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Argentina: ¿ha llegado el momento de plantear la abolición de las Fuerzas Armadas?

Miércoles.18 de noviembre de 2009 474 visitas Sin comentarios
¿Vos que pensás? #TITRE

Pensar las Fuerzas Armadas

Por Tomás

En esta sí, eh, en esta sí que hay consenso, por derecha y por izquierda. Como dice mi amigo Mariano Rodríguez: “están todos de acuerdo en no tener Fuerzas Armadas: por derecha, por el ahorro presupuestario; por izquierda, por los fantasmas setentistas”.

Nos toca como generación, je, matar al padre. Algunos se preguntaron qué quería decir matar al padre: ¿renegar de las luchas de los `70, denunciarlas, pasar soberbiamente por encima de ellas, negarlas? Tal vez pueda significar otras cosas. Quizás se trate, simplemente, de poder pensar en los temas en los que ellos no pueden, directamente, pensar. Porque lo primero que se les ocurre es abolir las Fuerzas Armadas. Es todo lo que tienen para decir. Cuanto menos, la solución parece simplista. No somos Puerto Rico, mal que nos pese (?).

Lo interesante de la cuestión de las Fuerzas Armadas es que el debate clave es lo generacional. En todos los sentidos: en nosotros para poder discutir estos temas sin la mochila del pasado (o con ella, digo, pero resignificándola con la nuestra). Y al interior de las propias Fuerzas Armadas. Tiene que haber, por mero razonamiento matemático, una incipiente nueva oficialidad que no estuvo en aquella y que no la comparte, un grupo de oficiales jóvenes que no tiene por qué recibir los cachetazos de una momento histórico que no vivió. Hay que laburar con esos, sin descuidar la cuestión de los Derechos Humanos, dando cuenta de que se trata de un poder del Estado democrático, con una cabeza civil. Porque la otra pata que exige este laburo, es no problematizarlo al mismo tiempo –o, al menos, como temas ligados –con el debate por la seguridad interior.

Esta última encuesta muestra que Argentina es el país de la región que tiene menos confianza en sus Fuerzas Armadas. Digo, no hay que buscarle muchas vueltas a las causas. El problema es si la solución es la disolución de las Fuerzas Armadas, si el hecho de que no haya hipótesis de conflicto en el corto plazo habilita a pensar que las FFAA son, de aquí a la eternidad, innecesarias (porque, se me ocurre, ¿será sencillo, luego de disolverlas, volver a recrearlas desde cero ante cualquier situación en las que vuelvan a ser necesarias? Acá hay, también, un debate verdadero sobre las veneradas “políticas-de-Estado-y-no-de-un-gobierno”).

Yo no sé si el argumento para volver a pensar en las FFAA sea que los demás países de la región se estén armando. Lo que sí exige un cierto grado de previsión al respecto es, justamente, la imprevisibilidad de un mundo que carece de centro, un estado de relación de fuerzas multipolar, con potencias que ya lo son, algunas que dejarán de serlo y otras que tratan de. Ante un escenario tan contingente, sentarse a discutir en esa mesa -¿se puede, por ejemplo, pensar en una sillita en el Consejo de Seguridad de la ONU sin Fuerzas Armadas? –implica replantearse la cuestión del rol de las FFAA. La cooperación con la región en términos militares, el intercambio de know how y la aplicación de nuevas tecnologías para fines civiles Con los límites del caso, sin caer en la absolutización del paradigma realista –la teoría que supone que, en definitiva, las relaciones internacionales se resuelven por cantidad de fierros per cápita–, tal vez haya llegado el momento de poner en agenda una cuestión reticente a ser pensada con las fórmulas mágicas heredadas.

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