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"El compartir produce milagros"

Miércoles.1ro de junio de 2016 222 visitas Sin comentarios
Un cuento. #TITRE

En un pequeño pueblo una mujer se llevó una gran sorpresa al ver que llamaba a su puerta un extraño correctamente vestido, que le pedía algo de comer.

—Lo siento —dijo ella—, pero ahora mismo no tengo nada en casa.

— No se preocupe —dijo amablemente el extraño—, tengo una piedra de sopa en mi cartera. Si me permite echarla en una olla de agua hirviendo, yo haría la sopa más exquisita del mundo.

Presa de curiosidad, la mujer consiguió una olla y la puso al fuego. Luego les fue a contar el secreto a sus vecinas, que acudieron enseguida para ver aquel extraño y su sopa de piedra.

El extraño dejó caer la piedra en el agua, luego probó una cucharada con verdadero deleite y exclamó:

—¡Deliciosa! Lo único que necesitaría es unas cuantas patatas…

—Yo tengo unas cuantas patatas en mi cocina —gritó una mujer—. Y en pocos minutos estaba de regreso con una gran fuente de patatas peladas que fueron derechas a la sopa.

El extraño volvió a probar el brebaje. Excelente, dijo, y añadió pensativamente:

—Si tuviéramos un poco de carne, haríamos un cocido más apetitoso.

Otra ama de casa salió disparada y regresó con un pedazo de carne que el extraño, tras aceptarlo agradecido, introdujo en el puchero. Cuando volvió a probar el caldo puso los ojos en blanco y dijo:

—¡Qué sabroso! Si tuviéramos unas cuantas verduras, sería perfecto, absolutamente perfecto…

Un de las vecinas fue corriendo hasta su casa y volvió con una cesta llena de cebollas y zanahorias. Después de introducir las verduras en el puchero, el extraño probó nuevamente la sopa y dijo:

—Falta un poco de sal.

—Aquí la tiene —dijo la dueña de la casa—, aunque nos faltan platos para todo el mundo.

Las vecinas se apresuraron a ir a sus casas en busca de platos. Algunos regresaron trayendo incluso pan y frutas. Todos se sentaron a disfrutar de la espléndida comida, mientras el extraño repartía abundantes raciones de su increíble sopa.

Todos se sentían extrañamente felices mientras reían, charlaban y compartían por primera vez su comida juntos. En medio del alborozo, el extraño se escabulló silenciosamente, dejando tras de sí la milagrosa piedra que ellos podrían usar siempre que quisieran hacer la más deliciosa sopa del mundo.

Por José Luis Suárez

Fuente. El mensajero

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