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El discurso con el que se justifica la presencia militar española en Afganistán

Lunes.2 de abril de 2012 313 visitas Sin comentarios
Vean hasta qué punto la prensa es capaz de edulcorar la realidad en sus reportajes al servicio del ministerio de defensa. #TITRE

"No es fácil convencerles de que dejen la insurgencia", ha recalcado el capitán, quien ha asegurado que la insurgencia brinda "miedo a la gente", mientras que "España ofrece seguridad, vivir tranquilos y que llegue el agua potable para que puedan beber sus niños".

Tampoco resulta fácil convencer a los legionarios de que abandonen el ejército invasor, sobre todo porque el ministerio de defensa les paga un dineral por estar allí sirviendo los intereses de Estados Unidos (entre otros). Y sí, como dice el capital -perdón, el capitán, los ejércitos que ocupan el país lo hacen para que haya seguridad, la gente viva tranquila y los niños puedan beber, como queda claro en noticias frecuentes del estilo de esta:

Los ejércitos aliados invasores justifican el asesinato de ocho adolescentes en Afganistán

O estas otras: http://www.grupotortuga.com/+-Inter...

Nota de Tortuga


Legionarios españoles primera línea en Afganistán: "Es duro y peligroso, pero asumimos el riesgo"

Ángel Apezteguia, Ludina (Afganistán) | EFE

Éste es el testimonio de los militares españoles destacados en Afganistán que luchan en el puesto de combate de Ludina. Entre sus labores, convencer a los insurgentes de que abandonen la resistencia.

"Es duro y peligroso, pero asumimos el riesgo", confiesan los militares españoles destacados en Afganistán que luchan en primera línea, en el puesto de combate de Ludina, por la paz y gobernabilidad del país y contra la insurgencia y los talibanes.

Unos 130 militares, la mayoría legionarios de la séptima bandera con sede en Viator (Almería), integran este puesto de combate, denominado COP, situado en la zona más "caliente" de la provincia de Badghis, área de responsabilidad española, donde se han registrado los dos últimos ataques, que causaron un muerto y un herido.

Durante una jornada compartida por primera vez con medios de comunicación, entre ellos Efe, los soldados y sus mandos han revelado que ante el latente riesgo sienten "respeto pero no miedo" al estar en primera línea del frente.

Desde su "búnker" de Ludina repelen ataques de la insurgencia -cerca de una decena en los últimos tres meses- y coinciden en afirmar que es clave ganarse "la mente y el corazón de los afganos" para lograr el éxito de la misión.

El capitán Miguel Ángel Carnerero, jefe del puesto de combate, ha explicado que el objetivo de la compañía que manda es proporcionar seguridad en la construcción de la ruta Lithium, principal vía comercial de la provincia, y apoyar la gobernabilidad.

Ha añadido que los militares en Ludina, que viven en unas instalaciones fortificadas y de forma aislada, además de hacer patrullas y "limpiar" la zona de explosivos, mantienen reuniones con la población para intentar ganarse a la población.

"No es fácil convencerles de que dejen la insurgencia", ha recalcado el capitán, quien ha asegurado que la insurgencia brinda "miedo a la gente", mientras que "España ofrece seguridad, vivir tranquilos y que llegue el agua potable para que puedan beber sus niños".

El capitán Carnerero, que hoy pasa el mando al capitán José Ignacio Armada, ha confesado sobre la situación de seguridad que "no sabes reconocer a los enemigos, pero cuando te atacan sabes que son los malos".

La base española ha recibido en los últimos tres meses cerca de diez ataques con disparos desde el exterior, el último hace unos 15 días. "Por suerte nunca ha habido consecuencias" en estos hostigamientos que suelen lanzarse desde una colina a unos 1.200 metros, ha coincidido en señalar el capitán Armada, el nuevo jefe del puesto de combate de Ludina.

El tirador de élite, el cabo mayor Francisco Javier Espinosa, apostado en una de las cinco garitas de vigilancia de la base ha manifestado a Efe que él "no mata a nadie sino que defiende" a sus compañeros. Esta base es una fortificación aislada, en las proximidades de la localidad de Ludina, está capacitada para sobrevivir sin ayuda un mes y medio y cuenta con unas instalaciones provisionales y rodeada de altos muros y sacos terreros, típicos en las trincheras.

Para llegar hasta allí, hay una treintena de kilómetros, en los que un convoy tarda en recorrer unas tres horas y media por la ruta Lithium, una vía polvorienta y llena de baches.

En este sentido, un convoy de 39 vehículos y un centenar de militares se ha trasladado hoy de la base de Qala i Naw a Ludina para llevar personal de relevo y víveres como comida, agua o combustible. Esta operación se ha completado por "zona no segura" y bajo la amenaza de existencia de artefactos explosivos improvisados (IED), lo que ha exigido varias paradas, especialmente en las zonas donde anteriormente se hallaron explosivos, para que los desactivadores hicieran su trabajo.

Este tipo de traslados son "operaciones muy serias", que implican la participación de aviones, helicópteros y aeronaves no tripuladas para garantizar la seguridad, según el comandante Valverde, de la sección de inteligencia del contingente español.

Hace un mes un IED explotó en esta zona, matando a un afgano e hiriendo a cuatro soldados estadounidense.

Los 130 legionarios de Ludina forman parte del contingente español desplegado en la misión en Afganistán, que cuenta con unos 1.500 militares, de los que 1.300 están estacionados en la base de Qala i Naw y el resto en la base de Herat.

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