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Educación y trabajo real

Jueves.28 de agosto de 2014 198 visitas Sin comentarios
Reseñado por Contreras Marijuan. #TITRE

¿Utopías tecnológicas?: "En los 90, los padres todavía apuntaban a sus hijos a clases de informática... Hoy, los niños saben subir una fotografía a la nube en tercero de primaria, sin que nadie haya tenido que enseñarles. Los nativos digitales son fanáticos de las redes sociales, mandan en las compras familiares y les gusta compartir sus experiencias con el resto de internautas".


> "Los seres humanos producen y se producen; la realidad social es producción porque se produce a sí misma, a sus participantes y a sus modos de existencia ... Uno de los empeños de la obra marxiana es pensar juntos el trabajo productivo y la enseñanza: esas operaciones que, de oficio y oficialmente, son separadas por los trabajadores de la educación. Marx cree, no que la educación sea burguesa por su contenido -ni porque la haya inventado la burguesía, ni porque la administre ésta-, sino por su propia estructura. Piensa que el sistema educativo constituye el instrumento de reproducción propio de las clases dominantes: que los intereses de éstas exigen separar escuela y producción, niños y adultos, teoría y práctica. Para él, el medio de reproducción es el trabajo: niños y adultos juntos, y aquéllos -no meramente aprendiendo-, sino produciéndose trabajando. Sentar, sin más, a los trabajadores en los bancos de la escuela de las clases dominantes constituye para él una operación de mixtificación ideológica y política radical. No se trata de que la escuela no sea socialmente neutral porque los profesores ideológicamente no puedan serlo, sino porque constituye un instrumento que, independientemente de lo que haga o quiera hacer el profesorado, disocia a los niños de los adultos, escinde el pensamiento y la acción. Los niños son extremadamente serios, y aunque se les pasa, es difícil encauzar sus ardores y rentabilizar su pasión. El juego divertido lo han inventado los mayores: podría ser que los niños estuviesen constantemente trabajando, que esto fuese lo suyo. Viendo jugar a un niño podría quizás obtenerse una imagen de la seriedad, de la pasión, de la concentración, de la autoproducción, esto es, del trabajo. Esa infancia a la que quieres regresar los adultos dimisionarios no ha existido nunca, salvo como proyección de la senilidad de los adultos, desembocadura de sus sueños regresivos. Marx escribe: "Precisamente los trabajos realmente libres, como, por ejemplo, la composición musical, son, al mismo tiempo, condenadamente serios, exigen el más intenso de los esfuerzos". Eximir a los jóvenes del trabajo real es hacer que éstos internalicen y personifiquen la escisión -y descuartizamiento- entre manos y cerebro, hacer que estén en condiciones de reproducir las reglas de juego de esa escisión; la estrategia de las clases dominantes pasaría por dejar a los jóvenes eximidos de la división del trabajo para, en un momento dado, llamarlos a filas de una organización jerárquica de esa división, ofrecida como la sola e incuestionable realidad. Mientras las clases dominantes tratan de identificar enseñanza y educación formal, la posición de Marx es que de educación lo menos posible, y en cuanto a la enseñanza, ésta unida al trabajo, y ello dentro de una continuidad generacional en la que predomine la socialización por familiaridad. La operación de juntar las voces de marxismo y educación recuerda a la de mencionar la soga en casa del ahorcado" - ’Reprimir y liberar’ / Carlos Lerena. - Akal, 1986.

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