “sus profesionales” (algunos más que otros), pero creo que los están sufriendo mucho peores quienes no tiene la fortuna de trabajar en el sector público, creo que no vale decir simplemente no a todo y no olvido que, en otros aspectos, esto era no hace mucho y es todavía una piñata (jubilaciones anticipadas, jornada continua, descontrol del tiempo laboral no lectivo…).

    No creo que esa alianza de sindicatos de clase y corporativos, de derechas y de izquierdas, esté en condiciones de afirmar que defiende la igualdad y la equidad en la educación, más allá de su simple engorde, que es el nuestro. Pienso más bien que algunos de ellos han sostenido sistemáticamente mecanismos antiigualitarios, regresivos, ineficientes e ineficaces cada vez que ha convenido a sus intereses.

  • PISA con garbo: la calidad de la educación

    17 de enero de 2014 18:14

    "Mientras tirios y troyanos discuten si los siempre mediocres resultados de España en las pruebas PISA de calidad educativa son culpa de la LOGSE o de los recortes, o sea, de la izquierda o la derecha, quienes quieran explorar el informe a la busca de pistas sobre cómo mejorar el estado del sistema educativo deberían reparar en lo que nos dice sobre los profesores y su trabajo. Por ejemplo:

    - Que sólo el 10% de los alumnos acuden a escuelas en las que los directores informan de que los docentes más expertos observan (supervisan) las lecciones de los más jóvenes, mientras que en el conjunto de la OCDE lo hace un 69%.
    - Que sólo el 22% de los alumnos asisten a escuelas en las que los profesores se revisan mutuamente la programación, los instrumentos de evaluación o las lecciones mismas, mientras que en la OCDE lo hace el 60%.
    - Que sólo el 26% de los alumnos asisten a escuelas cuyo director afirma que existe algún tipo de asesoramiento (mentoring) a los docentes para mejorar su docencia. lo que en la OCDE sucede en los centros del 72% del alumnado.
    - Que sólo el 13% acuden a escuelas que hacen públicos sus resultado, frente al 43% de media en la OCDE.

    Y así sucesivamente. Para muchos, cualquier cambio en esto sería un atentado contra la autonomía y la profesionalidad de los docentes. Para mí, la situación actual no sólo oculta las prácticas deficientes e impide corregirlas y mejorarlas sino que convierte la práctica docente en una práctica solitaria y sin retroalimentación alguna".

    "Los siete primeros clasificados en PISA son sistemas educativos asiáticos: Shanghai (23 millones), Singapur (5), Hong-Kong (7), Taipei (3, pero Taiwan 23), Corea (del Sur, 50), Macao (0.5, pero toda China 13.550), Japón (128). Hasta Vietnam (89), incomparablemente más pobre y atrasado y tras decenios de guerra, se coloca en la decimoséptima posición, 17 puntos por encima de la media de la OCDE y 27 por encima de España. (...) quienes quieran hacer inversiones productivas tendrán que ver PISA, para saber lo que pueden esperar de sus posibles futuros trabajadores. Verán también otras variables, sin duda alguna, pero es muy posible que empiecen por esa: la cualificación de la mano de obra… al menos para aquellos procesos productivos que la requieran. Tomemos PISA, pues, como una advertencia de lo que se nos viene encima: por un lado, como aviso de la pujanza de los países de Asia Oriental (y falta la India, que además habla inglés y que, aunque tenga millones de niños mal escolarizados, está abordando iniciativas muy innovadoras en el uso combinado de escuela y tecnología), algo de lo que aquí no somos muy todavía muy conscientes pero que en los Estados Unidos es casi un tema obsesivo; por otro, como recordatorio de nuestra acomodación a la mediocridad, que, si no le ponemos pronto remedio, terminaremos pagando muy cara (ya hemos empezado)".

    Fuente: http://blog.enguita.info/2013/12/pi...