Administración Enlaces Contacto Sobre Tortuga

Desobedecer la injusticia y el abuso policial

Lunes.2 de febrero de 2015 500 visitas - 1 comentario(s)
Argumentación en el juicio del miembro del Grup Tortuga juzgado por manifestarse contra una jura de bandera en Elx. #TITRE

Nuestro compañero Pablo San José, juzgado esta mañana en Elx por una supuesta falta de desobediencia, trató de leer en el juicio y de entregar a la jueza la argumentación que sigue, sin que le fuera posible debido a la brevedad del acto judicial, no teniendo más remedio que resumirlo de memoria sin poder llegar a expresar la totalidad de sus argumentos.
Ya que se ha elaborado esta precisa descripción de lo sucedido el pasado 8 de junio y se han argumentado los datos que deberían de cuestionar la presunción de veracidad de la policía, lo publicamos aquí para que pueda ser conocido.

Tortuga.


Pablo San José Alonso, con dni xxxxxxxxx, vecino de Elx, declaro lo siguiente:

Los hechos.

El pasado 8 de junio de 2014 se realizó en Elche, al final del Paseo de la Estación, junto a una bandera española de grandes dimensiones, un acto de jura de bandera de carácter militar. Unos pocos miembros del Grup Antimilitarista Tortuga acudimos a las cercanías de dicho acto con la intención de realizar una denuncia social del mismo. Nuestra intención siempre fue actuar de forma pacífica y dentro de los límites legales. También evitar la confrontación con los agentes de policía así como con las personas asistentes al acto y que éstas pudiesen sentirse ofendidas. Para realizar estos objetivos la acción consistió en ubicarnos suficientemente fuera del propio acto y alejados de los cordones policiales, aunque en lugar donde pudiésemos ser vistos por personas que acudían hacia el acto o que salían de él. En dicho lugar nuestra intención era realizar una sencilla protesta consistente únicamente en desplegar dos pancartas y mostrarlas en silencio. En una se leía “ejércitos no”, y en la otra se invocaba una frase pacifista copiada de la Biblia, ya que una de las organizadoras del acto era una cofradía de semana santa de la ciudad. De la poca entidad de la acción cabe reflejar que ni siquiera éramos personas suficientes para poder sujetar ambas pancartas y al mismo tiempo tomar algún tipo de fotografía. En la acción participó un menor de unos ocho años e incluso una mascota. El lugar donde desplegamos nuestras pancartas no fue el Paseo de la Estación, como dice el atestado policial, sino el Portell de Granyana, lejos del acto militar y fuera del recinto delimitado por la policía mediante una cinta de balizar que solo cortaba parcialmente el paso a peatones a partir de la entrada al parking subterráneo de vehículos del Paseo de la Estación (ver un cabo de esa cinta atado a una farola en la foto 3 que aporto como prueba). Ante la cinta, en ese lugar, solo había dos policías nacionales que no abordaban a persona ninguna ni cerraban el paso.

En contradicción clamorosa con lo que se afirma en el atestado policial xxxxxxxx que sirve de acusación en este juicio, no solo no atravesamos esa línea balizada sino que no nos acercamos a ella en ningún momento, situándonos a unos diez-quince metros de distancia, frente a la oficina de turismo y en lugar donde está el parking de bicielx. Allí, y no donde dice el atestado, desplegamos nuestras pancartas como puede comprobarse en las fotos 1 y 2 que aporto como pruebas. Los agentes que estaban junto a la cinta de balizar, al contrario de lo que se dice en el atestado, no se dirigieron a ninguno de nosotros en ningún momento ni con intención de identificarnos -como dice el atestado- ni con ninguna otra, limitándose a avisar -entendemos que a la superioridad del operativo- por un aparato radiotransmisor.


Fotos 1 y 2

Instantes después llegó al lugar un grupo de agentes motorizados los cuales estacionaron sus motos ante nuestras pancartas cortando el paso a todo peatón que circulaba por esa acera. Yo en ese momento estaba tomando fotos a dos-tres metros de distancia y recibí la orden de un agente de ponerme junto a mis compañeros. Órden que cumplí. Tras unos breves instantes de diálogo entre ellos los agentes nos ordenaron a gritos que nos echáramos hacia atrás. Al tiempo que ordenaban nos empujaban hasta que la parte trasera de nuestras piernas chocó contra la pequeña valla metálica que separa la acera de la calzada. Yo en ese momento estaba haciendo fotos y se me ordenó que dejara de fotografiar con la amenza de serme requisada la cámara. La foto 3, que aporto como prueba, y que es la última que pude hacer, refleja esta situación.

Foto 3

Tras un par de minutos de impasse se nos ordenó de muy malos modos que abandonáramos la acera y que nos pusiéramos un par de metros más atrás, al otro lado de la valla, en la calzada. En ese momento, tras haber obedecido las órdenes anteriores y haber comprobado que de nuestra obediencia solo resultaban nuevas órdenes en cadena, las cuales nos resultaban absurdas y sin la menor relación con ningún bien jurídico que se pretendiera proteger mediante ellas, pedimos explicaciones sobre la motivación de la orden. Por toda explicación fuimos empujados y arrastrados fuera de la acera. Un compañero rodó por los suelos al ser empujado cuando tenía sus piernas bloquedas por la valla. Otro compañero fue insultado por dirigirse en valenciano a un agente. El trato de la policía fue muy violento y desagradable, además de -en mi opinión- en absoluto ajustado a la legalidad vigente, y daba la impresión de que su objetivo era el provocarnos en busca de algún tipo de reacción violenta por nuestra parte, circunstancia que no se produjo.

Yo fui arrastrado por varios agentes, los cuales me dejaron en la calzada. Quizá un metro más atrás de donde estaba previamente, pero fuera de la acera (véase el absurdo). Ante tal atropello, cuando los agentes volvieron a su posición anterior levanté mi pierna, di un paso y me volví a situar en la acera. En ese momento se encaró conmigo el que entiendo es el policía nacional xxxxxxx, firmante del atestado, que parecía el mando del operativo, ordenándome salir de la acera. Sin faltar el respeto lo más mínimo, le indico que entiendo que su orden no se ajusta a la legalidad, que no considero que tenga la obligación de obedecerla y que por tanto me niego a abandonar por mi propio pie el lugar que ocupo en ejercicio de mis derechos civiles. Su respuesta es un “ud lo ha querido”, al tiempo que llama por radio solicitando un vehículo para proceder a mi detención. En los minutos que tarda en llegar el vehículo me mantengo en dicho lugar sujetando el extremo de una pancarta sin que nadie me obligue físicamente a abandonarlo; una prueba más de que no existía ninguna circunstancia de seguridad a proteger con la orden sino un mero arbitrio del jefe del dispositivo. Conversamos dicho agente y yo esos minutos y le echo en cara la ilegalidad de su actuación, a lo que él me responde con un “que lo decida un juez, si es legal o no”. Claro que si se pone el contencioso en las manos de un juez, como es el caso, lo suyo es que no se hagan trampas ni se pongan piedras en el plato de la balanza reinventando en el parte policial los hechos sucedidos buscando la incriminación del denunciado. Hago notar también al agente que el supuesto perímetro policial de protección está instalado unos metros más allá, y que en todo caso no es lógico que cada medio minuto cambie uno o dos metros. A lo que me responde: “el perímetro policial está en cada momento donde yo le diga”. Según este razonamiento ¿debería obedecer sus sucesivas órdenes de alejamiento hasta tener que recluirme en mi propio domicilio?

Al llegar el coche para realizar mi detención soy engrilletado con las manos a la espalda con las esposas sádica e innecesariamente apretadas. No vi quien me las colocó pero a mi espalda estaba el mismo policía nacional xxxxxx. Mis quejas perfectamente audibles de que el metal estaba cortándome la circulación sanguínea no surtieron ningún efecto y se me trasladó de esa forma a los calabozos de la policía nacional.

Unos 20 minutos después de haber llegado allí, y en una sala para detenidos de la comisaría de policía nacional de Elche, el mismo policía xxxxx acudió a verme, interpreto, con intención de mofarse de mi persona. Allí con sonrisa sardónica me advirtió que “esto es lo que os pasa por echarle pulsitos a la policía”. Al insistir yo en la ilegalidad de su orden y de la misma detención volvió a decir “eso que lo decida un juez”. Al recriminarle yo falta de ética buscando mi daño personal con la detención y las acusaciones falsas por sendos delitos de resistencia y desobediencia grave se sonrió y, señalando al cielo dijo “¿ética?, pues eso lo tendrá que juzgar algún otro juez que haya por ahí arriba”.

Razones que demuestran que en ningún momento rebasamos el perímetro policial.

- a- Las fotografías 1,2 y 3 aportadas y el testimonio de los testigos.
- b- Es ridículo imaginar un grupo de cinco personas, con dos pancartas desplegadas, un niño y un perro tratando de acceder al acto castrense por el centro del Paseo, enfrentando y rebasando el dispositivo policial.
- c- Si el objetivo hubiese sido alguna protesta en una zona “sensible” del acto, lo lógico hubiera sido buscar alguna forma lateral de acceder, y no como elefante en cacharrería (que es el símil que pretende sugerir el atestado policial) por el mismo centro del Paseo de la Estación, en el cual ni siquiera había prensa o público que pudiera presenciar nuestra hipotética acción.
- d- Según afirmaron los medios de comunicación, el dispositivo policial desplegado ese día fue uno de los de mayor entidad que nunca se habían visto en la ciudad. Si el grupo de cinco manifestantes con el niño y el perro hubiésemos tratado de penetrar en la zona más restringida del operativo hubiésemos sufrido una carga policial, hubiésemos resultado todos detenidos y tal circunstancia habría sido noticia relevante en los medios de comunicación. Que no sucedió ninguna de estas cosas se puede comprobar leyendo el artículo de prensa que asimismo aporto como prueba (fotos 4 y 5).

Fotos 4 y 5

Razones que demuestran la no objetividad en su actuación del policía nacional denunciante nº xxxxx y que, por tanto, desvirtúan su presunción de veracidad.

- a- La presunción de veracidad se concede a los agentes de policía en ejercicio de su función como supuestas personas objetivas que no tienen interés personal en la materia a juzgar. Si la materia a juzgar tiene fuertes connotaciones ideológicas y políticas, como es el caso, cabe entender que los agentes, que no dejan de ser personas como las demás, tengan su propia opinión y sensibilidad sobre el tema en conflicto, lo que les pueda llevar a acciones con una fuerte carga de subjetividad.

- b- El policía nacional xxxxxx mantuvo conmigo, al menos, dos conversaciones ante testigos en las que en todo momento mostró tomarse el tema como algo personal, como un pulso en el que debía resultar vencedor por el hecho de tener la sartén por el mango.

- c- El mismo policía se comportó conmigo de forma violenta en el engrilletado, desoyendo mis quejas, y de forma hiriente en la visita que me realizó en comisaría, lo que podría interpretarse como fruto de una antipatía ideológica a mis principios y a nuestra acción.

- d- El propio dispositivo policial se comportó, además de no ajustarse a la legalidad, de forma inusitadamente violenta. Llevo muchos años de activismo noviolento a mis espaldas y nunca había visto tanta desproporción. Ello solo puede entenderse desde razones de no neutralidad y objetividad, o interpretando que los agentes cumplieran órdenes de dar un escarmiento como aviso a navegantes.

Por lo tanto

Nuestra acción consistió en un legítimo acto de libertad de expresión realizado en todo dentro de los límites de la legislación. Estando en ejercicio de ese derecho legítimo fuimos agredidos e insultados por varios agentes policiales, y cuando yo exigí que se me garantizaran esos derechos recibí una agresión, una detención que entiendo es ilegal y el sobrevenido castigo de una denuncia fundamentada en un atestado delirante. De la actuación policial podrían deducirse no pocos delitos, incluyendo el de alteración del orden público. Sin embargo soy yo quien se ve ante el magistrado teniendo que explicar la justicia y legalidad de mi propia acción para evitar una multa. Encima de cuernos penitencia.

Los ciudadanos que tratamos de mejorar nuestra sociedad mediante la noviolencia activa nos encontramos indefensos ante actuaciones policiales torticeras. Y a peor que va a ir la situación con la nueva legislación sobre seguridad ciudadana. Si la judicatura no nos cree y nos ampara, si la policía va a seguir pudiendo criminalizar protestas a base de represión física y denuncias irregulares siendo preeminentemente creídos sus testimonios por los jueces, las pocas libertades que van quedando irán cayendo una tras otra.

Por esa razón, y porque no he desobedecido nada que no debiera ética y jurídicamente desobedecer en salvaguarda de un bien mayor, solicito ser absuelto. Muchas gracias.

Nota: los comentarios podrán ser eliminados según nuestros criterios de moderación.