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Batalla del 4 de abril de las tropas españolas en Iraq: 250 civiles muertos

Lunes.24 de noviembre de 2014 1918 visitas - 1 comentario(s)
Agencia Tigris. #TITRE

Nos hacemos eco de este artículo que evidencia terribles datos de lo que podría haber sido la principal acción bélica del ejército español en décadas, a tenor del número de víctimas, sobre todo civiles. En Tortuga no tenemos forma de comprobar la veracidad de lo expuesto, aunque la versión no dista mucho de testimonios de militares españoles en Iraq publicados como post en diversos artículos de nuestra web. En todo caso léase con prudencia, y sea matizado si procede por personas que allí estuvieron o que conocieron de primera mano lo que pasó. Nota de Tortuga.



Sobre la Batalla del 4 de abril y todo lo que no se dice acerca de las Fuerzas Armadas

En el año 2004 las tropas españolas desplazadas a Irak en "misión de paz" se vieron inmersas en un enfrentamiento armado que ni buscaron ni desearon. Una historia tan desconocida como lo es todo lo que sucede en el seno de las Fuerzas Armadas de nuestro país.

Pongámonos en antecedentes. Ha trascurrido ya un año desde la invasión contra Irak perpetrada de forma unilateral por el gobierno de George W. Bush y todos sus acólitos, incluido el entonces presidente José María Aznar. La Brigada Multinacional Plus Ultra es la encargada del mantenimiento del orden y las fuerzas policiales en las provincias iraquíes de Nayaf y Al-Qadisiya. Parece que sus mandos, como el general Fulgencio Coll, han sabido ganarse a los dirigentes locales y a parte de la población, que se sienten más identificados con ellos que con los norteamericanos, siempre tensos y en actitud hostil. Pero la situación dista mucho de ser tranquila. La ciudad de Nayaf es un hervidero de insurgentes chiíes, que se organizan en el llamado Ejército de al-Mahdi, comandado por el clérigo Muqtada al-Sadr. Dicho líder y sus milicias están acrecentando su poder en toda la región y, a cada día que pasa, desafían más y más la autoridad de las fuerzas de ocupación. Los altos mandos militares estadounidenses están nerviosos porque temen una revuelta a gran escala, por lo que ordenan a la brigada española actuar contra los insurgentes dentro de la zona que se encuentra bajo su control, ya que la policía iraquí está excesivamente infiltrada de simpatizantes de al-Sadr. Después de consultarlo con Moncloa el general Coll desestima esta opción por considerarla excesivamente arriesgada. Estamos a principios de marzo de 2004, vísperas de elecciones generales, y el gobierno de entonces no está por la labor de agitar un avispero y que ello tenga como consecuencia que se produzcan bajas en las filas españolas.

La pasividad hispánica hará no obstante que los norteamericanos monten en cólera y a partir de entonces actuarán por su cuenta. El 3 de abril un comando de los Navy SEAL hizo lo que mejor sabe hacer, atacar en plena noche, por sorpresa y de manera furtiva, cual banda de atracadores. La operación tiene como resultado la captura de uno de los lugartenientes de al-Sadr, hecho que no fue notificado en ningún momento a la guarnición española, ni antes ni después de que sucediera. La respuesta de las milicias chiíes no se hace esperar. Su reacción inmediata es pensar que el líder apresado se encuentra en la base Al-Ándalus, acuartelamiento de la Brigada Plus Ultra en Nayaf, y por ello numerosos manifestantes enfurecidos, sumados a un número indeterminado de hombres armados, la rodean. Desconocedores de lo sucedido los españoles niegan toda participación en el incidente, lo cual no hace sino encolerizar todavía más a la muchedumbre que asedia la base.

Acto seguido se inicia el asalto en el que la guarnición ha de emplearse a fondo para evitar verse desbordada. Ninguno de los 200 soldados allí acuartelados imaginaba esa mañana que se vería inmerso en el mayor choque armado vivido por tropas españolas en el último medio siglo. En el fragor del enfrentamiento fue necesario realizar dos salidas a través de unas calles repletas de tiradores hostiles, pues un grupo de militares salvadoreños asimilados en la Brigada Plus Ultra quedó aislado en la ciudad. Para cuando son rescatados la Batalla del 4 de abril (o de Nayaf) está dando sus últimos coletazos. Los atacantes que asediaban la base Al-Ándalus son finalmente repelidos, en parte gracias a la potencia de fuego de los cañones de 25 mm de los vehículos blindados VEC que la defendían, los certeros disparos de los francotiradores de la guarnición y el apoyo prestado por los mercenarios de Blackwater (contratista privado) y un helicóptero Apache de las fuerzas estadounidenses. No obstante no hay que olvidar que se enfrentaban a un adversario que carecía casi por completo de adiestramiento militar alguno, estaba equipado básicamente con armas ligeras y en menor medida algunos lanzacohetes RPG y que atacaba de manera desorganizada fruto más de su ira e indignación que de un plan meticulosamente trazado. El resultado fue evidente, las tropas de la base no sufrieron ninguna baja, aunque hubo que lamentar la muerte de un soldado salvadoreño al tiempo que varios de sus compañeros resultaron heridos mientras esperaban ser rescatados. Por contra las bajas civiles del bando iraquí nunca han sido contabilizadas con exactitud, si bien se estima que hubo unos 250 muertos.

Ya nada volvió a ser igual hasta que, el 21 de mayo, se hizo efectiva la retirada de Irak por decisión del nuevo gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Las tropas españolas habían acudido "en misión de paz y para contribuir a la estabilización y reconstrucción del país", sin embargo durante esos dos meses permanecieron en su base prácticamente cercadas y sufriendo ataques constantes. Nada que ver en principio con el cometido para el que fueron desplazadas a Oriente Medio. Por ello y viendo el balance de una misión que fue finalmente abortada, se puede concluir que su intervención terminó en fracaso. Bien es verdad que la mañana del 4 de abril de 2004 se evitó el desastre total, pero ninguno de los objetivos de pacificación y reconstrucción quedó cumplido, más bien todo lo contrario. Quien quiera que se dé un paseo por Irak a día de hoy para comprobarlo.

Han pasado ya diez años desde aquellos sucesos y sorprende descubrir lo desconocidos que resultan para la mayoría. Y es que el desconocimiento es una constante cuando nos referimos a las Fuerzas Armadas del Reino de España, una institución opaca donde las haya ¿Qué utilidad han tenido o siguen teniendo las misiones militares en el extranjero? ¿Se cumplen los objetivos o más bien se acude para nada como sucedió en Irak? ¿Cuánto cuestan a las arcas públicas estos operativos? Y es más, ¿conocemos realmente la totalidad de escenarios en los que participan o han participado militares españoles? Preguntas a las que muchas veces resulta difícil responder, cuando no imposible. El Ejército Español es un mundo aparte que funciona al margen de la sociedad civil y según sus propias normas. Un mundo que no conoce auditorias o ningún otro mecanismo de control e independiente, donde los procesos de todo tipo nunca son de carácter público y donde reina la arbitrariedad de los mandos superiores con respecto a la tropa. Un mundo donde impera la Ley del Silencio en muchos casos y que es gobernado de facto por una "casta" (sí, por qué no, llamémosla así) de familias militares que se autoperpetúa en el poder porque los rangos más altos del escalafón (coroneles, generales) se vienen heredando de padres a hijos. Entretanto muchos soldados y suboficiales con años de servicio, incluso aquellos que se las han visto y deseado en escenarios como el de Nayaf y que por tanto deberían ser reconocidos por ello, terminan estancados en sus carreras por culpa de un sistema en absoluto permeable. Algunos de ellos incluso se ven obligados a abandonar el Ejército en una brutal muestra de desagradecimiento, echados a la calle con indemnizaciones miserables en muchos casos y sin demasiadas expectativas de reinserción laboral. Los recortes también llegan a las Fuerzas Armadas como a todas partes y, como en todas partes, sólo afectan a los que se encuentran más abajo en la pirámide.

Es poco lo que se filtra más allá de los muros de los cuarteles o las bases militares, sin embargo y por fortuna siempre hay algún valiente que se atreve a dar la cara para desvelar el lado oscuro de una institución que suele ser de las más queridas entre los españoles. Uno de esos valientes es el teniente Luis Gonzalo Segura que, harto de denunciar injusticias durante años mediante los cauces oficiales, ha decidido exponerlas en su libro Un paso al frente (Tropo Editores), que ya va por la sexta edición y cuya lectura recomiendo. Se trata de un relato que dibuja un retrato en muchos casos desolador de las Fuerzas Armadas, si bien muy necesario por ese mismo motivo. Corrupción generalizada, descontrol absoluto en el manejo del dinero, caciquismo, clientelismo, abusos de poder sistemáticos, una total falta de transparencia, macrocefalia (un exceso de altos mandos habituados a una forma de vida ciertamente parasitaria) y, como consecuencia de todo ello, una sucesión de despropósitos que pasan desapercibidos la mayor parte de las veces. Despropósitos tales como gastarse más de 2.000 millones de euros en la construcción de un submarino que no flota, una cantidad tal vez superior en carros de combate Leopard de ultimísima generación, pero que no están preparados para ser trasladados fuera de la península (por lo que en la práctica sólo nos defenderían en caso de una invasión francesa o portuguesa), o que los también carísimos cazas Eurofighter se estrellen con más frecuencia de la que debieran por falta de un adecuado mantenimiento. Los males que aquejan al Ejército son en esencia los mismos que los de otras instituciones del Estado, sólo que agravados por la hermeticidad del cerrado universo donde no paran de reproducirse.

No obstante y a pesar de todos estos males todavía hay lugar para la esperanza. Luis Gonzalo Segura y a buen seguro otros como él terminarán abriendo brecha, como suele decirse en el argot militar, para arrojar luz en un mundo hasta ahora dominado por las sombras. Habrá muchos que los tachen de traidores, pero no es traición querer denunciar aquello que es denunciable, sino más bien un acto de devoción hacia lo que consideras que merece ser salvado. Pues al fin y al cabo creer en unas Fuerzas Armadas renovadas es creer también en una sociedad renovada.

Kwisatz Haderach

Fuente: http://agenciatigris.blogspot.com.e...