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Controversia en el pacifismo sobre la intervención en Libia

Martes.29 de marzo de 2011 1393 visitas - 9 comentario(s)
Artículo de Vicenç Fisas y respuesta de Cristóbal Orellana #TITRE

TRIBUNA: VICENÇ FISAS

La izquierda y la intervención militar en Libia

VICENÇ FISAS, 22/03/2011

Como es bien sabido, a la izquierda tradicional no le gustan las intervenciones militares ni, en general, las actividades militares. Creo que es una herencia del nefasto militarismo que vivimos en nuestro país durante el franquismo, que ha provocado un total distanciamiento hacia cualquier actividad militar. Esa actitud se traduce en un rechazo frontal hacia los gastos militares, las exportaciones de armas, las paradas militares, las políticas de defensa nacional, y lógicamente, las intervenciones en el exterior.

Desde mi opinión, sin embargo, existe una actitud no discriminatoria que conduce a contradicciones de fondo, pues de esta forma no se da respuesta a qué hacer con las poblaciones que están en peligro y se escurre el bulto en momentos en que hay que activar el "derecho a proteger".

Comparto con esa izquierda el rechazo a las patologías de lo militar, es decir, todo lo que tenga que ver con el militarismo. Eso se expresa, por ejemplo, en una crítica clara hacia los gastos militares excesivos y no justificados, hacia la política de fomento del comercio de armas hacia países que violan los derechos humanos o que están en crisis, hacia la glorificación del armamento, el fomento de la investigación militar frente a los recortes en la investigación no militar, o el empeño en introducir la cultura de la defensa militar en el ámbito escolar. Todo ello me parece rechazable, pues son manifestaciones del militarismo.

Sin embargo, puedo defender que existan unas fuerzas armadas reducidas y entrenadas especialmente para actuar en operaciones de mantenimiento de la paz, en coordinación con Naciones Unidas. Esto vale para acciones como las de Libia. Cierto es que desde parte de la izquierda y del movimiento por la paz existe un debate clásico sobre si sería conveniente la desaparición de los ejércitos nacionales a cambio de unas fuerzas militares de Naciones Unidas suficientemente dotadas para estas emergencias. Pero esto va para largo, y de momento hay que convivir con una realidad menos idealista.

Creo que desde la pésima intervención en Somalia, la inacción en Ruanda y el retraso en Bosnia, hemos aprendido bastante en este periodo de transición en cuanto a acciones militares que tienen un componente de apoyo humanitario. Al menos existe un debate de fondo para diferenciar lo que es estrictamente humanitario de lo militar. En Libia, por ejemplo, no es la distribución de ayuda humanitaria lo que es causa de controversia, sino una acción propiamente militar destinada a frenar el avance de las tropas de Muamar el Gadafi y reducir su capacidad de ataque aéreo.

Lo paradójico es que no podríamos proporcionar seguridad (y apoyo humanitario) a la población de Bengasi, para poner un ejemplo, sin antes reducir la capacidad militar de Gadafi, y eso no se consigue con inacción, ni con medios diplomáticos, ni con fuerzas no violentas de interposición, al menos tal como están las cosas. Guste o no, hay que emplear una fuerza, limitada a lo estrictamente necesario, eso sí, que solo pueden ofrecer las fuerzas militares. Y como viejo objetor de conciencia asumo las contradicciones de plantear salidas realistas. Lo que no obstante se puede exigir, y lo hago sin reservas, es que esta intervención no se convierta, como otras veces, en un circo mediático de glorificación de los sistemas de armas que se vayan a utilizar, ni como lanzadera para promocionar las exportaciones de armas en un mundo demasiado rearmado, ni como loa de la cultura de la violencia.

Ahí están los riesgos de la intervención, y sobre dichos riesgos la izquierda debería ser sensible, vigilante y exigente, para que un acto desgraciadamente necesario de carácter militar no se convierta en un refuerzo del militarismo existente. No todas las intervenciones militares son defendibles, pero algunas tienen razón de ser. Y ahora lo que toca es apoyar a todas las revueltas populares de los países árabes, con medios políticos, sociales y económicos, y si alguna de estas revueltas es ahogada por las armas de un tirano, es menester darle respuesta con otros medios, para frenar la embestida y crear una situación donde luego sean los medios políticos los que discurran. Es la doctrina del mal menor lo que justifico, siempre y cuando no sea convertido en exponente de todas las virtudes, porque la guerra, siempre, es lo contrario de la virtud. No se olvide.

Pero tampoco podemos dejar de ver que Gadafi ya realiza una guerra contra sus ciudadanos, y eso hay que pararlo como sea y con rapidez, aunque nos crea contradicciones y malestar interno.

Vicenç Fisas es director de la Escuela de Cultura de Paz de la Universidad Autónoma de Barcelona. La opinión del autor no representa necesariamente la de la institución a la que pertenece.

http://www.elpais.com/articulo/opin...


La irresponsabilidad y la contradicción no es del pacifismo, sino del belicismo (Cristóbal Orellana)

En respuesta, directa, a un escrito de Vicenç Fisas

Las organizaciones y personas que defendemos la no intervención militar por parte de EE.UU., Francia, Inglaterra, España, etc., en Libia, no somos los que deseamos que esta partida la gane Gadafi, el cual, efectivamente, es un dictador que debe ser juzgado penalmente por el derecho internacional. Los que deseaban que esta partida la hubiera ganado Gadafi y nada hubiera ocurrido en Libia eran, precisamente, los que ahora le enseñan los dientes al dictador, es decir, los mismos que lo recibían hasta hace sólo un par de meses en todas las cancillerías occidentales. No, los pacifistas antimilitaristas y noviolentos no apoyamos a Gadafi ni queremos que éste siga matando a nadie. Han sido las potencias occidentales, no nosotros, las que le han apoyado, vendido armas, dado cobertura política y hecho muy rico. La irresponsabilidad y las contradicciones no están en nuestro tejado, Vicenç, sino en el de quienes han defendido a Gadafi durante años, es decir, la responsabilidad de los crímenes cometidos por Gadafi no es nuestra; está en el tejado de las potencias occidentales. No me parece bien que ahora, sólo ahora, se nos trate de tender una especie de trampa ética para forzarnos a que justifiquemos lo injustificable, es decir, para que, horrorizados ante lo que, ciertamente, Gadafi podría hacer con “su” pueblo, justifiquemos las “guerras justas” (lideradas por la OTAN), etc. Entonces, no comparto tu invectiva contra los pacifistas irresponsables, según tú, que seguimos diciendo NO A LA GUERRA.

Te conocí, Vicenç, hace unos 20 años atrás en Jerez. Me parece que fue en un encuentro de Educación para la Paz, organizado por la entonces Federación Ecologista-Pacifista Gaditana (hoy Ecologistas en Acción-Cádiz). Mi respeto hacia ti y tu trabajo es grande (y sigo leyendo tus libros), pero este escrito tuyo (“La izquierda y la intervención militar en Libia”, El País, 22-03-2011) me hace ver claramente que es tu “intervencionismo humanitario”, y no nuestro compromiso político frente a las guerras (las llamadas “justas” incluidas), el que carece de coherencia y de responsabilidad. Creo sinceramente que tu “discriminación” de las guerras que protegen (a las que apoyas) y de las que no protegen establece un trillado camino hacia la eternización de los conflictos armados, hacia una violencia sin fin y hacia una desesperanzadora desconfianza en la capacidad humana de encontrar soluciones pacíficas a los conflictos. Tu posición, en mi opinión, está lejos de la posición de quienes, como Gandhi, Lanza del Vasto, Luther King, Gonzalo Arias, etc., defendieron, desde un cabal sentido de la responsabilidad y la solidaridad humanas, la resolución pacífica de los conflictos.

No comparto tu punto de vista general y tampoco comparto un discurso entre líneas que empleas en el artículo. Ese algo subliminal que usas de forma provocadora (aunque sanamente provocadora) es, por lo demás, muy manido, y consiste en dar a entender que si no aceptamos una intervención armada como ésta, entonces o bien somos unos inocentes bienintencionados, o bien somos unos desconocedores de lo que realmente está ocurriendo en Libia, o bien somos unos incoherentes incapaces de actuar con responsabilidad, etc. Este es un discurso, ya digo, muy manido… igual que lo es, por supuesto, el de aquellos (me esfuerzo para que no sea mi caso) que dicen o piensan: todo el que apoye esta intervención es un esbirro de la OTAN.

Vicenç, no es que las personas que no justificamos esta intervención estemos respondiendo, como en un clic inconsciente, de tipo psicológico, a un trauma derivado de nuestros afanes antifranquistas. No. No decimos no a las guerras porque estemos proyectando inconscientemente un mecanismo de rechazo al padre (Franco) que nos enviaba a realizar trabajos forzados (la mili) o almacenaba en nuestro suelo armas nucleares (base de Rota) de EE.UU., etc. No, no es esto.

Nuestro NO A LA GUERRA no es un mecanismo enfermizo, inconsciente, irresponsable, etc., de rechazo a autoridades del pasado que nos infringieron notables sufrimientos y nos colocaron ante colosales peligros (por ejemplo: Palomares). Tu frase: “Como es bien sabido, a la izquierda tradicional no le gustan las intervenciones militares ni, en general, las actividades militares. Creo que es una herencia del nefasto militarismo que vivimos en nuestro país durante el franquismo, que ha provocado un total distanciamiento hacia cualquier actividad militar. Esa actitud se traduce en un rechazo frontal hacia los gastos militares, las exportaciones de armas, las paradas militares, las políticas de defensa nacional, y lógicamente, las intervenciones en el exterior”, me parece, de verdad, una frase muy desafortunada. En el fondo es, quizás no intencionadamente, una frase muy descalificadora. Pero, en todo caso, es una frase que quizás (y sólo quizás) podría dar cuenta del movimiento antimili en la España de los años 80 y 90, pero no, claramente, de lo ocurrido con el referéndum anti-OTAN, el no a la guerra del 2003, etc. No aprobar la intervención de la OTAN en Libia no es una ‘reacción’ psicológica colectiva ante la dictadura de Franco.

Nuestra opción por la Noviolencia es consciente, meditada, debatida en grupos, contrastada con la sociedad, testada con los acontecimientos, con anclajes históricos… No aprobamos las ‘intervenciones militares’ o las ‘actividades militares’, pero es por algo más que por un efecto inconsciente y obligado de una herencia del pasado. Vicenç, los ejércitos dictatoriales como los de Franco o los democráticos de Obama (el Nobel de la Paz) nos parecen la misma cosa. O, dicho más claramente y sin alargarme, los crímenes cometidos por Gadafi no son de diferente naturaleza a los crímenes cometidos por los responsables de los gobiernos de EE.UU., Inglaterra, Francia, etc., en tantos y tantos países durante tantas y tantas décadas. En la historia contemporánea de Latinoamérica, por ejemplo, hay desgraciadamente, como sabes, muchos ejemplos de “desprotección de la población” a manos de dictadores sostenidos por gobiernos de países “democráticos” con derecho de veto, actualmente, en el Consejo de Seguridad de la ONU.

Pero, con toda sinceridad, sospecho que tu escrito está hecho más pensando en ti mismo que en los que seguimos trabajando por la Paz desde la óptica de la Noviolencia. Tu reflexión, que trata de provocar –saludablemente– a los que defendemos la no intervención, ¿no es, en realidad, una forma de justificarte a ti mismo, de justificar cambios en tu conciencia que, en tu intimidad, no has logrado aún aprobar del todo?.

He releído varias veces tu escrito e intuyo que es así. Percibo que, en tu interior, no apruebas las guerras y las matanzas de ningún tipo, las cometa quien las cometa, ni con cobertura legal ni sin ella… pero que, ante la posible inminencia de una fuerte represión por parte de Gadafi en la zona rebelde, si la retomara, te ves en la circunstancia de cerrar los ojos y decir: de acuerdo, que la OTAN (los de siempre) lo arreglen…

porque es el “mal menor”. Estas dudas y planteamientos son los que, me parece, están teniendo lugar dentro de tu conciencia. Este debate interno es, quizás, el que te lleva a presionar al movimiento por la Paz para que cargue con la culpa de quienes fraguaron este conflicto. ¿Has querido que sintamos la culpa de los asesinatos que Gadafi podría cometer, probablemente, si retomara toda la zona de Bengasi?, ¿has querido que ese sentimiento mine nuestras convicciones para que aprobemos que sean –lo que a ti no te parece muy incoherente, a lo que se ve– precisamente los pirómanos los que se pongan las medallas –las viejas y mohosas medallas de siempre– por apagar el incendio?.

Pero pienso que la clave de tu escrito está aquí: “Desde mi opinión, sin embargo, existe una actitud no discriminatoria que conduce a contradicciones de fondo, pues de esta forma no se da respuesta a qué hacer con las poblaciones que están en peligro y se escurre el bulto en momentos en que hay que activar el «derecho a proteger». Pero, ¿no está en peligro la población palestina, la argelina, la saharaui, la tibetana, la irakí, la afgana, la iraní…?. ¿Cuántas discriminaciones de las que tú reclamas habríamos de realizar para aprobar “intervenciones humanitarias” (armadas, de la OTAN) en cuántos países y conflictos?.

¿No es mayor “contradicción de fondo” aprobar un bombardeo para proteger a una población en Libia y no reclamarlo para defender a la población palestina?. Y te pregunto directamente: ¿no es una “contradicción de fondo” tuya, personal, trabajar por la Paz defendiendo el intervencionismo armado de, justamente, las potencias que asolan el mundo con sus armas y sus poderes económicos?, ¿esta no es la contradicción, íntima, tuya, en la que tratas de implicarnos a quienes no aprobamos las guerras tras haber comprobado, en Irak y Afganistán, lo que estas “intervenciones humanitarias” y contra los tiranos son y significan?.

Nos acusas, Vicenç, de “escurrir el bulto” y de desproteger a las personas que necesitan protección. Quizás no es tu intención acusar, pero en el contexto (no nuevo) del debate sobre el “intervencionismo humanitario”, en el de la actual circunstancia y en el de tu propio artículo, la expresión “escurrir el bulto” endosada a quienes pedimos la disolución de la OTAN, denunciamos las ventas de armas a Libia por parte de las potencias occidentales, apoyamos las revoluciones democráticas en el norte de África y Oriente Medio, dijimos no a los bombardeos de la OTAN en la ex-Yugoslavia, y nos opusimos y oponemos a las guerras de Irak y Afganistán, etc., esa expresión, digo, suena a acusación, a inculpación por omisión de obligaciones éticas de proteger… que se nos suponen a todos los seres humanos. Creo que la posición del “NO A LA GUERRA” es que, también en estos momentos de guerra en Misrata, Bengasi, etc., hay que proteger, por supuesto, a las poblaciones con medidas rápidas y eficaces (embargo de armas, presión diplomática, bloqueo económico, activación de mecanismos judiciales internacionales, trabajos de cooperación política con la oposición democrática a los regímenes totalitarios, presión internacional constante para el alto el fuego, ayuda humanitaria, creación de un consejo regional por la pacificación, etc.), pero no creemos que la forma de “proteger” sea la de bombardear Libia. Sabes que por esta vía, la de imposición de una zona de “exclusión aérea”, la guerra civil en Libia está servida para mucho tiempo y que en el mejor de los casos, digámoslo así, la partición del país está garantizada. Estos “bombardeos humanitarios” están teniendo lugar sin que sean garantía de nada; su utilidad “quirúrgica” es más que discutible y los “efectos colaterales” que provocarán pronto empezaremos a conocerlos… quizás cuando la dura coraza de la desinformación a que nos someten ahora los mass media cambie por efecto, previsible, de un giro brusco de la agenda internacional.

Justificar estos bombardeos como una obligación ética de “proteger” a la población cuando nadie dice ni hace nada, por citar otro ejemplo sangrante, con la “población desprotegida” de Guinea Ecuatorial… me parece, ésta sí, una persistente e incomprensible “contradicción de fondo”.

Defiendes tu ideal (“fuerzas armadas reducidas y entrenadas especialmente para actuar en operaciones de mantenimiento de la paz, en coordinación con Naciones Unidas”), luego dices que bueno, que esto “va para largo” y luego rematas con que, mientras sí y no, “hay que convivir con una realidad menos idealista”. O sea: la realidad es la que es y hay que intervenir militarmente para arreglar los conflictos. ¿También le pedirías a la ONU que bombardeara –“selectivamente”, claro– Corea del Norte si éste país sacase, más, los pies del plato?, ¿cerrarías los ojos –con tal de que las poblaciones quedaran protegidas- y dejarías que EE.UU se encargara de proteger a los surcoreanos y China de proteger a los norcoreanos?. Vicenç, ¿a dónde nos llevaría esta lógica tuya de la “protección de las poblaciones”?. Veo que señalas, con toda razón, que nadie paró lo que ocurrió en Ruanda; lo que no señalas es qué potencias occidentales tienen responsabilidades directas en las raíces de lo ocurrido allí. Por otra parte, ¿la opción por la Paz es un asunto sólo aplicable –según tú por la vía armada humanitaria con fines de interposición- al momento en que se produce el fragor cruel de las batallas entre los bandos enfrentados?, ¿no te parece que su valor reside, a la vez, en la prevención de las guerras y en la denuncia de su preparación?, ¿no te parece, también, que muchos dictadores que han humillado hasta extremos horribles a sus poblaciones han sido sostenidos por los que ahora defienden desde el aire los derechos Humanos en Libia?. No somos idealistas, somos personas acostumbradas a ver la realidad sin el filtro cómplice de los medios de información, Vicenç. Estás defendiendo un nuevo orden internacional basado en la capacidad militar de imponer la democracia y los Derechos Humanos… pero, de verdad, de verdad, ¿quieres convencer a alguien de que son los cazabombarderos de EE.UU. y de la OTAN los que están destinados a hacer eso?

El “NO A LA GUERRA” no defiende la “inacción”, y no deberías asociar, como de hecho haces en tu escrito, la inacción a los “medios diplomáticos”, las “fuerzas no violentas de interposición”, etc. Esto es, en mi opinión, un flaco favor a los principios del trabajo por la Paz. Dices, arrogándote justamente el mérito de haberte posicionado con un no a la guerra desde tu objeción de conciencia, que asumes “las contradicciones de plantear salidas realistas”. Yo, en mi calidad de insumiso que fui al servicio militar y al servicio civil, no asumo las contradicciones que no he creado yo, sino la OTAN y los intereses económicos y geoestratégicos de Occidente. Estás confundiendo “realismo” con belicismo y esto, a mi modo de ver, es un grave error que por simplista podría quizás llevar a mucha gente a la confusión y el “militarismo humanitario”. Pero de todas formas, da igual que esas “contradicciones” de las que hablas las asumamos tú o yo… el problema es que las van a tener que asumir, a la fuerza, los libios y libias, ¿no?. Pides una intervención armada en Libia para frenar a Gadafi, pero luego expresas tu deseo de que el caso no sea usado por los poderes mediáticos a manera de prueba de la utilidad del gasto militar y de las fuerzas armadas de los países democráticos… y yo te pregunto: ¿de verdad no es éste un deseo notablemente más idealista que el de aquellos que, directamente, denunciamos el error y el horror de las guerras?.

Justificas la “doctrina del mal menor”… Esperemos, Vicenç, que por el bien de muchos millones de seres humanos nunca nos veamos en la situación de aplicar o comprobar la verosimilitud de esta doctrina en un escenario de guerra nuclear. El asunto de fondo no es, como tú pareces querer, nuestra supuesta moralidad inflexible del “no matar” (que ojalá no perdamos nunca). El asunto no es que, en vez de mirar de frente a la realidad, metamos la cabeza en tierra para no ver que Gadafi mata, secuestra, tortura y asesina. No. El asunto es que los “bombardeos humanitarios” no garantizan ninguna solución, empeoran el conflicto y harán que durante muchos años en Libia se viva un infierno económico, social, político y humanitario. Los que van a “proteger a la población” van a apropiarse del gas y del petróleo libios, van a obtener réditos políticos ante sus electores, van a exculparse de lo que hicieron en Irak y Afganistán y van a llevarse por delante un país entero… ¿por la Paz, Vicenç?.

Cristóbal Orellana González

http://noviolencia62.blogspot.com

22-03-2011

Correo Tortuga


Tortuga: El ataque a Libia en seis actos y un epílogo

Nota: los comentarios podrán ser eliminados según nuestros criterios de moderación.
  • Izquierda es una cosa, pacifismo es otra

    25 de marzo de 2011 09:58

    La izquierda que tradicionalmente se muestra como no-capitalista, nunca ha rechazado las guerras de los "países de izquierdas" como la URSS.

    Fácilmente se apuntan a la crítica de cualquier acción que protagonicen la OTAN o USA mismo, y caminar en la misma dirección que los antimilitaristas les va de perlas.

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  • Controversia en el pacifismo sobre la intervención en Libia

    25 de marzo de 2011 13:36, por OTAN no

    Vicenç Fisas hace tiempo que olvidó sus principios antimilitaristas y pacifistas en favor "del mal menor". Hace años que escribió en "El País", cuando se hablaba de que hacer con la OTAN tras la desaparición del Pacto de Varsovia, un artículo defendiendo que era posible reformar desde dentro la OTAN.
    Como premio a sus posturas le dieron la dirección Escola de Pau-Catedra UNASCO de la UAB, donde se ha apoltronado y ha creado un grupo de seguidores de su "posibilismo" pacifista, algunos de ellos son ahora eurodiputados verdes (si esos pacifistas que votan a favor de la guerra de Libia).

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    • Las paradojas de nuestra izquierda. Yo soy de izquierdas y pacifista, pero no tengo en mi esas contradicciones. Milito y voto a IU y leo y aprendo de Ghandi y Lanza, pero estoy -no solo orgulloso- sino sinceramente agradecido de la intervención en Bosnia.

      Mientras ahora que se acerca el 14 de abril seguirán lamentando como nos dejaron solos ante 3 ejércitos fascistas las democracias europeas "mirando pa otro lao".
      Quiero creer que 80 años no han pasado en balde y seguiré luchando por una verdadera Justicia internacional.

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      • me dejas sin palabras. Eres un pacifista probonbardeos.
        Los mismos que destruyen Irak, Afganistan... los que apoyaban las dictaduras bestiales de Mubarak, Ben Ali, Mohamed VI, la gentuza del golfo, el genocida Kagame, los que bonbardean las montañas de pakistan, ocupan Haiti, apoyan los que dan golpes de estado en Honduras.............. ¿crees que luchan a favor de la liberdad? Por favor
        .Dentro de unos cuantos años fijate en lo que ganaban haciendo negocios en Libia las multinacionales de occidente y lo que estaran ganando entoces. Ahí encontraras la respuesta.
        Es que no me puedo creer que todabia os creais la sarta de mentiras que vomitan por los medios de comunicación.

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      • Controversia en el pacifismo sobre la intervención en Libia

        25 de marzo de 2011 19:13, por Pablo

        Bueno no te voy a afear la conducta señalando la enorme contradicción que aprecio entre seguir las enseñanzas de Gandhi y Lanza del Vasto y al mismo tiempo estar de acuerdo con la realización de determinadas guerras, ya que pareces persona de buena voluntad.

        Sí te diré algunas cosas sobre Bosnia.
        Las guerras de los Balcanes, que fueron varias y se extendieron por diferentes regiones y fechas, no tuvieron como única causa, tal como se hartaron de decirnos en los medios de la época, el odio nacionalista, étnico y religioso; o sea, unas comunidades humanas enfrentadas a otras porque no se podían ver. Esos fenómenos se daban, pero hubo quien los agrandó y los llevó a dimensiones bélicas por intereses menos confesables y confesados.

        Al caer el muro de Berlín, toda esa zona, en la órbita económica de Rusia, era un botín muy interesante para las empresas de EEUU y de algunos países de Europa, sobre todo Alemania. Estos países fueron quienes alentaron el independentismo de los países de la exYugoslavia, generando movimientos populares, inyectando dinero a los grupos opositores e incluso estacionando tropas en el país (por ejemplo en Macedonia). Poco a poco fueron troceando el país y colocando determinadas regiones bajo su órbita.

        De principio separaron Macedonia, Eslovenia y Croacia. Al separarse esta última comenzó la guerra, ya que la otra potencia, “Rusia” trató de mantener de alguna forma su presencia económica en la zona apoyando económica, militar y políticamente la Gran Serbia. A partir de ahí todo fue un pulso entre los intereses económicos eslavos y los germano-norteamericanos. La partida se desarrolló en varias fases. La de Bosnia fue la segunda y más cruenta y se resolvió con el triunfo de EEUU-Alemania quienes la ganaron -como siempre hacen - metiendo allí tropas propias. La guerra no acabó en ese momento. Después secesionaron Montenegro, y por último financiaron una guerrilla de mafiosos en Kosovo con el fin de segregarlo también. Al final de toda la jugada EEUU y Alemania dominan ampliamente la economía de todo este territorio que tienen a tope de tropas, a excepción de la menguada Serbia.

        Los países que fueron a “poner paz” eran los que habían iniciado la guerra y quienes habían armado y financiado a sus contendientes. Por supuesto fueron quienes se beneficiaron de la guerra durante (vendiendo armas a todos los participantes y aprovechando –como España- para hacer publicidad y mejorar la maltrecha imagen de sus fuerzas armadas) y después, controlando toda la economía de la zona.

        Este tipo de dinámicas pasa una y otra vez. Por ejemplo en la matanza de los grandes lagos, en Ruanda, la guerra fue una partida de ajedrez entre EEUU y Francia por controlar la minería del coltán. Unos apoyaron a los hutus (Francia) y otros a los Tutsis del hoy presidente y gran genocida Paul Kagame (EEUU). Ya se sabe quien ganó y también se sabe que en todo ese conflicto alentado por EEUU y otros países europeos han muerto ya más de tres millones de personas por las que –a diferencia de Libia- nadie se manifiesta.

        El papel de las tropas españolas en Bosnia es digno de mención, ya que, a pesar de la propaganda oficial, los cascos azules no protegieron en ningún momento a la población musulmana de la zona de Mostar. De hecho colegueaban con los agresores genocidas serbios y croatas y se quitaban de en medio cada vez que éstos les anunciaban que iban a atacar. Aquí hay un buen enlace que lo explica bien: http://www.nodo50.org/tortuga/20-an...,9407

        Bueno, esperando haber aportado algo de luz. Saludos.

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    • Controversia en el pacifismo sobre la intervención en Libia

      25 de marzo de 2011 19:30, por del montón

      Occidente les vendio ls armas a Gadafi, hace poco le recibian peloteramente para comprarle petroleo, y ahora que el pueblo en su mayoría se ha rebelado, pues hecho lo anterior: ¿que menos que impidan a Gadafi masacrar a su pueblo?

      Dicho esto: creo que el trabajo de quienes defienden un mundo en paz y sin guerras (algunos sin armas y otros con algunas para impedir masacres) es denunciar y hacer ver a la opinión pública todo lo más relevante sobre la forma de actuar de occidente, y sus verdaderos motivos, etc...a la vez que dejar entre-ver opciones y formas de vivir más pacificas (y cuantas más mejor) que podrían dar un cambio al actual estado del mundo, el cual -no nos engañemos- aunque con manipulaciones, también viene del estado propio interno de la mayoria de las personas.

      Personalmente crwo que con eso ya se daria un gran paso. En vez de gastar energía en despotricar a quienes -más o menos- se acercan a una posición pacifica y no belica, habría que gastar todo el esfuerzo en lo anteriormente citado, que los detalles, ya se limarían en caso de conseguir que al menos mucha más gente se acercará a la posición de Vicent.

      Despues de leer todo lo anterior y desde mi condicion o posición de simple leyente de algunos articulos de tortuga y de otros si se da el caso, solo percibo y veo claro lo siguiente:

      Que Vincent opta por una posición para el presente que no significa que renuncie a todo lo que prevendria estos ataques en el futuro: el no vender armas a dictadores y promover una cultura de paz, asi como el poder cambiar las instituciones belicas desde dentro. Todo esto a mi me parece bien, es mas sin intentarlo tambien por estos medios y desde dentro, estariamos dando la sola alternativa de que la gran mayoria de la gente de todas partes del mundo casara con la doctrina antimilitarista-noviolenta, la cual ni yo que he tenido algo cerca no he sido capaz de entender del todo (lo siento, pero mo "coco" no da para más, y quiero que incluso mi falta de "inteligencia" sirva para algo: para que en ella se vea reflejada a la persona media, que ya tiene bastante con ganarse la vida y salir para adelante con la que está cayendo.
      Creo que hay que aprovechar cada posibilidad tambien la de tener esperanza de que si estamos con la gente de forma más facil de entender, sí podremos ir cambiando poco a poco a una visión no belica, pero que hoy por hoy pocos lo ven de forma radical.

      Si se defiende el purismo ante todo, solo se formará un gueto de unos pocos (¿que es para vosotros prioritario: que se cumpla vuestra doctrina o...que se elimine en lo que se pueda el sufrimiento y lsa injusticia?

      Si se comparten y toleran diferentes posiciones intermedias, el mismo hecho de escuchar y aceptar otras visiones, hará que la opción antimilitarista-noviolenta, no sea algo para unos pocos y que por ello no servirá para acabar con la barbarie que sufre este mundo en la actualidad.

      Y una critica constructiva:
      Aunque admiro vuestra opción o doctrina, lo que nunca me ha gustado es esa posición -como a la defensiva- que teneis de quienes no casan con vosotros de "cabo a rabo" y la falta de cariño y comprensión hacia tod@s los que no lo hacemos de forma total (al fin y al cabo esa agresividad es el primer paso hacia la intolerancia, la cual, el ultimo paso sería la guerra)

      Bueno, con cariño y mis mejores deseos a tod@s.

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      • Mmm, el estilo de escritura y el contenido me recuerda a alguien conocido y muy querido de Tortuga cuyo nombre empieza por F. Si no es así, la respuesta también vale para él.

        Aún así diré un par o tres de cosas sobre el comentario.

        Una, que por aquí, dejando más o menos clara la línea de la página sí se publican textos de diferentes procedencias y correspondientes en no pocas ocasiones a esas formas “intermedias” de situarse. De hecho en este mismo artículo que da pie al debate se ha puesto un texto de Vicenç Fisas junto a otro que le responde desde una postura no especialmente radical tampoco. Y no se ha introducido de forma editorial sino que ambos textos se han colgado tal cual para que cada uno pueda opinar.

        Luego que entendiendo la idea de cuidar las formas, no resultar descalificantes y tratar de conceder aunque sea cierto grado de razón a posturas políticas “posibilistas” –en todo lo cual hay razón y sentido común- hay que tener en cuenta que lo que aquí se reclama y defiende como postura intermedia y posibilista viene a consistir en estar de acuerdo, considerándolo “mal menor” con una serie de bombardeos sobre supuestas instalaciones militares que están o se sitúan en proximidad de zonas habitadas. Se nos pide asumir esto y además con el añadido de que esas bombas no las tira una especie de consejo democrático de filósofos preocupados por la humanidad. Las tira, cágate lorito, la OTAN, o en su defecto, la alianza de países ricos, imperialistas y francamente criminales en su política exterior, que la conforman.

        En resumidas cuentas, puedo conceder espacio y parte de razón a planteamientos que hablan de transición, de ir poco a poco, de pasos, de posturas complementarias etc. Pero en este caso se me está pidiendo que bendiga acciones bélicas que mi mente juzga como interesadas, causantes del mal que se pretende combatir y en definitiva expoliadoras. Acciones que mi ética juzga, y no es capaz de ver de otra manera, como crímenes.

        Sinceramente creo que no es el mejor momento ni escenario para este debate sobre la utopía y la posibilidad. Aquí solo cabe desenmascarar las mentiras y pedir que cese toda violencia bélica. Lo demás es hacer el juego a la peor de todas las partes. Es una opinión sólo, claro. Y con cariño también. Salut.

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  • Controversia en el pacifismo sobre la intervención en Libia

    25 de marzo de 2011 19:37, por Rafael Pla López

    Realmente, el genocidio en Ruanda sí lo paró alguien: el Frente Patriótico Ruandés al derrotar al Ejército de Ruanda. Y sí hubo intervención occidental: la del Ejército francés para proteger a los genocidas ("Operación Turquesa"), que por lo visto se habían convertido por arte de birlibirloque en "población civil a proteger".
    La hipocresía de las potencias atacantes es enorme. Y la alternativa es clara: reclamar un alto el fuego (con verificación internacional) y un diálogo entre las partes. Es lo que proponen el ALBA, la Unión Africana y el llamado BRIC, entre otros. Y que el Gobierno de Libia había aceptado. Pero Sarkozy aceleró el ataque de su aviación para evitar que el alto el fuego se consolidara.

    Ya estamos hartos de seudopacifistas que defienden intervenciones militares.

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