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El desafío de la lactancia materna

Domingo.22 de enero de 2017 60 visitas Sin comentarios
Patricia Terino, laesferagris #TITRE

Patricia Terino responde al artículo publicado por Emma Riverola en elperiodico.com donde ésta basa su tesis en que tras décadas de lucha por la igualdad laboral, la lactancia extendida pueda convertirse en un nuevo y voluntario yugo ideológico que frene las aspiraciones de las mujeres.
En este artículo-respuesta Patricia cuestiona la tesis de Enma y contraargumenta que la lactancia materna se convierte en muchas ocasiones en un signo subersivo del orden constituido.
El debate feminista sobre este tema esta servido.

Con su desafortunada expresión “¡Con la lactancia hemos topado!” y con las críticas vertidas hacia aquellas madres que no sucumben a las imposiciones y exigencias del sistema, Emma Riverola demuestra no solo un desconocimiento absoluto sobre las necesidades de los bebés y los niños, sino también acerca del ser humano en su totalidad, haciendo un análisis muy superficial de la sociedad en la que este se inserta.

La lactancia materna no supone exclusivamente una serie de ventajas de diversa índole, que incluso la propia escritora reconoce, sino que se trata de una de las cualidades más distintivas y determinantes de nuestra especie, y que como tantas otras, muchos se empeñan en eliminar, en aras de la consecución del progreso y el bienestar que desde el Siglo de las Luces nos han enseñado a defender.

Lo que no nos decían en esas historias que G. Vattimo, uno de los pensadores más representativos de la Postmodernidad filosófica, denominó muy acertadamente metarrelatos, es que para lograr esos objetivos tendríamos que renunciar a buena parte de lo que somos, de lo que nos constituye, y que debíamos doblegarnos ante un sistema que denomina progreso a la estructura social más alienada de toda nuestra historia; que califica de emancipación femenina la posibilidad de una entrega y sumisión absoluta al poder constituido en el ámbito laboral, político o social; que llama progreso al hecho asumido por el orden hegemónico imperante de que la economía de mercado, los beneficios y la competitividad permanente priman sobre las personas y su necesidad de ser persona, y no un mero dato en el balance económico anual.

La lactancia materna se convierte en muchas ocasiones, más allá de lo que biológicamente supone, en un signo subversivo del orden constituido, donde las madres que optan por una lactancia prolongada, renunciando o posponiendo sus proyectos en el ámbito laboral, social o personal, son atacadas, entre otros sectores, por el feminismo de la igualdad, que dice ver truncados en esta práctica ancestral, todos sus esfuerzos y triunfos conseguidos en la lucha por la emancipación femenina.

Tal vez sea conveniente plantearse si el concepto de emancipación que el orden patriarcal ha instaurado es el mismo que reivindicaban y perseguían nuestras antecesoras, cuya lucha nos otorgó muchos de los derechos de los que ahora disfrutamos y nos ofrecieron los conocimientos de los que disponemos.

Desde el feminismo sufragista de Mary Wollstonecraft, el liberal de Harriet Tylor Mill, el de la diferencia de Lou Salome, el filosófico de Simone de Beauvoir, el de la eliminación del género de J. Butler o el del ecologismo de V. Shiva, todas estas propuestas y muchas otras de diversa índole nos han hecho más conscientes de lo que somos y de las imposiciones que la mujer ha sufrido a lo largo de nuestra historia.

Pero seguir reprimiendo, cohibiendo o renunciando no puede ni debe ser el camino a seguir, ya sea reprimir, cohibir o renunciar a criar a nuestros hijos, a amamantarlos, a su derecho a estar junto a sus padres, a la propia maternidad, a poder hacer o estudiar lo que no se les permitió a nuestras abuelas, o acceder a esos codiciados puestos de responsabilidad que al parecer todas perseguimos. La auténtica transformación y en este caso, emancipación, pasa por no tener que renunciar nunca más a lo que somos o queremos ser.

La nueva forma de esclavitud impuesta por el sistema que nos consume no es la lactancia materna o la crianza natural, sino el modelo de emancipación, independencia o liberación que nos han hecho creer que hemos conseguido por el hecho de poder renunciar a la maternidad, o por que nuestros hijos puedan ser criados por otros, o por dedicar jornadas maratonianas a nuestros trabajos y a sus correspondientes puestos directivos, o por tener la oportunidad de vivir en un insatisfactorio consumo permanente para cubrir el vacío creado por las contradicciones y necesidades impuestas por el mundo del progreso que hemos construido.

Fuentes:

http://laesferagris.blogspot.com.es...

Articulo de Enma Riverola: http://www.elperiodico.com/es/notic...

Tomado de Rebelión

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