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Caballeros del mar y políticos de alcantarilla

Miércoles.28 de noviembre de 2018 107 visitas Sin comentarios
Grup Antimilitarista Tortuga #TITRE

En el año 2006 un barco pesquero de Santa Pola, el "Francisco y Catalina", que se encontraba faenando en aguas de Libia, rescató y condujo a puerto a 51 inmigrantes que estaban en una patera a la deriva. Tras varios días de espera mientras los políticos discutían donde podrían ser desembarcadas aquellas personas, y una vez realizado el desembarco, el "Francisco y Catalina", que había perdido casi toda su campaña pesquera en aquellas aguas, regresó a Santa Pola. En el puerto le esperaba una nutrida representación de la población de la villa marinera, quien recibió a sus tripulantes como a verdaderos héroes.

Algún tiempo después fueron agasajados repetidas veces, llegando la propia ministra de agricultura, Elena Espinosa, a otorgarles, junto a toda la cofradía de Santa Pola, la pomposa condecoración del "Mérito agrario, pesquero y alimentario". En su discurso la ministra llegó a afirmar que "la condecoración a la cofradía santapolera responde a sus acciones humanitarias y por cumplir con generosidad el mandato no escrito de recoger a los náufragos, salvando su vida y compartiendo con ellos lo que tenían, en condiciones difíciles". Todavía puede leerse en una placa conmemorativa colocada en la fachada de la cofradía: «En reconocimiento a los compañeros del pesquero »Francisco y Catalina«, que en aguas de Malta, el 14 de julio de 2006, dieron ejemplo de solidaridad al realizar un valiente salvamento y a 51 semejantes salvaguardar». El texto finaliza algo así como (citamos de memoria) "porque los pescadores siempre hemos sido los caballeros del mar".

Durante los años 2006 y 2007 fueron varios los barcos de pesca de Santa Pola que rescataron inmigrantes en el mediterráneo en condiciones similares a las del "Francisco y Catalina". Así no ha de extrañar que estos mismos días, siguiendo la larga tradición santapolera de ser "caballeros" (en el mejor sentido de los posibles de dicha palabra) del mar, otro barco, el "Nuestra Madre de Loreto" rescatara a algunos inmigrantes que se habían lanzado al agua en su huida de una patrullera libia, la cual se marchó sin querer hacerse cargo de ellos.

Y vuelta a repetir la situación. Tras seis días de espera, sin apenas víveres y en medio de una tormenta, pescadores y refugiados contemplan cómo los políticos se pasan la pelota unos a otros impidiendo que puedan ser acogidos en país alguno. En el colmo del cinismo el gobierno español recomienda que sean devueltos a Libia; ese país destruido por los ejércitos occidentales en el que las personas inmigrantes son asesinadas cuando no vendidas como esclavos. País al que nuestro propio gobierno recomienda no viajar bajo ningún concepto y abandonarlo inmediatamente en caso de encontrarse allí.

Nada tiene de especial este comportamiento propio de seres de alcantarilla que contrasta con la actitud humanitaria de los pescadores. Hace años que España (y Europa) se encuentra empeñada en una guerra en su frontera Sur. Se trata de una guerra contra la población migrante que trata de alcanzar nuestras costas impelida por la pobreza que hemos provocado en sus países de origen. Los políticos en ejercicio de poder, además, solo se deben a sus propios intereses y al de sus promotores. De la pasta que están hechos y de su desprecio hacia personas de otras culturas habla a las claras, por ejemplo, el ministro Borrell, quien estos días reconoció su envidia por la cohesión nacional de EEUU y su racismo: "Nacieron a la independencia prácticamente sin historia, lo único que habían hecho era matar a cuatro indios".

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