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Cuanta más violencia, menos revolución

Lunes.12 de marzo de 2012 846 visitas - 6 comentario(s)
Estudio comparativo entre diversos procesos revolucionarios. #TITRE

George Lakey

En la discusión dentro del movimiento Occupy sobre si la violencia es necesaria para lograr cambios en los Estados Unidos, el debate ha combinado hasta ahora tres de las posibles metas del movimiento. ¿Estamos hablando de usar la violencia para lograr un cambio de régimen? ¿O lo que queremos decir realmente es “un cambio de régimen con instituciones democráticas después de ese cambio”? ¿O realmente queremos decir “un cambio de régimen seguido por una democracia en la cual el 1 por ciento pierde su control del poder”? Los movimientos han producido a veces cambios de régimen sin una democracia real y con el mismo uno por ciento aún en su puesto. La Revolución Estadounidense hizo eso: El Rey Jorge fue expulsado y el gobierno resultante, con méritos altamente innovadores, aún no era una democracia para las mujeres, los esclavos ni para la clase trabajadora. Un par de siglos más tarde, el uno por ciento está aún haciendo funcionar a los Estados Unidos. Cierto número de luchas anticoloniales tuvieron resultados similares.

Muchos regímenes son tan represivos que la gente dará sus vidas para cambiarlos, incluso sin garantías de que el nuevo régimen será mucho mejor. Sin embargo, mientras consideramos qué queremos lograr con nuestros sacrificios a la causa, deberíamos preguntarnos: ¿Cuál es el registro histórico de los movimientos que dependen de la violencia para derrocar a sus gobiernos?

Los científicos políticos (y colaboradores de Waging Nonviolence) Erica Chenoweth y Maria Stephan analizaron 323 intentos de cambio de régimen entre 1900 y 2006. Tenían curiosidad sobre el éxito comparado entre las campañas violentas y las noviolentas, entre otras cosas. Descubrieron que las campañas violentas tuvieron éxito el 26 por ciento de las veces, y las campañas noviolentas tuvieron éxito el 53 por ciento de las veces.

La buena noticia es que los regímenes pueden ser derrocados, incluso aunque sus dictadores usen a la policía y al ejército para intentar mantenerse en el poder. La mala noticia es que la gente no siempre gana; cuando usaron la violencia sólo ganaron una de cada cuatro veces. Sin embargo, doblaron sus posibilidades de éxito cuando usaron una estrategia noviolenta.

En nuestra investigación para la Global Nonviolent Action Database, mis estudiantes y yo encontramos varios casos en los cuales los movimientos probaron primero la violencia, vieron que no funcionaba, y entonces cambiaron a una protesta noviolenta y acabaron ganando. El investigador Anthony Phalen nos dice, por ejemplo, que los letones lo intentaron durante años con la guerra de guerrillas contra la dominación de la Rusia Soviética sin éxito, entonces cambiaron a una estrategia noviolenta y lo consiguieron.

En El Salvador, el dictador militar Hernández Martínez había estado en el poder durante diez años y en 1944 era aún lo bastante fuerte para sofocar una revuelta militar. El investigador Aden Tedla escribe que los estudiantes universitarios decidieron entonces intentarlo con una revuelta pacífica, incluso haciendo hincapié en la noviolencia, bautizando a su campaña como huelga de brazos caídos. Los estudiantes catalizaron una insurgencia masiva, y ganaron.

Al principio de los años 70, los Estados Unidos estaban preocupados por el gobierno chileno elegido democráticamente y liderado por el izquierdista Salvador Allende. En 1973 la CIA se unió a los militares chilenos para derrocar a Allende y colocar al General Augusto Pinochet en su lugar. Una revuelta armada se desarrolló entonces contra la dictadura militar de Pinochet, pero fue rechazada. Los investigadores Shandra Bernath-Plaistad y Max Rennebohm describen qué funcionó: una revuelta popular no violenta tuvo éxito echando a Pinochet en 1988. El movimiento tuvo éxito a pesar de que Pinochet usó la existencia de las protestas armadas chilenas como justificación para usar la violencia contra la campaña pacífica.

Dice mucho sobre la flexibilidad de la gente que, incluso después de perder vidas en una lucha violenta por el cambio, pueda ser pragmática y cambiar a algo que funciona mejor. Hay más y más evidencias de que, en igualdad de condiciones, la acción noviolenta es más poderosa que la violenta.

En Serbia, en el año 2000, los jóvenes de Otpor! derrocaron al dictador Milosevic pacíficamente, pero no pudieron establecer una democracia sólida. Los egipcios están trabajando en ese mismo problema ahora mismo, luchando contra un ejército que parece que quiera ser el nuevo Mubarak.

Quizás este problema puede ser resuelto mediante la violencia. Tal vez los movimientos que fuerzan un cambio de régimen mediante la violencia son sólo la mitad de efectivos que los no violentos, pero ¿Qué pasa si compensan sus deficiencias incrementando la posibilidad de que, cuando los movimientos violentos ganan, la democracia sigue más a menudo a ese cambio? De hecho, Chenoweth y Stephan descubrieron lo contrario.

Ellos encontraron que es mucho más probable que las campañas no violentas conduzcan a sociedades democráticas después de que acaben con el anterior régimen. También descubrieron que en las sociedades que los movimientos usaron la acción pacífica fueron menos propensas a acabar en una guerra civil.

Entrevisté a surcoreanos sobre su campaña no violenta de 1986–87 para derrocar la dictadura de Chun Doo Hwan, que fue uno de los dictadores respaldados por el gobierno de los EEUU. Durante los tres primeros años de esa década, el gobierno intentó “limpiar” la sociedad de activistas, eliminando o arrestando a miles de profesores, maestros, pastores, periodistas y estudiantes. Esa ola de represión despertó tanto la hostilidad pública que Chun Doo Hwan se sintió obligado a retirar a la policía militar de los campus y perdonar a los prisioneros políticos.

En lugar de limitar sus quejas a que el gobierno estaba haciendo sólo pequeñas modificaciones, el movimiento aprovechó su oportunidad. Los sindicatos crearon una alianza por la democracia y los estudiantes se organizaron a nivel nacional. Acción basada en la acción1, incluyendo iglesias, granjeros y grupos de la sociedad civil. La participación en los masivos mítines se elevó a 700.000 personas.

El amenazado gobierno intentó una vez más una ola de represión, tortura incluída. Cuando se supo que un estudiante había sido torturado hasta la muerte, los coreanos ordinarios se unieron a la opsición radical incrementando el impulso. Se sucedieron huelgas de hambre y manifestaciones incluso más masivas. Depués de la muerte de un estudiante golpeado por fragmentos de una bomba de gas lacrimógeno, se manifestaron un millón de personas —incluyendo gente de clase media que se había abstenido hasta entonces.

El poder del pueblo puso firmemente a Corea del Sur en la vía democrática, como se vió en 1997 cuando un candidato de la oposición, Kim Dae Jung, llegó a la presidencia por primera vez en la historia coreana.

Corea del Sur, sin embargo, es uno de los muchos ejemplos de un cambio de régimen en el que las instituciones democráticas remplazaron a la dictadura pero el mismo uno por ciento continuó manteniendo su poder. Décadas de experiencias como éstas en los siglos XIX y XX, en las cuales los países liberalizaron sus gobiernos bajo la presión de movimientos sociales en su mayoría pacíficos mientras el uno por ciento se aferraba a la dominación, animó a las vanguardias comunistas a afirmar que tenían la solución al problema de los más ricos.

Varios de los movimientos que siguieron el camino leninista de la lucha armada en la Unión Soviética, efectivamente, eliminaron el poder del uno por ciento en sus países. Sin embargo, no establecieron una democracia. De hecho, mejoraron la eficiencia de su sistema autoritario respecto a los regímenes precedentes a menudo recortando el ya pequeño espacio de libertad individual. Por ejemplo, hubo minorías sexuales que bajo el nuevo régimen miraban atrás con nostalgia a los “buenos tiempos” de la dictadura la cual los dejaba habitualmente en paz.

En realidad, No se me ocurre ningún país en el que un movimiento haya conseguido con éxito:

- usar la violencia para lograr un cambio de régimen
- y establecer después una democracia
- y frenar el poder dominante del uno por ciento

Los únicos movimientos que establecieron una democracia y frenaron el poder dominante del uno por ciento fueron los que utilizaron la revolución pacífica para derrocar al poder gobernante. Hasta ahora he escrito acerca de dos: Noruega y Suecia (ver nota abajo). Ambos países tienen trabajos pendientes; hay noruegos y suecos visionarios a quienes les gustaría ir más lejos en el perfeccionamiento de su democracia y la reducción de poder de las élites económicas, aunque para un activista estadounidense llevan recorrido un largo trecho frente a nosotros.

(Educación superior gratuita, ¿alguien?)

En pocas palabras: para aquellas personas de todo el mundo comprometidas con el cambio que están considerando la violencia como un medio para alcanzarlo, los registros históricos no mienten. Los movimientos que dependen de la violencia tienen solamente la mitad de posibilidades que los movimientos pacíficos de alcanzar un nuevo régimen, e incluso entonces no lo hacen tan bien como sus primos noviolentos a la hora de establecer una democracia en la nueva sociedad. No hay motivos para relacionar la “violencia” con la hermosa palabra “radical” —especialmente si con radical quieres decir democrático e igualitario. Si, la violencia ha llevado a cabo muchos cambios en el mundo, pero su registro histórico es mediocre cuando llega a las metas del movimiento Occupy.

Cuando escribió La Conquista de la Violencia en los años 30, Bart de Ligt no tenía los datos acumulados por Chenoweth y Stephan, o los investigadores estudiantes del GNAD en Swarthmore, Georgetown y Tufts. Pero el revolucionario holandés aún estaba en lo cierto cuando escribió, “Cuanta más violencia, menos revolución.”

http://www.translatedweb.com/es/wag...


Entre otras cosas, no estamos de acuerdo con lo que el autor denomina como sociedades democráticas, refiriéndose a ciertos países occidentales capitalistas. No entendemos como los criterios elegidos de lograr la democracia y frenar el poder dominante del uno por ciento le llevan a enumerar países en los que el poder de decisión real y la propiedad de la riqueza siguen en manos de minorías. En todo caso nos parece un artículo interesante para el debate (Nota de Tortuga).

Nota: los comentarios podrán ser eliminados según nuestros criterios de moderación.
  • Para iniciar el debate

    12 de marzo de 2012 09:57, por Zamarra

    El artículo original en Inglés tiene un intesante debate en los comentarios..

    http://wagingnonviolence.org/2012/0...

    George Lakey es un teórico académico de la noviolencia, algunas aportaciones suyas de los años 70 son normalmente atribuidas a Gene Sharp, como la clasificación de las tres formas para conseguir el éxito en una campañana noviolenta (acomodación, coerción o conversión).

    Me parece un gran acierto que Lakey incluya las reclamaciones del "Occupy" (es decir,los "indignados") de cómo frenar el poder del uno por ciento. Se trata de una conexión con la crítica a la democracia de los indignados con los estudios teóricos al respecto. Es una gran aportación porque estudiosos como Sharp o Ackerman se centran en movimientos noviolentos en dictaduras para llegar a sistemas representativos en los que se establecen unas condiciones de dominación diferentes, basadas más en las dinámicas comunicativas que en las autoritarias, pero no por ellos menos dictatoriales pero que siguen teniendo en la violencia la base de su poder.

    En la literatura de la noviolencia ha habido pocas aportaciones recientes, y está un poco estancada desde hace muchos años, décadas si cabe. Ha habido no obstante dos o tres aportaciones empíricas con puntos de vista cuantitativos que demuestran:

    - La noviolencia se puede emplear con éxito incluso en situaciones de represión violenta extrema: (Peter Ackerman & Christopher Kruegler. Strategic nonviolent Conflict)
    http://www.amazon.com/Strategic-Non...

    - La noviolencia es más efectiva en las transciones a la democracia. (- Karanycky, Adrian y Ackerman, Peter. “How Fredom is won, from civic resístanse to Durable democracy”.Freedom House. Nueva York 2005.) Un libro difícil de encontrar, si alguno sabe cómo que me avise.

    El concepto de democracia que manejan estos estudios es el de democracia representativa occidental como sistema político. Este concepto precisamente es el que se está poniendo en cuestión desde movimientos "occupy"(indignados), y desde antes desde grupos "antisistémicos" de izquierda. En mi opinión la democracia no existe como sistema político, sino que es un indicador de la participación ciudadana en las decisiones políticas, es decir, que un régimen puede ser más o menos democrático, pero nunca una "democracia" y menos si sólo aspira a ser representativa. Sin embargo, hay que admitir que habitualmente se emplea el término democracia para referirse a sistemas parlamentarios representativos. Tal vez necesitemos otro concepto para denominar nuestra idea de participación democrática.

    El libro al que se alude en el artículo de George Lakey "Why civil resistance works" demuestra que la noviolencia funciona mejor que la acción violenta porque permite una mayor participación de activistas.Este libro no maneja el concepto de "trasnsición a la democracia", sino de que simplemente se fija en un "cambio de régimen".

    Podeis leer un resumen de este libro en este enlace:

    http://belfercenter.ksg.harvard.edu...

    Da unas conclusiones muy interesantes para usar en talleres de acción noviolenta.

    Por otro lado me encanta que se recupere el aforismo de Bart de Ligt: "A mayor violencia, menos revolución". Creo que deberíamos usarlo más en nuestros movimientos revolucionarios.

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    • Para iniciar el debate

      12 de marzo de 2012 17:48, por Pablo

      Una aportación magnífica, Chuchi. Estoy de acuerdo con las cosas que dices y agradezco la información que das y las matizaciones que haces. Un saludo.

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  • Pocas revoluciones han sido Noviolentas

    13 de marzo de 2012 00:03, por Basta de mitos Gandhi apoyo guerras

    La Noviolencia es y puede ser un camino o una estrategia de cambio social. Pero lo que no se puede negar es que el tiranicidio y la autodefensa del pueblo (¿violencia?)ha sido el camino utilazado con eficacia en la mayoría de revoluciones (cambios sociales significativos) que han triunfado.

    Sin "violencia" revolucionaria (queda más bonito llamarlo autodefensa del pueblo a las agresiones constantes del poder) los Borbones puede que todavía gobernaran en Francia, américalatina seguramente continuaría siendo colonia española y Hitler dominaría Europa.

    La Noviolencia es respetable, pero el derecho a la resistencia y al tiranicidio está reconocido por el sentido común y por la mayoría de clásicos de la Filosofía política. Otra cosa es que cuando seamos débiles y nos puedan a machacar fácilmente , adoptemos la Noviolencia como estrategia.

    Un saludo

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    • Pocas revoluciones han sido Noviolentas

      13 de marzo de 2012 07:19

      Creo que no has entendido el artículo.

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      • La mayoría de las revoluciones han sido noviolentas

        13 de marzo de 2012 16:56, por Zamarra

        Nuevas puntualizaciones:

        1) El mito más equivocado que hay es el de que la revolución violenta funciona mejor que la noviolenta. El estudio empirico arriba indicado (por Ericha Chenoweth y Maria J Stephan, que se me olvidó indicarlo.) indica claramente que desde 1900 las revolucuiones violentas han triunfado en un 27% mientras que las noviolentas en un 69%. Son los datos históricos. Ambas fracasan a veces, pero unas más que otras.

        2) El derecho de resistencia no se tiene que confundir con la venganza, el castigo, o la creación de otras estructuras de poder. El tiranicidio llevará a otra tiranía si no se derriban las fuentes del poder. Se trata por tanto de articular una resistencia más efectiva. Igualmente nadie niega el derecho a la defensa propia, pero se trata de analizar qué defensa propia es la más efectiva, porque si va a redundar en mayor represión qué sentido tiene.

        3) Gandhi apoyó guerras, si, en concreto la guerra de los Boers, la Rebelión de los zulues en Natal , y la Primera Guerra Mundial. ¿qué tiene que ver con el tema? Gandhi no fue el primero ni el último en protagonizar revoluciones noviolentas, además era muy conservador en sus objetivos nacionalistas, aunque un revolucionario en sus formas. No tenía los mismos objetivos que los movimientos sociales actuales, pero su visión estratégica influyó mucho en movimiento pacifista, con el que tuvo una constante polémica.

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  • Cuanta más violencia, menos revolución

    14 de marzo de 2012 18:54

    Debate en el facebook del 15M Elche sobre este artículo: http://www.facebook.com/acampadaelc...

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