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EEUU sostiene la campaña bélica saudí en Yemen

Lunes.22 de agosto de 2016 177 visitas Sin comentarios
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Iñigo Sáenz de Ugarte

El coste de la guerra de Yemen ha superado los 14.000 millones de dólares, según un informe encargado por varias instituciones internacionales al que ha tenido acceso Reuters. Los daños directos creados por los combares son valorados en 7.000 millones y el impacto económico en 7.300 millones. El informe está fechado en mayo y fue suscrito por el Banco Mundial, la ONU, el Banco de Desarrollo Islámico y la UE. Se trata de una exclusiva de Reuters, por lo que hay que deducir que esas intervenciones decidieron no hacer público el contenido del informe hace unos meses.

Ese conflicto bélico es una guerra civil y al mismo tiempo una intervención militar realizada por Arabia Saudí y sus aliados en el Golfo Pérsico. Los saudíes han llevado a cabo una campaña de bombardeos constante, con una leve pausa en los últimos meses, contra las milicias chiíes huzíes que controlan la capital y también la infraestructura civil del país. A una escala inferior, los saudíes han utilizado fuerzas de tierra, en especial unidades blindadas.

EEUU colabora con Riad de dos formas. Desde el primer día, facilitando información de inteligencia sobre los objetivos que pueden atacar y los daños infligidos. Después, suministrando el equipamiento militar que los saudíes necesitan reemplazar.

En la primera semana de agosto, se ha producido otra de esas ventas masivas de armamento con la que Arabia Saudí puede seguir destruyendo Yemen. El Pentágono y el Departamento de Estado han autorizado la venta de 153 tanques Abrams por un valor de 1.200 millones de dólares. La notificación precisa que se trata de 133 tanques y además otras 20 unidades que se utilizarán para reemplazar otros tanques “dañados en combate”.

Es la única referencia indirecta que podemos interpretar como relacionada con la guerra, porque en el comunicado no se hace mención a Yemen. El comunicado sí dice: “La venta propuesta de este equipamiento y apoyo no alterará el equilibrio militar básico en la región”. Es una frase que es difícil de creer si la relacionamos con el conflicto bélico de Yemen. Aparece para impedir que algún congresista se oponga a la venta. El Congreso tiene 30 días para oponerse a la transacción, lo que probablemente no hará. El montante completo de la venta llega a 1.500 millones.

Esa cantidad de 20 tanques extra confirma que los saudíes han sufrido pérdidas relevantes en Yemen frente a las milicias huzíes. Era algo que se podría comprobar en imágenes grabadas por los combatientes chiíes, que cuentan con misiles antitanque facilitados por Irán o conseguidos en los arsenales del Ejército de Yemen. Vehículos, blindados o tanques han sufrido esos ataques.

En agosto, Riad ha reanudado los ataques aéreos tras el colapso de las negociaciones promovidas por la ONU, y una vez más varios de sus objetivos tienen un carácter civil. Aviones saudíes o de sus aliados mataron a 19 personas el sábado, con varios niños entre las víctimas. Hubo un ataque la casa del director de un colegio de la localidad de Birken en el norte. Cuando sus familiares corrieron hacia los escombros para sacar a las víctimas –murieron su esposa y cuatro de sus hijos–, otros aviones o los mismos volvieron para bombardearlos. Otras cuatro personas murieron.

El lunes, otro ataque tuvo como objetivo un hospital apoyado por Médicos sin Fronteras en la provincia norteña de Hajjah. En ese momento, “el hospital estaba repleto de pacientes recuperándose de intervenciones quirúrgicas, mujeres en la maternidad, recién nacidos y niños en el área de pediatría”, cuenta MSF. 15 personas murieron y 24 quedaron heridas. “Con el cierre de este hospital que servía a toda la región, la comunidad se ha visto ahora privada de servicios médicos esenciales justo en el momento en el que el acceso a estos es una cuestión vital”, dijo Juan Prieto, coordinador general de MSF en Yemen.

Ambos casos, atacar a las personas que buscan supervivientes tras un ataque aéreo y bombardear un centro sanitario, pueden ser considerados e investigados como crímenes de guerra.

Carreteras, almacenes, fábricas, depósitos de agua, hospitales, colegios, estaciones eléctricas y puentes han sido destruidas por la aviación saudí. Ha sido un asalto sobre toda la infraestructura civil de un país que ya era considerado el más pobre de Oriente Medio y uno de los más pobres del mundo. EEUU ha suministrado a Arabia Saudí la munición necesaria cuando esta se iba acabando, como ocurrió en noviembre de 2015 con una venta por valor de 1.290 millones. Ahora ha hecho lo mismo con los tanques y otro tipo de material de guerra. Los aviones con que se realizan los ataques fueron vendidos por EEUU y otros países europeos. Entre el material adquirido a empresas norteamericanas están 1.300 bombas de racimo (por un precio de 641 millones de dólares). Arabia Saudí no firmó la convención internacional que prohíbe su uso.

El apoyo de la Administración de Obama a los saudíes en esta campaña militar nunca ha estado en duda. Algunas declaraciones de portavoces del Departamento de Estado, preocupados por el daño a zonas civiles, sólo han servido como gesto propagandístico, porque la ayuda militar es constante y busca precisamente que a Riad no le falte de nada, aunque la utilidad estratégica de muchos de estos ataques sea dudosa.

“Todo es un objetivo”, dijo Tariq Riebl, voluntario de una ONG que pasó varios meses en Yemen el año pasado, al periodista Andrew Cockburn. “En Saada, había burros muertos en la cuneta de todas las carreteras, porque los saudíes estaban atacando a los carros tirados por burros. En Hajjah, destruyeron un depósito de agua de uno de los pueblos, uno que está sobre una colina solitaria. No había nada allí. Cuando atacas un carro con burros o un depósito de agua, ¿cuál es la intención racional? ¿Ese carro con burros transportaba un misil Scud? ¿Cuál es la lógica desde una perspectiva militar?

Es probable que los saudíes pretendan simplemente castigar a la población civil yemení por no haber derrotado a las milicias huzíes, por no haber impedido que tomaran la capital? Es una especie de castigo colectivo que sólo puede causar sufrimiento, porque en una guerra civil raramente la población civil puede imponer su voluntad a los combatientes.

Casi 6.500 personas han muerto en esta guerra. MSF dice que sólo sus centros han tratado a 37.000 heridos. Amnistía Internacional y Human Rights Watch han estudiado 69 ataques en los que murieron 913 civiles.

La embajadora de EEUU en la ONU, Samantha Power, tuiteó este mensaje y foto el miércoles. Obviamente, olvida de forma oportuna que los misiles con los que se destruyó ese puente fueron vendidos por su país. Power tuvo la oportunidad de hacer algo cuando un informe de la ONU sobre el impacto de las guerras en los niños incluyó a los saudíes como responsables de la violaciones de los derechos de los niños por su participación en la guerra. Riad presionó a Ban Ki-moon y le amenazó con cortar las aportaciones económicas saudíes al presupuesto de las agencias de la ONU y sus misiones de emergencia.

Arabia Saudí desapareció de la lista. Power no hizo nada.

El Diario

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