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Clarisas en Elx: Quinientos años de vida

Martes.25 de octubre de 2016 121 visitas - 1 comentario(s)
Un poco de historia de la ciudad. #TITRE

joan castaño

El 1 de mayo de 1516 el Consell de Elche acordó solicitar la fundación de un convento de monjas Clarisas en la ciudad. Con ayuda del mismo Consell municipal y del señor de la villa, se procedió a comprar un casa-jabonería, con huerto y agua de la Acequia Mayor, situada en lo que hoy es la Glorieta. El inmueble fue cedido a la orden franciscana y en los meses siguientes se acondicionó como monasterio bajo la advocación de la Encarnación. El día 1 de enero de 1517 entraba en el mismo la nueva abadesa, sor Magdalena de Luxán, hermana del gobernador del marquesado de Elche, que venía de Madrid, así como sor Ángela Martínez de Miedes, con fama de santidad, y sor Magdalena López, procedentes del convento de San Juan de la Penitencia de Orihuela. De inmediato se incorporaron también jóvenes doncellas de la villa y desde ese momento la comunidad de monjas de Santa Clara ha formado parte inseparable de la ciudad de Elche.

Los primeros años no fueron fáciles. Surgieron problemas respecto a la provincia franciscana a la cual debía depender, bien la de Murcia o bien la de Valencia, que parecía más lógica, precisamente, por cuestiones lingüísticas. El Consell, como patrono, aportaba ayudas ocasionales, y la regla urbanista que seguían las religiosas permitía la entrega de dotes por las nuevas profesas, cuyos fondos, invertidos en fincas o en censales, se mantuvieron hasta el siglo XIX. En 1609 tres religiosas de Elche fueron enviadas a Caravaca de la Cruz para fundar el convento de Clarisas de dicha localidad.

El monasterio aparecía como un hito urbano en la Corredera, junto al hospital de caridad. Era un edificio destacado de la ciudad en cuyo interior las monjas desarrollaban su vida cotidiana orando por la población que las acogía como vecinas. Entre sus actividades, la preparación de bizcochos, de fama extraordinaria y especialmente apreciados por los enfermos.

La Desamortización, que clausuró los conventos ilicitanos de la Merced y de San José, de frailes mercedarios y franciscanos, respectivamente, respetó, sin embargo, el de la Encarnación. Se redujo el número de monjas y, eso sí, perdieron todas sus posesiones, de manera que volvieron forzosamente al espíritu franciscano de pobreza absoluta que habían promovido sus santos fundadores.

La noche del 6 al 7 de diciembre de 1853 el envejecido edificio no pudo resistir la terrible tormenta que cayó sobre la ciudad. Las monjas asustadas reclamaron ayuda exterior haciendo sonar insistentemente su campana. El alcalde de la villa las trasladó al convento de la Merced, que se hallaba vacío y era propiedad municipal desde 1841. Un año después, Ayuntamiento y comunidad firmaban ante notario el documento por el cual permutaban la propiedad de ambos inmuebles. El de la Encarnación, ruinoso, fue destinado por el municipio a diferentes usos civiles (escuelas, teatro, oficinas, incluso plaza de toros) hasta su demolición en 1891. Sobre su solar se construyó la Glorieta de la ciudad. Y las religiosas adaptaron sus actividades al amplio convento mercedario de Santa Lucía, con una iglesia de grandes proporciones, la mayor tras Santa María.

Su vida de oración y penitencia fue interrumpida en abril de 1931 cuando fueron desalojadas para evitar desmanes, tras la proclamación de la II República. Y aunque volvieron a ocupar el edificio pocos años después, en febrero de 1936 tuvieron que volver a salir forzosamente ya que tanto la iglesia como la parte del convento anexa a la misma fueron incendiadas y, meses después, demolidas.

En los duros años de la postguerra las monjas reconstruyeron la parte del monasterio que quedó en pie mediante los recursos obtenidos con la venta como solares de las partes derruidas. En este inmueble envejecido y húmedo mantuvieron su vida las religiosas, que acudían a la oración y también a sus quehaceres centrados en estos años en el lavado y planchado de ropas delicadas, en los bordados y en la elaboración de formas eucarísticas. Con el nuevo siglo, las deficiencias del edificio obligaron a las Clarisas a buscar una nueva solución. Una vez más el Ayuntamiento, en representación de todos los ilicitanos, acordó la permuta del antiguo convento de la Merced, que destinó a usos culturales, por otro de nueva planta, levantado junto al puente del Bimil·lenari, donde la comunidad desarrolla su función espiritual desde 2007.

Toda esta historia de quinientos años se ha intentado sintetizar, mediante los testimonios históricos conservados, en el libro «Las Clarisas de Elche», editado por la Cátedra Pedro Ibarra de la UMH, en su colección «Carrer del Comte». La pérdida de la práctica totalidad del archivo de la propia comunidad ha sido suplida con los documentos conservados en otros archivos locales, como el Municipal, el de la iglesia de Santa María o el de protocolos notariales, y también en archivos foráneos, como el Histórico Nacional e, incluso, el Secreto Vaticano. Además, las religiosas han abierto excepcionalmente las puertas de su convento para permitir que Sixto Marco Lozano pudiera fotografiar cuantos tesoros artísticos e históricos se custodian en el mismo.

Estamos, por tanto, ante una historia de vida intensa. Quinientos años en los que las monjas han vivido, han padecido y se han alegrado con los ilicitanos. Quinientos años en los que la comunidad Clarisa ha mantenido su llama viva para iluminar y dar esperanza a la ciudad y sus habitantes.

Diario Información

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  • Permutas-regalo

    3 de noviembre de 2016 09:26

    Hay padres y madres que hacen lo mismo con los hijos. Por ejemplo, intercambiando un coche nuevo por el viejo, en lugar de darles directamente el dinero.

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